Europa atrapada en su crisis

Cada vez más voces se oponen a la política de austeridad impulsada por el gobierno alemán que castiga a las mayorías y deja indemnes a los responsables de la recesión europea. Para el premio Nobel de Economía Paul Krugman, los europeos están tirando al precipicio su economía.

| 02 mayo 2012 12:05 AM | Especial | 1.5k Lecturas
Europa atrapada en su crisis
25 MILLONES SIN EMPLEO

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La crisis en Europa se mide ahora por la tasa de suicidios. Esa es la triste realidad del viejo continente en el que el Estado de Bienestar colapsó tras la aplicación de las recetas neoliberales para enfrentar una crisis provocada por la codicia de la banca financiera.
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La crisis en Europa se mide ahora por la tasa de suicidios. En Grecia se mataron 1.725 personas en los últimos dos años, precisamente en el país que tenía la tasa más baja del continente: 2,8% por cada 100.000 habitantes, cifra que se disparó en 40% tras el estallido de la crisis.

Italia le sigue los pasos. La cifra se acerca al millar a medida que el sistema se descalabra. En Padua se ha creado la “Asociación de familiares de empresarios suicidados” y también asociaciones de ayuda psicológica para las víctimas de la crisis. Según datos de Cáritas, 8,3 millones de habitantes viven en la pobreza, y de ellos, un millón y medio de personas viven de la caridad.

En España, donde la cifra de desocupados superó los cinco millones y donde miles de familias fueron desalojadas de sus viviendas por incapacidad de pago, el número de suicidios aumentó un 25%. Esa es la triste realidad del viejo continente en el que el Estado de Bie-nestar colapsó tras la aplicación de las recetas neoliberales para enfrentar una crisis provocada por la codicia de la banca financiera.

PRECIPICIO
“En vez de admitir que han estado equivocados, los líderes europeos parecen decididos a tirar su economía —y su sociedad— por un precipicio. Y el mundo entero pagará por ello”, advirtió hace unos días el premio Nóbel de Economía, Paul Krugman.

La batuta de la economía europea está en manos de Alemania, país que dirige con mano de hierro la canciller Angela Merkel, la mentora del plan anticrisis junto a su socio francés Nicolas Sarkozy. A dos años del plan, está claro que la medicina no funciona y lo saben una docena de países que están en recesión. Casi 25 millones de europeos se encuentran en paro (sin empleo) y todavía no se vislumbra la salida del túnel.

Pero el hartazgo es evidente. François Hollande se impuso en primera vuelta al presidente Sarkozy y ha puesto en el centro del debate la palabra crecimiento, una palabra olvidada por los gobiernos de la Unión Europea, que ahora parece haberse puesto de moda de acuerdo a los nuevos tiempos.

La crisis se instaló en dos de las economías más fuertes de Europa: el Reino Unido y España, que confirmaron esta semana que están en recesión, mientras las bolsas se desploman y el gobierno de Holanda cae, a pesar de ser una de las economías más sólidas.

El pasado lunes, el gabinete del primer ministro holandés, Mark Rutte, presentó su dimisión, tras el fracaso de las negociaciones para aprobar un paquete de austeridad. Según Rutte, uno de los promotores de la política de ajuste, “si Holanda no cumple con los lineamientos del 3 por ciento de déficit, nos habremos disparado en nuestra propia pierna.”

Las consecuencias financieras de la caída del gobierno holandés podrían ser grandes. La multa por no cumplir con el límite del 3 por ciento de déficit sería de alrededor de 1.200 millones de euros. Y las agencias de calificación de crédito podrían quitarle el preciado estatus AAA, debido a la inestabilidad política.

Por esas y otras razones, el economista Paul Krugman advirtió contra el exceso de austeridad, al que identificó como un suicidio económico para el continente. “Europa ha tenido varios años de experiencia con programas de austeridad rigurosos, y los resultados son exactamente lo que los estudiantes de historia les dirían que pasaría: semejantes programas sumen a las economías deprimidas en una depresión aún más profunda”, señaló.



