Europa se hunde en el pozo de Grecia

Los alemanes han advertido que no darán el paquete de ayudas pactado hasta que Grecia cumpla con los compromisos de austeridad, y Grecia no consigue ni parece que conseguirá cumplirlos. En respuesta los griegos, que solo tienen dinero para pagar salarios y pensiones hasta octubre, anuncian a la desesperada una tasa inmobiliaria para lograr captar 2.000 millones de euros en un intento de ganar aire hasta febrero de 2012 y lograr con ello otro respiro.

| 15 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 1.6k Lecturas
Europa se hunde en el pozo de Grecia
(1) La crisis económica europea está a la vuelta de la esquina y solo la están poostergando. (2) Angela Merker sabe que se le cae la casa.
CRISIS ECONÓMICA
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Alemania sabe que la posibilidad de la quiebra griega es más que inminente y está estudiando destinar un gran fondo a recapitalizar a aquellos bancos alemanes que sufran las consecuencias de una quita que puede alcanzar un 70% del valor de los bonos griegos que poseen, antes que a un salvataje.

Grecia, con un endeudamiento público del 140% de su PIB (subirá al 180% a finales de año), un déficit público que se dirige al 15% y una economía que va a decrecer este año un -4,5%, sencillamente no puede pagar los intereses.

Las medidas de austeridad han sido tan fuertes que han parado la economía griega. Se están metiendo en una depresión en toda regla, lo que provoca mayores déficits alejándoles cada vez más de su objetivo.

El problema de tener más deudas de las que puedes pagar es que alguien tiene que asumir esa deuda y finalmente les va a tocar a los que confiaron en que Grecia era una inversión segura porque estaba en el Euro: principalmente a los bancos griegos, franceses y alemanes.

Se está viendo que pertenecer al Euro no es una tabla segura de salvación y, como consecuencia, el caso griego puede servir de punto de partida para una escalada de defaults. Detrás están Portugal e Irlanda, un poco más alejados España e Italia, que siguen trampeando para mantener Estados de Bienestar impulsados por el déficit.

Si tú tuvieras un vecino que siempre gasta por encima del límite de sus tarjetas de crédito y os pide dinero a los demás vecinos para pagar los intereses de los bancos, supongo que pensarías que está al borde de la bancarrota. Lo mismo sucede con los países.

España e Italia se sostienen hoy gracias al Banco Central Europeo y sin su ayuda -acudiendo al rescate de sus bonos- los tipos de interés que estarían pagando los dos países serían insostenibles. Los Mercados temen que estos dos países no puedan pagar sus deudas pues sus economías no son competitivas, son poco flexibles y están ancladas en el Estado de Bienestar y por eso les exigen cada vez mayores intereses. Las ayudas de Europa enervan cada vez más a los alemanes y ya se están produciendo fisuras y dimisiones en el propio BCE.

Los griegos no son los únicos
Se empieza a hablar de una reestructuración ordenada pero coercitiva de la deuda italiana y española. Si se hiciese, destrozaría los balances de la banca europea y sólo la posibilidad de que los bancos tengan que ser rescatados por sus gobiernos mete más presión sobre las primas de riego de unos Estados ya de por sí estresados.

Si la desconfianza sigue creciendo, la situación se hará muy difícil y solo quedará como solución la creación de Eurobonos o triplicar los fondos del nuevo Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (EFSF). Medidas ambas a las que se oponen con rotundidad los alemanes, temerosos de que esta solución reduzca los estímulos en los demás países para la contención de costes.

No sé cómo acabará esto, pero si sé que ha llegado el tiempo de la austeridad. El único arreglo para una economía tan sobre endeudada como la nuestra consiste en dos variables: tiempo y ahorro.

Nos jugamos mucho, pues cómo afrontemos la situación ahora determinará el tipo de prestaciones por jubilación que recibiremos los españoles cuando seamos mayores, cuántos impuestos pagaremos y qué tipo de servicios médicos tendremos en la Seguridad Social.

Para empezar, está demostrado que los recortes en gastos son mucho mejores que las subidas de impuestos para mejorar la salud de la economía tras una crisis financiera, pues lo contrario estrangula la economía. Esperemos que el Gobierno resultante de las elecciones de noviembre vaya en esa dirección y no nos ponga en la de los griegos.

