“España tiene reyes franceses”

Autoexpulsado de la filosofía, el escritor Fernando Savater señala que prefiere acercarse al público como un profesor y explicar la enrevesada prosa filosófica. En esta entrevista habla de ello, de los reyes españoles y su origen francés, del lenguaje coloquial en sus libros y hasta de la comida peruana.

Por Diario La Primera | 21 jun 2012 |    
(1) Más cercano al lector profano que al especializado, Fernando Savater siempre ha sido algo más que un profesor de filosofía. (2) Savater ironiza sobre la realeza española.
ENTREVISTA A FERNANDO SAVATER

Uno de los pensadores contemporáneos más lúcidos y valientes. Un filósofo que evita llamarse a sí mismo filósofo, sino, más bien, un “philosophe”, con minúscula, y, si es posible, en francés del ilustrado siglo XVIII. Autor de más de cincuenta libros, entre ellos los “bestsellers” “Ética para Amador”, “Las preguntas de la vida” y libros importantes como “Contra las patrias”, así como la traducción y selección de la obra de Cioran: “Adiós a la Filosofía”.

A la par de su dinamismo intelectual, Savater es un ferviente defensor de la paz y la tolerancia, por lo que recibió el Premio Sájarov de parte del Parlamento Europeo en nombre de “Basta Ya”, colectivo civil formado en oposición a los asesinatos de la banda terrorista ETA (la cual puso un precio a su vida, por lo que Savater estuvo acompañado de una escolta personal por años). Un infatigable intelectual que leyó a Spinoza en la cárcel con permiso de los franquistas, que ha visitado las entrañas de Keops y vivido con entrañamiento la Vista de Delft, y cuya única vocación real son las carreras de caballos. Su novela más reciente, “Los invitados de la princesa”, acaba de ganar el Premio Primavera 2012.

—¿Cómo ve los rumores de una independencia de Cataluña?
—Cataluña forma parte del Estado español. Reyes catalanes se casaron con princesas de otras partes de España. De hecho, el Rey Católico era Rey de Aragón, que era entonces lo que incluía Cataluña, y al casarse con la Reina de Castilla, con Isabel, se unificó toda España. Bueno, desde entonces ha estado unificada, es decir, no ha habido una separación sino que, pues, reyes de un lado y el otro se casaron. De hecho, los reyes Borbones, la familia de los Borbones, la que tiene actualmente España en el trono, viene de Francia. Son reyes franceses. Los Borbones eran de origen francés, de origen Franco-Navarro. Vea que lo más parecido a un rey vasco son los Borbones. Porque son los que vienen de Navarra. Bueno, de modo que tenemos un rey vasco.

La salud de la monarquía
En la celebración de los 70 años de edad del Rey Juan Carlos, diferentes personalidades lo saludaron. Dentro de ellas estaba Fernando Savater. En el mensaje que le envió al rey, si bien reconoció que este había representado un papel importante en la vida política del país, el filósofo le advirtió que la monarquía era como la salud: cuanto menos se hable de ella, mejor.

—¿Qué ha sucedido ahora?
—¡Ya ves que hemos enfermado! —dice Savater—. Efectivamente, yo creo que hay instituciones que funcionan bien mientras estén así en una hornacina, digamos. No como hoy, que se está hablando mucho. Desgraciadamente, ahora, las cosas se han estropeado bastante, no tanto por el Rey, que está un poco amortizado, pero por el futuro rey, el Príncipe Felipe. Ese sí que tiene las cosas difíciles en estos momentos.

—¿Aún puede funcionar una monarquía en el siglo XXI?
—Allí están, ¿no? Siempre se ha dicho que en el siglo XXI sólo quedarían en el mundo cinco reyes: los cuatro de la baraja y la Reina de Inglaterra. ¡Los únicos que tenían la vida asegurada! Bueno, es como decir, ¿y puede durar el Papa en el siglo XXI? ¿Y puede la gente seguir creyendo en la resurrección de los muertos en el siglo XXI? Pues sí, por lo que se ve, sí. O sea que hay una serie de ideas, de creencias y, de alguna manera, de instituciones que por tradición se conservan. ¡Hombre!, hoy nadie inventaría la monarquía. Si la monarquía no estuviera inventada hace mucho tiempo, nadie la inventaría. Ahora, ya está allí y, de alguna manera, viene resolviendo algunos problemas. Bueno, en la transición española, probablemente, la figura del Rey calmó al ejército para que hubiera una transición democrática. Ninguna otra figura pública habría tenido ese papel. Eso funcionó en un momento determinado. Esa es una cuestión práctica. Bueno, lo mismo que en otros casos. Pues hay otras instituciones en las que puedes no creer, pero funcionan.


Savater, (anónimo) y el autor de la entrevista.

Autoexpulsado de la filosofía
Hace algún tiempo ya Fernando Savater insiste en la religión como ficción a comparación de la filosofía. Aquí aclara y ahonda:

Hace algún tiempo, al hablar de la clasificación de la filosofía, Fernando Savater parecía haber dicho que, como la religión, aquella era simple artificio, eran lo mismo. Lo aclara: “La filosofía no es como la religión; no se mezcla con la religión. La filosofía es una puesta racional para preguntas que no tienen respuesta. La filosofía se plantea preguntas que normalmente se planteó la religión: ¿qué somos?, ¿cuál es el sentido de la vida? Ese tipo de cosas. Pero empieza a contestarlas por vías racionales, no por vías tradicionales, religiosas, etc.”.

