El nuevo rostro del “Leoncio Prado”

Aquel colegio militar que diera cabida a personajes como Manuel Scorza, Mario Vargas Llosa o César Hildebrandt se renovó para dar a sus cadetes una instrucción física e intelectual acorde con los nuevos tiempos. Según explicó su director, esta trinchera del conocimiento es una “ciudad“ del saber y no de los “perros”.

| 13 marzo 2013 12:03 AM | Especial | 10.9k Lecturas
Remodeladas instalaciones del Colegio Militar Leoncio Prado acogen a los estudiantes, quienes se sienten orgullosos de vestir el uniforme.
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Hubo un tiempo en que la frase “¡qué me mira, cadete!, ¿o quiere una fotografía mía calato?” era el símbolo de la dureza injustificada con la que supuestamente se trataba a los jóvenes que se iniciaban en el mundo del mando y la obediencia militar. Ahora, sin embargo, lo que podemos llamar como “la cantera” de los futuros militares peruanos, tiene un nuevo rostro.

El Colegio Militar Leoncio Prado, cuya tradición está nutrida con el sudor de sus jóvenes cadetes, fue reconstruido, modernizado, para estar acorde con las exigencias y los estándares educativos de este tiempo. La citada renovación de la infraestructura es un gran paso, una proclamación de que los viejos estigmas, lo de “la letra con sangre entra”, si existió, fue desterrado para dar paso a la educación con libertad.

LA PRIMERA recorrió los nuevos espacios de este centro educativo, fuente del imaginario de Vargas Llosa, y comprobó que tras las mejoras se esconde la promesa de una educación de calidad, acompañada de la libertad y el respeto que antes se creían negados.


Coronel Walter Martín Béjares.

LA RECONSTRUCCIÓN
El proceso se inició el 11 de mayo del 2009, cuando el Ministerio de Educación incluyó al Colegio Militar Leoncio Prado en el Programa Nacional de Recuperación de las Instituciones Públicas Emblemáticas. Para reconstruir esta institución se destinó una inversión de más de 55 millones de soles.

“El tema aquí era la rehabilitación, la reconstrucción y el mejoramiento de las instalaciones. Aquí hay una larga historia, pues esto antes era el cuartel ‘Guardia Chalaca’. Ahora es un colegio militar mejorado y rediseñado y tal labor tardó dos años y mientras esto sucedía los alumnos no perdieron clases”, indicó el coronel Walter Martín Béjares, director de la institución.

Aclaró que los cadetes recibieron su instrucción en el Fuerte Hoyos Rubio del Rímac. El tiempo que los jóvenes estuvieron alejados de su institución fue beneficioso, pues ahora cuentan con nuevos y más grandes espacios dedicados a su desarrollo físico e intelectual.

En este sentido, Béjares explicó que la capacidad del colegio Leoncio Prado es de 1,050 alumnos, los mismos que se reparten, en cantidades iguales, entre el tercer, cuarto y quinto año de educación secundaria. Los jóvenes ya gozan de instalaciones nuevas como el Pabellón de Sanidad, en que está la enfermería, y otros espacios en los que atienden a los cadetes, pues nadie está descuidado.

Asimismo, “La Cuadra”, como es denominado el alojamiento de los cadetes, está conformada por tres edificios similares y autónomos, uno para cada grado académico. En esta área tienen sus roperos, camarotes, y todos los implementos con los que contarían en la habitación de su domicilio.

Como los cadetes también necesitan recrearse, el colegio militar también cuenta con el denominado Pabellón de Bienestar, lugar en el que los cadetes se benefician con la librería, bazar, cafetería, capilla. Además, en este lugar encuentran los servicios de sastrería, zapatería, lavandería y peluquería. En breve se espera implementar también un pequeño casino para los jóvenes.

Para las actividades deportivas, también se construyó un Polideportivo que cuenta con una piscina semiolímpica, un coliseo para la práctica de vóley y básquet y un gimnasio para el desarrollo físico de los cadetes. Asimismo, el estadio de fútbol es de las mayores construcciones del nuevo recinto.



UNA ESFINGE QUE SE RESISTE
Todos los ambientes fueron remodelados, a excepción del Pabellón Central, la esfinge que se convirtió en la imagen del colegio, y que, al parecer, se resiste al paso del tiempo, y de la modernidad. El director de la institución aclaró que este edificio quedó en pie porque fue declarado como patrimonio cultural. Ahora su preservación o demolición está en evaluación.

“La Oficina de Gestión Educativa del Ministerio de Educación nombró una empresa para que verifique si realmente se puede restaurar el edificio. Lo que pasa es que el ‘cerebro’ del edificio está ahí, el sistema de agua, la telefonía, el sistema de vigilancia, control de electricidad, etc. Al restaurarlo, no sé si lo harán con estos mismos sistemas. Estamos a la espera de ver qué determinan”, indicó Béjares.



LA CIUDAD Y LOS PERROS
Según se conoce, los mitos están basados aunque sea en una pequeña parte de la realidad. Sobre el Colegio Militar Leoncio Prado hay muchos que han generado temor en los jóvenes, no obstante, Walter Béjares desestima cualquier evento que se asemeje a los descritos en la “Ciudad y los Perros”, novela que escribió un reconocido exalumno, hoy Premio Nobel de Literatura.

