Europa en el espejo de Grecia

Al borde de la quiebra, los griegos han recibido un rescate millonario de sus socios, que más que buenas intenciones están salvándose de lo que les podría suceder si los helénicos se van a picada. Portugal, España e Irlanda están en la vista de ser los próximos en vivir situaciones similares a las que se atraviesan hoy los griegos.

Por Diario La Primera | 01 jul 2011 |    
Europa en el espejo de Grecia
Protestas en Grecia por aprobación del parlamento de plan de austeridad.
AMENAZA DE QUIEBRA

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Los griegos también pusieron su granito de arena para la crisis que hoy viven, pues mientras el dinero salía del tesoro público, el ingreso que debía recaudar por la cobranza de impuestos se vio seriamente afectado a consecuencia de una masiva evasión de pagos de impuestos.

Lo que sucede actualmente en Grecia es producto de la irresponsabilidad de sus gobernantes, según han coincidido en afirmar varios representantes de gobiernos europeos. El origen de la actual crisis financiera que vive este país se remonta a la adopción por parte de los griegos del Euro como moneda para su mercado, a su ingreso a la Unión Europea (UE). Cuando esto se dio, el gobierno griego recurrió a medidas poco rentables como solicitar grandes préstamos, aumentar el gasto público y prácticamente duplicar el salario de los funcionarios del Estado, en la última década. Es decir que sus primeros pasos como país del primer mundo los dieron de la peor manera.

Sin embargo, hay que señalar que la población griega también puso su granito de arena para la crisis que hoy viven, pues mientras el dinero salía del tesoro público, el ingreso que debía recaudar por la cobranza de impuestos se vio seriamente afectado a consecuencia de una masiva evasión de pagos de impuestos.

Con esta ola de egresos muy por encima de los ingresos proyectados, Grecia tocó fondo por primera vez el 2010, pidiendo en aquel entonces su primer rescate económico a sus socios de la Eurozona, que los endeudaron más otorgándoles un crédito de 110 mil millones de euro. Pero esta exorbitante cifra fue insuficiente.

El principal problema para que el préstamo haya resultado corto y Grecia esté nuevamente de cara a un desembolso de parte de sus socios comunitarios, y del Fondo Monetario Internacional (FMI), es que el rescate financiero inicial se dio a una tasa elevada pues en ese momento (y hasta ahora) el Estado griego estaba bajo la mirada de ser un sujeto con pocas probabilidades pagar el dinero recibido, por lo que los intereses que le pusieron a los primeros 110 mil millones de euros fue elevado, ocasionando lo de la segunda ronda del rescate.

¿Y por qué el interés de los comunitarios por ayudar a Grecia? Simple, porque si los griegos entran en quiebra con ellos arrastrarían a otras economías comunitarias vulnerables como Portugal e Irlanda, que están en el mismo sendero helénico, y si esto ocurriese, también podría afectar a las demás potencias europeas que hasta ahora parecen blindadas a una nueva crisis económica, como Alemania.

Sin embargo, la ayuda a Grecia de parte de sus socios no llega gratis, ni solo con intereses, sino que entra con un paquete de reformas económicas que el Legislativo helénico ya aceptó aplicar y han sido el motivo para que el miércoles cientos de miles de griegos salgan a las calles a quemar todo como forma de rechazar el intervencionismo europeo, que lo único que buscaría sería salvar su propio pellejo.

Y es lógica la reacción del pueblo griego, pues además de imponerles créditos a tasas elevadas, ellos mismos deberán pagar estos intereses, pues parte del paquete de reformas y ajustes para salir de la crisis que Grecia deberá adoptar incluyen aumento de los impuestos a los asalariados para asegurar un ahorro de más de 14 mil millones de euros en los próximos cinco años, así como la reducción de otros 14 mil millones en el gasto público, iniciativas que chocan con el bolsillo de los ciudadanos, además de la privatización que vendrá con despidos, como en todos sitios.

Lo que pasa en el resto de Europa
Lo que pasa en Grecia ya es moneda conocida por otros países de la Eurozona, que más que beneficiarse con el uso de una moneda comunitaria, pareciera que están acercándose a una inevitable crisis económica.

Veamos lo que sucede en Italia. Prácticamente obligados por las agencias de calificación, que amenazan con degradar la deuda italiana, el gobierno adoptaría un nuevo plan de austeridad de 43.000 millones de euros, para cumplir su compromiso de lograr un cuasi equilibrio presupuestario en 2014.