La amenaza a Europa
Los mercados manejan la posibilidad desde hace tiempo que Grecia declare de forma unilateral la bancarrota y rechace la “ayuda” de sus compañeros europeos, por mucho que los políticos la nieguen y que a la ciudadanía le parezca ciencia ficción.

Las circunstancias desde que hace año y medio Grecia levantó la mano para pedir ayuda han engordado la idea de que la quiebra está a la vuelta de la esquina. Todo aquel que tenga algo que decir en este asunto, todo aquel que se juegue un euro en la cuestión, y en Europa casi nadie se escapa, se ha puesto a analizar qué ocurre con el resto de las piezas del engranaje euro si Atenas no atiende sus obligaciones con los acreedores, lo haga ordenada o radicalmente.

En este problema hay juego de amagos y apuestas políticas, cálculos electorales en todos los escenarios europeos, intereses financieros abultadísimos y hay una búsqueda desesperada de una solución a una economía que se jibariza cada día y no encuentra el crecimiento que le proporcione un escudo ante los mercados.

Grecia ya ha declarado una suspensión de pagos interna, y ha solicitado a sus socios comunitarios que corran con los gastos y le presten recursos para pagar a sus acreedores. Sus socios han aceptado la suspensión y han aprobado ya los términos del rescate, que tiene que tener una contrapartida de estricto cumplimiento de los nuevos escenarios de déficit por parte griega, así como un calendario político y financiero previos a la aplicación del rescate.

No es nuevo que Grecia incumpla su compromiso reciente de déficit y crecimiento, porque esta historia comenzó con la ocultación intencionada de información sobre el estado real de su economía y sus cuentas públicas en el momento de integrarse en la moneda única. Pero quienes ahora cubren sus espaldas quieren que esto no vuelva a ocurrir, y solo pondrán a disposición de Atenas el dinero, al menos según la interpretación de Alemania, que debe ser a este respecto seguida a rajatabla, si los nuevos compromisos helenos se ajustan a lo firmado.

Resistencia germana
La presión de Alemania en este asunto es muy firme porque es creciente la opinión germana (y holandesa, y finlandesa, y austriaca, y...) de que sus contribuyentes pagarán el despilfarro heleno únicamente si se pone coto a nuevos despilfarros, a nuevos déficits. Los socios políticos de Angela Merkel no pierden ocasión para cuestionar su política de beneficencia con Grecia, aunque la posición de la canciller se ha fortalecido desde que el Tribunal Constitucional alemán ha validado la participación germana en los rescates. Pero la bandera de excluir a Grecia del euro sigue agitándose, como se agita la de que suspenda todos sus pagos y no sea preciso el rescate, sin pensar demasiado qué otras fichas se activan con esta.

¿Es posible una quiebra soberana en la zona euro? ¿Es posible que un socio abandone el euro? Hay cada vez más defensores de esta posibilidad, como los hay de que Grecia recupere su moneda castiza, la dracma, y deje el euro. Pero es evidente que en ambos casos, además de los griegos, habrá víctimas en toda Europa. Si Atenas declara la bancarrota renunciando a un plan de rescate decidido y financiado por sus socios, cosa harto difícil puesto que Grecia es un país a todos los efectos intervenido y sin capacidad para tomar decisiones importantes, si declara la bancarrota pondrá al borde de la quiebra a las grandes entidades bancarias alemanas y francesas, en cuyo auxilio deberán acudir sus gobiernos. En el supuesto plan de quiebra simulado por los países centrales del euro parece contemplarse ya que sea el fondo de rescate quien capitalice a los bancos, ya que sus recursos no serían necesarios para abonar las deudas helenas.

Pero todas estas hipótesis, como hasta ahora ha ocurrido, serán desbordadas por las circunstancias. Por tanto, no estaría de más preparar ese terreno, dotando a Europa de mecanismos de defensa ante una quiebra interna, sin que ello suponga una ruptura del territorio euro ni del proyecto euro. Si el mercado fuerza la quiebra no tendrá estímulos a forzar otra, puesto que lleva implícita la pérdida del dinero prestado. Otra cuestión es si una vez forzada la salida de un socio del euro puede evitarse que empujen a otros a hacer lo mismo.




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