“Para mí es solo una novela. Si ha existido, yo no he estado en esos tiempos, pero es parte de la historia. Nosotros vivimos de tradiciones, tenemos positivas y negativas, y las negativas estamos tratando de desterrarlas. Estamos en un colegio nuevo, con nuevas tradiciones, pero buenas. Aplicamos la disciplina, la moralidad, el trabajo, para que salgan buenos ciudadanos, esa es la idea.”, refirió.

Aclaró, no obstante, que como en todo lugar, en este colegio ha habido casos de bullying. Según dijo, pretender ocultarlo sería como tratar de tapar el sol con un dedo.

“El abuso de autoridad, lo que llamamos en el Ejército el ‘Exceso en la Facultad del Mando’, no se va a ver, y si se detecta, lo voy a retirar del plantel, pues hacerlo está dentro del reglamento y de mis facultades como director”, acotó.

Aseguró que si se presentan casos, habrá mano dura para contrarrestarlos. Además, dijo, habrá estrictos controles, pues confesó que no todos son angelitos, ya que, como en cualquier institución educativa, puede haber alumnos problemáticos que, desde luego, serían expulsados por sus faltas.

JERARQUÍA MARCIAL
Los abusos denunciados en la pluma de Vargas Llosa, indica Béjares, no son reales, no obstante uno de los puntos de la obra sí se cimenta en la realidad: la jerarquía, la condición que predispone el mando para algunos, y la obediencia para otros, existe.

“El cadete del quinto año tiene el mando sobre el de cuarto, y este sobre el de tercero. Esto se debe a nuestra preparación militar, nos ceñimos a nuestro reglamento, pero es relativo porque no es como en el Ejército, en el que las órdenes se cumplen sin duda ni murmuraciones. Hay jóvenes que quieren postular desde cuarto o quinto año, pero si no han aprendido a obedecer, cómo van a aprender a mandar”, explicó”.

Aclaró, además, que los tres niveles de educación tienen su jefe de sección y mediante ellos pueden canalizar todas sus dudas o denuncias.

UN COLEGIO APLICADO
El famoso “¡qué me mira cadete…!” es solo una frase y no representa la realidad al interior del colegio militar. Según explicó su director, los alumnos reciben la misma educación que se imparte en una escuela pública. La única diferencia es que por las tardes desarrollan actividades físicas aplicadas. El castigo físico no tiene espacio en la institución.

El coronel Béjares indicó que los alumnos van a sus clases normales, como en el colegio, y en la tarde van a sus actividades deportivas y artísticas. “En la noche tienen su hora de esparcimiento, lo que llamamos la ‘Hora del Cadete’. Después repasan hasta las 10 de la noche y de ahí regresan a sus cuadras. Salen los viernes en la tarde, y vuelven el domingo en la noche”, explicó el coronel.

“Se levantan temprano, tienden su cama, toman desayuno, hacen su formación, desfilan a las aulas y ahí están de 8 a 2 de la tarde. Luego almuerzan, y hacen actividades artísticas deportivas hasta las 18:00, cuando forman para ir a cenar. De 19:00 a 20:00 horas tienen su ‘Hora del Cadete’, y al final, de 20:00 a 22:00 horas van al estudio obligatorio en las aulas”, explica el director.

El coronel Béjares refirió que el “Leoncio Prado” es una institución pública militar que no tiene costo por la instrucción, pero sí por conceptos como exámenes de ingreso (S/. 100), alimentación mensual (S/. 340). Además, los jóvenes pagan por vestimenta, vestuario y otros implementos de habitación 2,500 soles al ingresar. Años posteriores se cancela solo 1,500 soles por el mismo concepto.

Hay que precisar que en la mañana se les imparte la educación en diversas materias, y por la tarde realizan, además de las mencionadas, actividades del tipo militar. Para tal fin se cuenta con la Pista de Combate, un terraplén donde los cadetes se deslizan a lo largo de diversos obstáculos para fortalecer sus destrezas físicas. “Antes también tenía una, pero más pequeña. Ahora está más grande, en base a nuestro reglamento”, explicó el director.

Mientras algunos siguen tejiendo historias sobre episodios contra la libertad, otros se animan a ingresar a una institución que, al estilo del Ejército, se encarga de forjar el carácter de los cadetes y de educarlos en ciencias y humanidades para su logro profesional. En resumen, el Colegio Militar Leoncio Prado, el ícono respetado y hasta temido, continuará enriqueciendo su tradición para beneficio de los profesionales del futuro.

MILITAR
Confianza en el método
Pese a lo que algunos ciudadanos puedan pensar, la institución continúa recibiendo a miles de postulantes, quienes desean iniciarse en el mundo militar. Estos jóvenes han escuchado de los oscuros episodios que supuestamente ocurrieron en el colegio, no obstante, confían en que transitarán el tercero, cuarto y quinto de secundaría sin los inconvenientes descritos en la famosa novela.

El técnico de primera Percy Chávez, encargado de las solicitudes de ingreso, indica que para este año educativo hubo gran afluencia de jóvenes, no solo de Lima, sino de todo el Perú. La confianza en los métodos de instrucción del colegio, está intacta. “Hay mucha afluencia. Vienen jóvenes de toda clase social, de todo el Perú. Aquí se formaron grandes profesionales y ellos también serán líderes, profesionales en la parte castrense, y otras áreas y en el futuro van a manejar los hilos del país”, destacó.

En tanto, Henry Ramírez Cáceres, tío de uno de los jóvenes reclutas, manifestó que, estudiando en el Leoncio Prado”, los menores tienen más oportunidades de ingresar a la universidad, de trabajar en un puesto de provecho, de progresar.


Roger Chuquín
Redacción

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