Si bien la mayoría de las medidas están previstas para los años 2013-2014. Para 2011 y 2012 ya asoman recortes por valor de 25.000 millones de euros, según un plan adoptado el año pasado. Pero ahora, el nuevo plan prevé aumentar la edad de jubilación,reducir y los gastos de sanidad .

De igual forma, para España, que vive bajo presión internacional, Madrid efectuó reformas en el mercado laboral y en el sistema bancario, en pos de la fusión de cajas de ahorro regionales, debilitadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Además, adoptó un plan para reducir el déficit público del 9,2% alcanzado el año pasado a 6% este año y a 3% en 2013.

Sin embargo, una de las medidas más impopulares fue la reducción en un 5% de los sueldos de los funcionarios, la congelación de las pensiones, y la supresión de ayudas como el “cheque bebé” de 2.500 euros concedido por el nacimiento de cada niño, supresiones cortesía de los consejos de sus socios. El caso de Portugal es aún más grave, pues a cambio de un plan de ayuda (préstamo) de 78.000 millones de euros concedidos en mayo por la UE y el FMI, Lisboa deberá reducir su déficit del 9,1% del PIB el año pasado a 5,9% este año, con un objetivo del 3% en 2013.

Pero para llegar a esta receta dictada por sus socios, el gobierno luso tendrá que “flexibilizar” el mercado de trabajo, promover la libre competencia en la energía y las telecomunicaciones y reducir el número de funcionarios. También tendrá que privatizar varias empresas, es decir, despedir más empleados.

En la misma crisis se halla Irlanda, pues a ellos la UE y el FMI acordaron a fines de 2010 darles un plan de rescate de 85.000 millones de euros. Dublín se ha comprometido a cambio tomar medidas para sanear sus cuentas públicas, reformar su economía y reestructurar sus bancos, devastados por la crisis de las hipotecas “subprime”.

Aunque suene raro escuchar el nombre de uno de los imperios más grandes a lo largo de la historia de la humanidad, Reino Unido también es otro de los países que ha debido ceder a las presiones de la UE y del FMI, y lo hizo a lo grande, adoptando el plan de rigor más severo de los grandes países industrializados desde el inicio de la crisis financiera, para eliminar el déficit público de aquí a 2015. Dicho plan combina una reducción de los gastos del Estado y de las administraciones locales, aumentos de impuestos y la destrucción de más de 300.000 puestos de trabajo en el sector público.

Francia tampoco fue ajena a los embates de la crisis, pues si bien no le hizo falta un crédito extraordinario ni una política económica dictada, sí decidió suprimir gastos y beneficios que su población defendió con uñas y dientes, pero que al final, al ritmo de discursos, gases lacrimógenos y cachiporras fueron eliminados: subsidios a los estudios universitarios y elevación de la edad de jubilación.

Todos los países que han pasado por estas crisis han vivido momentos de protestas masivas y violentas, pues la población al final es la que paga los platos: impuestos elevados, bajos sueldos, despidos, recortes a beneficios sociales, entre otros daños más.

América Latina tampoco se salvaría de la crisis griega
Aunque parezca un tanto lejano lo que está pasando en Grecia, y que la crisis no llegaría a América Latina, una economía mundial globalizada traerá los embates de una posible quiebra griega más pronto de lo que se puede esperar, pues el principal temor se halla en el campo financiero.

Aunque la exposición de América Latina se vislumbra como reducida porque sus vínculos financieros y comerciales con Grecia son mínimos, los expertos estiman que la región sentiría al menos indirectamente una reacción temerosa de los mercados y los bancos ante la crisis. “Uno teme que si hay un problema en Grecia lo pueda haber luego en el conjunto europeo, en España, y eso sí que podría impactar sobre Latinoamérica”, explica David Cano, socio de la consultora madrileña Analistas Financieros Internacionales, al portal de la BBC.

Otro punto a tomar en cuenta es que varios bancos europeos tienen una fuerte presencia en América Latina, y estos también se resentirían con una crisis griega, trasladándola hasta esta parte del planeta.

Y es que la amenaza latente ante la posible suspensión de pagos griega es que los inversores busquen refugio en monedas consideradas más seguras, como el dólar, y tomen distancia de mercados emergentes como Brasil, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, otros observan que la situación negativa en Grecia también podría traer ventajas indirectas para la región, pues podría causar la depreciación de las monedas locales, beneficiando a los inversores que llevan sus cuentas en dólares.

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