Entre el idealismo y el pragmatismo

Después de una década de apertura y acercamiento a los grandes bloques políticos y comerciales, el próximo gobierno del presidente Humala (2011-2016) tiene que definir prontamente las líneas principales de su política exterior.

| 17 julio 2011 12:07 AM | Especial | 2.3k Lecturas
Entre el idealismo y el pragmatismo
Ollanta y Lula, evidente reflejo de una fuerte afinidad política.

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Parece más evidente que el nuevo gobierno de Humala preferirá reforzar y apuntalar, desde el Pacífico, el rol de Brasilia antes que permitir que Washington vuelva a ocupar el papel tradicional de “gendarme”.
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Aunque no conocemos aún a su Canciller, intentaremos hacer un análisis del escenario que encuentra y de los primeros actos y señales que ha dado. No es una tarea fácil, pero creemos que hay elementos suficientes para hacerla.

El Plan de Gobierno de Humala plantea un énfasis en el multilateralismo, el respeto a las líneas principales del Derecho Internacional —soberanía, democracia, no injerencia— y dar prioridad a las relaciones con vecinos y bloques regionales.

Esto último dista de lo ocurrido durante la segunda administración de Alan García, que prácticamente dejó en manos de Torre Tagle la conducción del manejo de espacios multilaterales como la OEA, Unasur, CAN, Mercosur, otras Cumbres y mecanismos políticos. Han sido explícitas las preferencias de García por los 11 TLC que ha suscrito el Perú, por el espacio de APEC, el Arco del Pacífico, el acuerdo con la UE y el énfasis en una diplomacia preferencialmente comercial y no política.

Como más tarde, entre la primera y la segunda vuelta, Humala tuvo que desandar lo andado y replantear varios de los énfasis de su documento “La gran transformación”, acercándose hacia el centro político (Toledo, Vargas Llosa y otros), es preciso ver qué consecuencias tiene esto en materia de relaciones internacionales.

En primer lugar, el anuncio del respeto a las inversiones, la estabilidad económica y los acuerdos comerciales exige una posición de algún modo distinta a la de los gobiernos alternativos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Las condiciones internas del próximo gobierno exigen al Presidente ser mucho más cauto en la toma de decisiones dramáticas, particularmente respecto de las relaciones internacionales.

Lula y Brasil
Luego, durante la campaña, quedó en evidencia el acercamiento y apoyo del ex presidente Lula, del PT y de Brasil en conjunto no solo por motivos estrictamente de marketing político y procedimiento, sino también por un posible acercamiento estratégico al modelo brasileño de inclusión social y, por cierto, un apoyo al rol internacional de Brasil en América del Sur, Latina y en el Sur global.

Por un lado, esta posición refuerza el Acuerdo Estratégico que ya tenía el Perú con Brasil para el desarrollo de infraestructura energética, el IIRSA y otras inversiones de ese país (Odebrecht, Petrobras, Vale do Rio).

Por el otro, reafirma un potencial distanciamiento de lo que fue una posición del anterior periodo electoral, cuando el Partido Nacionalista estaba más vinculado a Venezuela.

Los grandes retos
En primer lugar, en el plano estrictamente institucional, el Presidente electo debe aún encontrar una persona que pueda concentrar las capacidades de un diplomático profesional (equilibrio en lo político y lo económico) con las virtudes de un negociador para avanzar en el fortalecimiento de los instrumentos jurídicos y comerciales existentes. Pero, además, debe congeniar los grandes postulados nacionalistas con las exigencias del momento.

En segundo lugar, está obligado a encontrar un nuevo equilibrio para la política exterior en sus relaciones vecinales, regionales, hemisféricas y globales. Las visitas a los países de la región como Presidente electo han sido una base muy fuerte del nuevo énfasis presidencial. No obstante, es claro que durante su administración se resolverá la disputa en la Corte Internacional de La Haya.

Además, en esta primera gira, ha brindado tranquilidad y se ha mostrado como un Presidente sagaz, cuerdo y que sí incorpora los grandes intereses nacionales. En septiembre lo espera la Asamblea General de la ONU, donde tendrá la oportunidad de hacer más explícitos los fundamentos internacionales de su gobierno.

Estados Unidos
Otro asunto clave es la relación con los Estados Unidos, conociendo ya del interés y posibilidades de Obama por la reelección. Lamentablemente, la primera administración demócrata no ha dejado señales muy positivas en cuanto a las relaciones con América Latina: respeto y algunas diferencias con Brasil en el manejo de asuntos específicos (tema Irán, intervención en Haití, el golpe en Honduras, militarización de la Amazonía), dificultades con los gobiernos bolivarianos (Caracas, Quito y La Paz no tuvieron embajador por un largo tiempo), y el asunto de la guerra contra las drogas y la lucha contra el terrorismo.

Parece más evidente que el nuevo gobierno de Humala preferirá reforzar y apuntalar, desde el Pacífico, el rol de Brasilia antes que permitir que Washington vuelva a ocupar el papel tradicional de “gendarme”.

El gobierno de Humala debe tener la claridad y la sapiencia necesarias para dejar establecidos los puntos priorizados con Washington, así como algunas de las diferencias en la forma como se percibe particularmente el manejo de un tema clave como el control de drogas y la denominada “lucha contra el narcotráfico”, en especial el instrumento de la erradicación compulsiva y el CORAH (Narcotics Affairs Section), los programas de desarrollo alternativo (AID) y los acuerdos con las Fuerzas Armadas a través del Grupo Consultivo Militar. Ello, sin necesariamente resquebrajar otros aspectos de la cooperación antinarcóticos y de la cooperación en general.


Ricardo Soberón


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