—Quería decir que pertenecen a una especie de género literario. Mario Vargas Llosa las iguala a la ficción.
—Creación humana mental sí, claro. Como la filosofía y la literatura y todo. La filosofía es un género literario. De hecho, los primeros filósofos, Parménides y Heráclito, no sabían que eran filósofos. Entonces escribían un poema y nosotros ahora lo vemos como un poema lleno de filosofía. O sea, Shakespeare, Sófocles… ¿eran filósofos? No sé, no es fácil establecerlo, ¿no?

—Ha dicho usted que su escepticismo había llegado al punto en que se había puesto a escribir novelas.
—Me parece lo más propio de un escéptico.

—Claro, pero esto haría pensar que, así como en “La República” Platón expulsa a los poetas por mentir, por ser apasionados y subjetivos, usted se ha autoexpulsado.
—Bueno, me he autoexpulsado y es culpa de la filosofía. Porque, mira, a mí la filosofa que me interesaba, de alguna manera, era el desarrollo en los niños de ese deseo de hacer preguntas para que no tuviera que contestarlas la religión. Es decir, aprender a vivir con las preguntas que sabemos que no van a contestarse. ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es la verdad? Bueno, esas preguntas, de alguna manera, tratan de lo que somos, no de lo que vamos a hacer. Esas preguntas, pues, no las vamos a contestar, pero viene bien que las hagamos, porque dan densidad a la vida. Lo mismo que, a su modo, la poesía. Yo creo que eso es importante y no se debe perder.

—Hoy en día, ¿cuáles son los sistemas filosóficos?
—Alguno hay.

—¿Aún post-Heidegger con un sistema?
—Yo creo que sí o que deberían. No sé cómo lo planificarás, pero Habermas, por ejemplo, si te lees la “Teoría de la acción comunicativa”, ¡vaya!, eso tiene bastante aire sistemático, no sé hasta qué punto. Claro, en el fondo, el reto de la filosofía es pensarlo todo; es decir, no pensar cosas separadas. La gracia de la filosofía es tratar de relacionar las cosas, unas con otras. Entonces, el sistema surge inevitablemente cuando tienes que conectar unas cosas con otras. ¡Hombre!, el gran sistema. Hegeles no creo que vayan a aparecer, pero ambición sistemática probablemente sí.

—Por lo que a la filosofía no le queda más que hacer exégesis.
—Bueno, pero eso ya es plantearse de otra manera. Por eso yo ya también me aparto. Hacer pies de página me aburre.

—Usted no se considera filósofo, sino profesor de filosofía. Si fuera filósofo, ¿sería uno existencialista, preocupado en los problemas de la libertad, la elección?, ¿cómo Sartre?
—Como tú sabes, yo me considero, simplemente, un profesor de filosofía. Una cosa son los filósofos Kant, Spinoza, y otra cosa son los profesores, los que tratamos de acercar esas ideas a la mayor cantidad de gente posible. Un profesor de solfeo es una cosa y Glenn Gould es otra. Yo soy profesor de solfeo, no soy Glenn Gould. Mi filósofo por excelencia quizá sea Spinoza. La idea de una razón unida a la pasión por la verdad, por la convivencia, es lo que corresponde a mi idea de vida.

Texto y contexto
En sus textos, ha intentado tener un lenguaje coloquial, lo que lo distingue de los autores de teoría de hoy en día, que utilizan un lenguaje bastante rebuscado y hasta enredado, casi críptico para la mayoría de lectores. Savater sabe hacer llegar su mensaje a un público mayoritario.

—¿Por qué se ha enredado tanto el lenguaje en lo que es la teoría?
—Bueno, la filosofía siempre ha tenido un lenguaje especializado porque los filósofos, desde los griegos, con Platón y Aristóteles, han intentado utilizar palabras relativamente comunes en usos no habituales, distintos. Por lo tanto, eso ha creado una cierta dificultad. A nosotros, hoy, por ejemplo, palabras como sustancia o accidente, palabras de raíz aristotélica, con el tiempo nos han resultado más o menos familiares, pero en su día fueron sorpresas para los griegos. Por eso yo creo que hace falta el profesor ese, el que trata de hacer una entrada en ese mundo para que el joven, el neófito, no se sienta intimidado por el discurso filosófico. Que no diga ¡esto es imposible! Son pasos que hay que ir dando. Yo lo que trato de hacer es ir creando esos primeros pasos. Mis libros, por supuesto, nunca son puntos de llegada; son siempre puntos de partida. Pero, claro, aparte, hay otros filósofos que ya no están escribiendo para jóvenes o neófitos, sino para otros colegas, para personas que ya han estudiado mucha filosofía y ya hablan un lenguaje diferente. O sea, son niveles distintos.

—Fernando, ¿usted ha viajado al Perú?
—Que sí. He estado en Lima, por supuesto. No me he movido tanto, pero he estado dos veces. Una vez, por un Honoris Causa de la UPC. La otra vez, en un congreso literario. Lima tiene un restaurante muy bueno. Es de una peruana que se casó con un vasco, y ella es una cocinera estupenda de comida tradicional que a mí me encanta, pero original. Original bien, no como Ferran Adrià. Ella escribió un libro de cocina y yo escribí el prólogo. Y cada vez que voy por ahí me hacen de lo mejor.

—¿Qué le parece la comida peruana?
—De Sudamérica, la comida peruana y la mexicana son de las mejores y de las más variadas. ¡Hombre!, el “pisco sour” es una revelación humana antes o después, tan importante como el imperativo categórico.


Por Evgueni Bezzubikoff
Desde Nueva York

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