El tango del indulto

Pocas veces el clásico tango de Discepolo tuvo tanta vigencia en Argentina como cuando doscientos asesinos, torturadores y secuestradores de niños recibieron el indulto y salieron a recibir el caliente sol de Buenos Aires.

| 10 julio 2011 12:07 AM | Especial | 1.1k Lecturas
El tango del indulto
“¡Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor!... ¡Ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador!”

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“Borrón y cuenta nueva”

Una dictadura criminal despoja al país de su memoria y a la gente de la conciencia de sus derechos. El mismo pueblo que aceptó como normal la ejecución sin ley y sin juicio de los supuestos terroristas no tardará en pedir a gritos la tortura y la muerte contra los opositores, los sospechosos e incluso contra los pecadores envueltos en costumbres contra la moral y las buenas costumbres.

Se ha dicho que el indulto de Fujimori será dispuesto en breve por cualquiera de los presidentes, el saliente y el nuevo. En base a la reconciliación de los peruanos, borrón y cuenta nueva, cierra ese libro y comienza otro. Pero no lo creemos porque para pasar la página, hay que haberla leído antes.

Un vestigio monárquico

Todavía el Perú no ha iniciado una necesaria etapa de la memoria como ha ocurrido en Alemania, España y en países más próximos. No es la hora de pensar en el indulto, ese vestigio de la monarquía autoritaria, que daría impunidad a los criminales. En Argentina todavía resuena el bandoneón, los malevos envejecen en la cárcel y Menem se da de cornadas contra una puerta cerrada.
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Entre el 17 de octubre de 1989 y el 30 de diciembre de 1990, el entonces presidente de ese país Carlos Menem emitió una serie de diez decretos para perdonar a los culpables del más sangriento terrorismo de Estado que ese país ha conocido.

Entre ellos se encontraban los jefes de estado que habían ordenado el genocidio, los torturadores que disfrutaban alargando los suplicios contra disidentes y rebeldes, los que arrojaban presos al mar desde los helicópteros, los que arrancaban recién nacidos del cordón umbilical y dejaban a las gestantes desangrándose, y por fin los que, luego de estas cobardes “hazañas”, habían vendido los niños al mejor postor. En resumen, los culpables de 30 mil muertes durante la espantable guerra sucia.

“Reconciliación”
Para contrapesar, se liberó también a algunas de sus víctimas. El presidente Menem –quien también había sido un preso político, una víctima de quienes perdonaba, declaró que había ordenado los indultos “para reconciliar al país y terminar de cerrar definitivamente las viejas heridas, como se hizo en otras partes del mundo.”

No sabemos a qué partes del mundo se refería pues hasta entonces el único antecedente de un hecho similar era el de los juicios de Nuremberg tras de los cuales los criminales nazis fueron colgados.

Según un fiscal que había participado en el juicio contra las juntas militares, se trató de algo gratuito que hizo Menem para congraciarse no sólo con los reos, sino con ciertos sectores de poder que apoyaron a los golpistas, aplaudieron sus crímenes e hicieron grandes negocios a costa de la desgracia argentina.

Menem en desgracia
El cálculo político de Carlos Menem no pudo ser más desdichado para él mismo. Poco tiempo después de dejar la Casa Rosada, sus indultos fueron declarados inconstitucionales y después derogados.

Se investigaron sus cuentas en los bancos suizos. Se le descubrió una ilegal venta de armas al Ecuador pese a que Argentina era garante de los acuerdos entre ese país y el Perú. La Siemens, una de las empresas extranjeras favoritas durante su régimen confesó haberle pagado sobornos para obtener un contrato multimillonario.

El dos veces ungido presidente de Argentina se hundió en el descrédito y el ostracismo. Fue postergado y ninguneado. Tuvo que abandonar las reuniones sociales porque los antiguos amigos le huían como si oliera mal. Su reciente esposa, la bella modelo Cecilia Borocco, fue fotografiada luciéndose toppless en una playa de Miami junto a un amante italiano.

Tangos aparte, en la jurisprudencia quedó ratificado el principio de que los crímenes contra la humanidad son aberraciones no susceptibles de indulto.

Legalidad internacional
Así lo declaró la Cámara Criminal Federal argentina sobre la base de la obligación estatal de garantizar la dignidad humana toda vez que estos crímenes no sólo hieren a las víctimas y a sus familiares. Son un ataque generalizado y sistemático contra la democracia, la civilización y la propia historia.

Tal lo refrenda la Convención Americana sobre Derechos Humanos que todos los países de la región reconocen como parte de su ordenamiento jurídico, en un rango superior a las disposiciones legales internas.

“Que fuimos crueles, nadie lo dude… pero no fuimos sádicos.” La autoría de estas palabras corresponde al ex dictador Jorge Rafael Videla, y se parece muchísimo a otras que hemos escuchado en el Perú durante la reciente campaña electoral como “nosotros matamos menos” enunciada por un dirigente fujimorista.

Bajo pretexto de una guerra interna, en Argentina como en el Perú, las dictaduras institucionalizaron la tortura más salvaje contra hombres, mujeres y niños detenidos bajo simple sospecha o secuestrados para escarmiento de sus familiares.

Lo peor de todo es que, de tanto ocurrir, el crimen fue banalizado por los periódicos más baratos e incluso justificados por las clases altas a las que benefició económicamente. Aquellas ya han iniciado su acercamiento al nuevo régimen.


Eduardo González Viaña
Colaborador


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