LA BANCA
La historia de la crisis tiene vieja data y también responsables. Libre de amarras, la gran banca europea prestó a manos llenas generando una falsa idea prosperidad que sedujo a los despistados. Solo la banca alemana prestó 109.000 millones de euros a sus pares españoles, que invirtieron el dinero en el negocio inmobiliario, el que al estallar provocó el incremento de la deuda privada de España, a dimensiones astronómicas (227% del PIB).

Ese negocio le reportó enormes beneficios a la banca alemana, que los utilizó para acumular más y más euros, convirtiéndose en la mayor fuente de dinero en Europa, con los que continuó replicando el negocio hasta que estalló la crisis.

Pero no fueron los grandes perdedores. “La salida fueron las políticas de austeridad, cuyo único objetivo es que se pague a los bancos alemanes (y franceses) la deuda tanto privada como pública que tienen. La mal llamada ayuda de la Unión Europea y del FMI a los países periféricos es ayuda para que paguen a los bancos alemanes y franceses primordialmente”, afirma el analista Vicenc Navarro.

Así, vinieron las políticas de austeridad, la reducción de los salarios, la disminución de la protección social y los recortes del gasto público, lo que ha generado una gran recesión provocada por el enorme descenso de la demanda y por la escasez de crédito, y que es la causa de la disminución de la actividad económica y el descenso de los ingresos del Estado.

Los economistas sensatos coinciden en que la receta a la crisis es aplicar políticas de estímulo económico, la creación de empleo, junto con la regulación del sector bancario, forzándolo a que recupere su función social, la oferta de crédito.

Ese es el dilema que enfrenta Europa tras las protestas que sacuden Portugal, Grecia, España y otros países. Según Kenneth Haar, miembro del Corporate Europe Observatory, la crisis del euro reveló la generosidad de los gobiernos europeos con los bancos y su drástica austeridad con los más pobres.

PLATA PARA RICOS
En diciembre de 2011 el nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE), el ex director de Goldman Sachs Mario Draghi, destinó la bicoca de 489.000 millones de euros a la Operación de Refinanciación a Largo Plazo (LTRO) – préstamos baratos y sin condiciones para los bancos que habían generado la crisis precedente.

En febrero de 2012 tenía disponibles otros 530.000 millones de euros para créditos de consumo, lo que hacía ascender el total a un billón de euros. Ante ese acto benéfico muchos se preguntan ¿Por qué el BCE no presta directamente a los gobiernos? De acuerdo al tratado de la UE, el BCE tiene que ser independiente de los gobiernos y la ley le prohíbe proporcionar préstamos directos. Es decir, todo está amarrado a favor de los bancos.

El dinero gastado en la LTRO es el doble de la cantidad de dinero ofertado al nuevo fondo de rescate, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM, por sus siglas en inglés), que oferta préstamos a los gobiernos que se encuentran en grave crisis fiscal.

La influencia de los bancos quedó en evidencia además cuando se permitió la presencia de Joseph Ackermann, presidente de Deutsche Bank y del grupo de lobbies bancarios, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), en las negociaciones sobre la deuda griega.

Así, los gobiernos convirtieron a los grandes bancos en interlocutores de la crisis que habían generado. Tras las negociaciones, se llegó al acuerdo de que los bancos debían aceptar un recorte del 50% de los bonos griegos, cuando el valor de los mismos había caído en picada a un 35% de su valor. De ese modo, nunca pierden.

Dos expertos financieros, Simon Johnson y Darem Acemoglu, afirmaron que “la lección para Europa (y para Estados Unidos) está clara: es el momento de dejar de escuchar lo que dicen los bancos y de empezar a centrarse en lo que hacen. Debemos reconsiderar la distorsionada economía política del sector financiero antes de que el excesivo poder de unos pocos imponga costes aún mayores a todos los demás”.

Está claro que si se quiere aplicar las profundas reformas que se necesitan para sacar del atolladero a la economía europea, es necesario acabar con las estrechas relaciones que hay entre los banqueros y el sistema político. Mientras las palabras de los banqueros y sus mezquinos intereses tengan más peso que los hombres de a pie, no habrá salida a los problemas.


Efraín Rúa


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