Fabla salvaje. 90 años de un delirio psicológico

Atrás habían quedado los poemarios “Los heraldos negros”, escrito en 1918 y publicado en 1919, y “Trilce”, de 1922. Muy fresco estaba su encarcelamiento en Trujillo y la muerte de su madre. Si “Escalas” había constituido su primera experiencia con la narrativa, en 1923, ese mismo año “Fabla salvaje” lo acercaría aún más a la psicología humana. Resulta irónico que hace 90 años, antes de su partida del Perú, César Vallejo nos dejara en este libro, como último legado, un personaje peruano con profundos traumas psicológicos.

| 13 febrero 2013 12:02 AM | Especial | 10.4k Lecturas
Fabla salvaje 90 años de un delirio psicológico
(1) “Fabla salvaje” fue publicada el 16 de mayo de 1923 en la colección literaria “La novela peruana”. (2) César Vallejo dejó a un celoso pesimista como personaje de su última creación publicada de cuando aún vivía en el Perú.
LITERATURA
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Un mes antes y en vísperas de un nuevo año académico, el reajuste económico en el colegio Guadalupe hizo que César Vallejo perdiera su puesto como profesor auxiliar de la sección primaria. Con sentido del humor y completamente opuesto a la imagen depresiva que se pretende adjudicársele, dio como respuesta a la interrogante acerca de su futuro: “Me voy a sembrar papas a la huancaína”.

Pero 50 soles de la época no le caerían mal y es que ese fue el pago por derecho de autor que recibió en mayo por “Fabla salvaje”. Pedro Barrantes Castro inició la publicación quincenal de breves novelas de autores nacionales bajo el título de “La novela peruana”.

Vallejo accedió a colaborar para el número 9 de su serie. El 16 de mayo apareció el libro en formato de octavo, 49 páginas, cinco ilustraciones de Raúl Vizcarra y el retrato del autor; el valor de cada ejemplar era de 20 centavos.

En breve prólogo, Barrantes Castro expresaba “recomendar al lector la presente novela de César Vallejo por ser un notable acierto de creación original sobre motivos rurales andinos, cosa que mucho se ha intentado sin éxito, debido a la miopía y falta de vuelo creador en los circunstanciales aficionados de la literatura”.

Ya en marzo de ese año, Vallejo había incursionado por primera vez por los ámbitos de los relatos fantásticos. Al igual que en el libro de cuentos “Escalas”, sus personajes son seres que acusan anormalidades psicológicas. Se trata siempre de situarlos en una línea irregular de lo real y lo irreal, de la fantasía y el absurdo. Balta Espinar no será la excepción.

En las páginas de “Fabla salvaje”, Vallejo pinta un panorama campesino con su respectiva dosis de idealización. Describe “la escoba de verdes y olorosas hierbasantas” con que se hace el barrido en los hogares del campo; “el caldo matinal de rica papaseca festoneada de tajadas de áureo rocoto perfumado”, que la mujer sirve al marido que madruga al quehacer de la chacra; ahí las gallinas escapadas del corral aprovechan el trigo lavado para el almidón; es época de siembra en medio del cielo ventoso, rosado y apacible del julio otoñal.

Balta Espinar
Es un joven campesino, pálido, anguloso, de sana mirada agraria, lapídea expresión en el vivaz continente, alto, fuerte y alegre. En Balta Espinar se produce la obsesión de los celos. Ello desplaza paulatinamente a los demás personajes del espacio textual y excluye los contornos del hogar y del trabajo, a su esposa Adelaida, a su hijo que va a nacer, a su cuñado Santiago y a su suegra Antuca. Vallejo dramatiza la paranoia de Balta y la transformación del amor a fastidio.

La ruptura de un espejo, que al ser descolgado del clavo de un pilar se hace trizas en el pavimento enladrillado, y la impresión de haber sentido a alguien agitarse en torno suyo, inician en Balta un proceso de desequilibrio, una paranoia que irá creciendo galopante hasta acabar con su felicidad hogareña y su vida. Al espejo roto le sigue el canto de “una gallina del bardal que turba el grave silencio de la tarde, lanzando un cántico azorado y plañidero”. “Mala suerte”, exclama Balta, “supersticioso y recuerda: para que muera mi madre… días antes de la desgracia cantó una gallina vieja color de habas…”.

