Felipe Pinglo, cantor de la modernidad

La imagen de Felipe Pinglo Alva está asociada a una música peruana geográficamente costeña, con alusiones románticas y descriptivas del drama humano; pero el denunciar las taras de la sociedad limeña no lo apartó de su interés por palpar in situ lo frívolo de la modernidad; no en vano el Bardo Inmortal fue testigo de su época.

| 01 abril 2012 12:04 AM | Especial | 3.2k Lecturas
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Durante el gobierno de Augusto B. Leguía, el país atravesaba un impulso de modernización capitalista bajo el dominio estadounidense y cuyos capitales predominaban en la economía peruana.

Mientras el asfaltado de las calles era un significativo índice de progreso, Pinglo se nutrirá musicalmente con la influencia de ritmos norteamericanos de moda, como el “fox trot” y el “one step”. La trivialidad de los cabarés y la rapidez de los automóviles serán signos exteriores para la inspiración de “Amor a 120”: “Acelerando a fondo el corazón / la mano en el volante del amor / la otra está pronta a frenar / si se desvía mi pasión...”. Es a partir de ese momento que el bardo limeño empezará a testimoniar su época.

En su polka “El volante”, compuesta en mayo de 1933, Pinglo hace un recorrido frívolo a las marcas de automóviles que pudieran o no observarse en la ciudad de Lima: “En Hudson turismo de máquina ideal / o en limousine Cadillac me deleita ir / cuando de paseo salgo en la ciudad / o sus avenidas quiero recorrer / si me lleva al minimun el señor chauffer / puedo en Mercaderes muy bien admirar / los rostros angélicos de cada mujer / hija de esta Lima bella y colonial”.

LOS AUTOS
La arteria conocida como Mercaderes es el actual Jirón de la Unión, uno de los pasajes más transitados de la capital. Más que la impresionante cantidad de modelos, resulta sorprendente el conocimiento de Pinglo sobre éstos, además de su ostentosidad: “ ...En Chandler, Ford Overland / Chevrolet o Fiat / Willis Night, Mercedes, Mineva o Durant / Dodge, Lincoln, Pizarro o Rolls Royce / Stultz, Buick y Lancia Packard o Renault, / en Hispano Suizo Paige Studebaker / Apperson y Crisler Moon Reo y Premier / Isota, Franchini Cole, Alpha Romeo / Marmon o Delage Scribans o Spa / Oackland Oldsmobile Paffinder o Cleveland / en King o en un Tercel siento yo el placer / que nos proporciona la grata emoción / de pasear en auto con bella mujer...”.

En el Pinglo testigo de la modernidad, mujer y velocidad van de la mano y la capacidad amatoria estuvo supeditada a la tenencia de un vehículo: “Potdac, Austin, Mubray / Vaulvac, Bugatti, Murray / case Aurbun, Citroen Austro húngaro y Wright / Jevvet, La Salle, Morris Mac Farland, Peugeot / Humobile y Avro bondadosos son / todos son muy buenos cuando es menester / darse un colorido de persona bien / burlando al travieso Cupido de amor / al dejar el auto cesa mi pasión”.

BASADRE
Remontándonos un poco atrás, diremos que para 1910 Lima ya contaba con 62 autos, mientras que el uso de la motocicleta motivaba en 1919 la publicidad en los principales medios escritos de Lima; todo ello le permitió al bardo introducir la metáfora en el plano amoroso.

Las planchas eléctricas a vapor, a gas y carbón, son un paso adelante en la modernidad; en 1920, lanzan al mercado las máquinas de lavar ropa, curiosamente llamado “El sirviente eléctrico”.

El historiador tacneño Jorge Basadre (1903-1980) también se ocupó de Pinglo y demostró su capacidad para asimilar las innovaciones tecnológicas y musicales: “… demostró desde muy joven una natural afición a la música, al interpretar los one steps, los fox trots y los black botton, los tangos y otros ritmos que estaban de moda para luego, delgado y melancólico, con su cara larga y angustiada, sosteniendo su guitarra con la mano izquierda, componer infatigablemente la letra y la música de sus propios valses”.

Si de “one step” hablamos, “Perdón, señorita”, compuesto en 1920, evidencia la afición del bardo por el ritmo foráneo: “Perdón, señorita, si me permite usted / al instante tomo su brazo para bailar el one step. / Este es un baile en sí muy original / de los salones rumbosos de New York / bailándolo con suavidad / es muy propicio para el amor / y son su ritmo y su compás tan sin igual / que a todos sirve para enamorar / al terminar el caballero / la pareja ha conquistado...”.

LUZ ELÉCTRICA
Podríamos decir que 1899 no solo es el año del nacimiento de Pinglo sino también de la irrupción de la luz eléctrica en Lima; tras inaugurarse en 1904 el Ferrocarril Eléctrico de Lima a Chorrillos y posteriormente de Lima-Callao, además del tranvía eléctrico, la Empresa Eléctrica Santa Rosa habilitó una planta térmica exclusiva en la localidad de Limatambo y se convirtió en la empresa más importante y poderosa del sector industrial. Lima tenía luz y Luis Enrique “El plebeyo” lo sabía: “La luz artificial / con débil proyección/ propicia la penumbra / que esconde en su sombra/ venganza y traición”.

Pinglo también describe un universo social cuyas decisiones afectivas son regidas por un destino insensible. Éste transforma a los seres en marionetas aptas para dramas que requieren de pragmáticas y hedonistas salidas, las mismas que contradicen su óptica de la vida.

Esto lo vemos en “La canción del porvenir”, estrenada en 1935: “... no pienses en el mañana / porque sentirás dolor / goza que la vida es corta / y se vive para hoy...”.

HOMBRE DE SU ÉPOCA
De igual manera, el vals “Saltimbanqui” describe la ligereza de una vida con alto nivel de adrenalina: “Ser bohemio es mi ideal / a la muerte despreciar / gozando sin cesar vivir sin amar / ser dichoso y ser feliz Saltimbanqui / del amor entre risas y lágrimas / burlando del dolor. / Si con la vida lograr se olvidan / las alegrías en un volcán hay que / girar con emoción, así es la vida / un eterno rodar, siempre peligro / y mucho arriesgar...”.

Todo ello nos hace comprender que siendo Pinglo un caso especial de ternura y rebeldía, no podía permanecer indiferente a la época que le tocó vivir. La gran mayoría de sus obras musicales fueron creadas entre 1926 y 1936, año de su desaparición física, no así en el cariño de su pueblo que siguió viviendo en su música y letras llenas de gran contenido social.

Paulatinamente, automóviles, tranvías, convulsiones sociales y un inconfundible olor a multitud matizarían el escenario urbano de nuestra otrora aristocrática capital; mientras tanto la dirigencia política iba comprendiendo gradualmente que el pueblo recuerda y canta las canciones mas no los discursos.


Ernesto Toledo Brückmann
Colaborador


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