Entre brutos y achorados

Son prepotentes, racistas y se computan la última chupada del mango. Solo leen a Chopra y Paulo Coelho. Están detrás de las ofertas de Wong y conducen sus 4x4 ebrios de soberbia”.

| 31 diciembre 2011 12:12 AM | Especial | 4.8k Lecturas
Entre brutos y achorados
Tu mala canallada

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“Nada de eso justifica el esfuerzo antidemocrático de una coalición mafiosa que quiere revocarla con el fin de alcanzar un conjunto variopinto de objetivos que, sin embargo, tienen en común un carácter subalterno”. Ojo y hasta donde sé, AAR no es de izquierda ni mucho menos un “caviar”. Es un periodista decente y no de esos “marcas” que viven del ataque a traición, del sabotaje y de la corrupción”.
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El 2011 culmina con el flamante colectivo, la “DBA” queriendo levantar cabeza. Como dice Juan Carlos Tafur con justicia: “la derecha bruta y achorada”. La mafia viene de antiguo. Desde que se jodió el Perú. Es decir, desde aquel 28 de julio. ¿O quién gobernó este país desde 1821? ¿Los caviares? No damas y caballeros, fue ese sector privilegiado de nuestra sociedad, que hoy, convertido en una turba con el nombre de “Comité Promotor de Vacancia de Susana Villarán” construyen ese cargamontón que con la estadísticas de la desaprobación de la opinión pública a la gestión de la alcaldesa, dizque desde el 2 de enero empezará la recolección de firmas y tirarse abajo a Villarán. ¿Encuesta de desaprobación? ¿Ipsos Apoyo? No pues. Así no juega la “U”.

El columnista Augusto Álvarez Rodrich ha escrito el jueves: “La gestión de Susana Villarán está lejos de ser perfecta, posee varias deficiencias, y tiene una larga agenda pendiente por corregir y desarrollar, pero nada de eso justifica el esfuerzo antidemocrático de una coalición mafiosa que quiere revocarla con el fin de alcanzar un conjunto variopinto de objetivos que, sin embargo, tienen en común un carácter subalterno”. Ojo y hasta donde sé, AAR no es de izquierda ni mucho menos un “caviar”. Es un periodista decente y no de esos “marcas” que viven del ataque a traición, del sabotaje y de la corrupción.

De panza, aquí en la playa –con mi plata porque me saqué la m*****a trabajando desde enero--, presiento sus pataleos. Pero cruza una mujer madura con hilo dental y me regresa la calma. Cero celulitis y unas ancas que supongo vuelve loco a su marido. Hay un cebiche de carajillo --un pescado que mi compadre Gualberto chapa con las manos en el boquerón—y las chelas están en la refri. ¿Bloqueador? No uso, soy serrano, soy bronceado y oscurito por ADN. Sí me friega que los flamantes “DBA” usen calzones amarillos y que son los mismos que perdieron por apoyar a Lourdes Flores, que se fueron de cara al financiar a candidatos regionales allí donde triunfaron los políticos de izquierda en provincias. Son aquellos que se la jugaron por Castañeda Lossio, Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, y ustedes ya saben quién les ganó. Un militar con nombre de “lorcho”: Ollanta Humala y que fue únicamente apoyado por otro “lorcho”, Alejandro Toledo.

José José tiene un tema: “Pobre tonto, ingenuo, charlatán, que fui paloma por querer ser gavilán”. Así ha quedado toda la gavilla. Lornas. Esos que dicen que el Perú es un paraíso porque desde la conquista vende piedras y guano, viven de la renta de los parásitos, vivieron a sus anchas con el fujimontesinismo y que, repito a Álvarez Rodrich: “Se compone por una coalición en la que participan, entre otros, periodistas corruptos, empresarios mafiosos y políticos pendejos, a los que no les fue bien en las últimas elecciones. Fue el sector que construyó el ‘cuentazo’ de que, gracias al gobierno de Alan García, el Perú había ingresado, de un modo inexorable, en la ruta del primer mundo”.

Pero ya es tiempo que se les diga sus cuatro verdades. El Perú ya no es el país de Leguía ni de Prado. Ya no hay el privilegio del blanco y la plutocracia ha desaparecido. Pero no entienden. Son prepotentes, racistas y se computan la última chupada del mango. Solo leen a Chopra y Paulo Coelho. Están detrás de las ofertas de Wong y conducen sus 4x4 ebrios de soberbia. Entonces se mueren por salir en la revista “Cosas”, “Hola” o “Caras”. Y cuando uno les pregunta por la posmodernidad o el pensamiento de Jean Baudrillard, desconocen mayormente. Ahora andan disfrazados de moralistas y de demócratas que velan por las inversiones extranjeras, los lobbys y sus mansiones en “Eisha”. Vamos, que ya nadie les cree. Pero ahí, con el sunset y sus tragos etiqueta azul se computan de sangre azul.

Hasta ahora lloran por la derrota de Pedro Pablo Kuczynski. “Cholos de mierda”, le dicen a la masa. Y ni una pizca de autocrítica. Y sonríen porque PPK vuelve e inflan el pecho por el gringo que para el diario “El Comercio” fue la sorpresa de las últimas elecciones presidenciales al pasar de casi 1% al inicio de la campaña a 18,5% en la primera vuelta electoral, quedando en un meritorio tercer lugar. En su visión absurda escriben: “Su intensa presencia en las redes sociales, su lema de ‘sabe cómo hacerlo’, y el haber sido blanco de ataques de oponentes con mayores posibilidades, como Alejandro Toledo, sumaron a su favor. Apoyó a Keiko Fujimori en la segunda vuelta. Su renuncia a la nacionalidad estadounidense (promesa electoral incumplida) es algo que sus detractores le siguen recordando”.

Keiko Fujimori. La hija mayor de Alberto Fujimori no fue presidenta del Perú por una diferencia de poco más de un millón de votos con el entonces candidato Ollanta Humala. Mellaron en su candidatura una serie de exabruptos que sus más cercanos colaboradores tuvieron en la recta final de la campaña. “Nosotros matamos menos”, “(las esterilizaciones) no fueron contra su voluntad sino sin su voluntad” o “no me consta que Montesinos sea un asesino”, de Jorge Trelles y Rafael Rey, respectivamente, son las más recordadas. El pedir perdón por los delitos que se cometieron en el gobierno de su padre tampoco le ayudó mucho.

Y yo aquí en San Bartolo escuchando a Amy Winehouse, mirando la tierra rodar y contemplando este 2011 que se va con la rotundidez de la derrota definitiva de los Fujimori. La princesa Keiko se hizo el harakiri por la estupidez de sus colaboradores que cuando ya se sentía presidenta –ojo, el populismo de su padre habita en el Perú—justo a unos días de las elecciones escuchó decir a Jorge Trelles “Nosotros matamos menos” y al pobre de Rafael Rey gritar: “las esterilizaciones no fueron contra su voluntad sino sin su voluntad” o “no me consta que Montesinos sea un asesino”. Termino el año y estoy molesto. Me friega que Alberto Fujimori pueda ser indultado. Que los congresistas no puedan adecentarse y que el término “clase política” en mi país sea apenas un eufemismo. Termino el año y me jode haber metido la pata en tantas cosas. Pero me alegra que pueda reconocer mis yerros, que sepa ser autocrítico y tener la esperanza que este 2012 los peruanos mejoremos nuestra calidad de vida y que se acaben los rencores. Eso es todo lo que tengo que escribir por ahora.

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