Delirio psicológico
Vallejo nos recuerda que el peruano del Ande es, en su mayoría, creyente de lo mágico-religioso. El pago a la tierra, las fiestas y costumbres paganas como el baile y el festejo junto a la virgen religiosa, es una demostración de fe en lo religioso y mágico, aunque para más de uno no deje de ser parte de la superestructura social condicionada por las relaciones de producción. Pero Vallejo también enfatiza en cuán creyente puede ser el ser humano, a tal punto que esas “fuerzas mágicas” tomen control de los pensamientos, organizándolos, provocando alucinaciones y sensaciones, convirtiendo elementos de la naturaleza en evidencias palpables y visiones que guían el delirio.

Aunque las creencias religiosas y su influencia en el destino del hombre no forma parte de un problema psicopatológico, sí se convierte en una amenaza cuando estas toman forma material en la explicación “causa-efecto” y llevan a cierto comportamiento, relaciones y degeneración. En el caso de Balta, se hace estrecha la relación entre manifestaciones mágicas —como la rotura del espejo— y sus percepciones alucinatorias. De otro lado, la conexión “pensamiento supersticioso-realidad” recibe influencia del poco interés de Balta por los contactos sociales, al rechazar la petición de su esposa Adelaida de dejar el campo y establecerse en el pueblo.

Balta asume que las manifestaciones mágicas toman fuerza material e influyen en el amor de Adelaida, dándole poder físico para abandonar su cabaña, subirse a un risco y contemplar el paisaje que parece tranquilizarle por un momento, cuando al borde del peñasco siente la presencia del ser misterioso y “algo le roza y lo hace caer al abismo”. En este caso, Vallejo deja al lector en la duda acerca de un posible accidente o el asesinato perpetrado por algún miembro de la familia de Adelaida. La misma mañana en que Balta cae al abismo, nace su hijo, “quien da sobresaltos sin motivo mirando largamente a la puerta”. Queda la duda de si Vallejo buscó una conexión entre el espíritu de Balta y el recién nacido.

Transposición Vallejo-Balta
Nadie sabe a ciencia cierta si “Fabla salvaje” refleja los amores tormentosos, angustiados y cargados de celos por los que pasó Vallejo, según la biografía de su amigo Juan Espejo Asturrizaga, quien además asegura que en repetidas oportunidades la propia imaginación de Vallejo lo llevaba a construir hechos o situaciones que infundadamente magnificaba hasta llegar a lo absurdo y lo enfermizo. “Con frecuencia se interrogaba si no se burlaban de él; si no había la intensión de cubrir alguna falta que desconocía, aprovechando de su bondad, su aparente candorosidad; su condición de hombre puro, limpio, sano, ignorante de la maldad y la intriga humana”, señaló Espejo Asturrizaga.

Tampoco hay que olvidar que la narrativa de Vallejo no se parece en nada a su poesía anteriormente publicada; a ello le sumamos que si bien su mente estaba puesta en Europa, adonde viajaría semanas después, para nunca más volver, el Ande peruano lo llevó en las entrañas hasta su última creación intelectual.

Aunque muchos estudiosos de su obra ven en “Trilce” un poemario que por su complejidad significó una ruptura con la literatura tradicional, el paso del género modernista al vanguardismo no se dio de un día para otro; es casi seguro que “Fabla salvaje”, aunque amenace y desafíe la seguridad normal, subvirtiendo los códigos clasificatorios producidos por y para la crítica, resulta mucho más entendible por la mayoría de aficionados a la obra del peruano universal. Como si fuera poco y de forma irónica, Balta Espinar es el último peruano psicológicamente acomplejado con que Vallejo se despide del país.



El editor
El escritor y editor cajamarquino Pedro Barrantes Castro (1898-1979) publicó “Fabla salvaje” en la colección “La Novela Peruana”, que él dirigía, el 16 de mayo de 1923. Esta era una publicación quincenal ilustrada. El número en que salió publicado está registrado como Año I, Nº 9, Lima.

Barrantes fundó con Zoila Cáceres la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (ANEA).

“Fabla salvaje” ha sido clasificada como novela corta o cuento largo. Posteriormente a su publicación en esta colección,


Ernesto Toledo Bruckmann
Colaborador


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