El río Rímac está amenazado de muerte

Gran cantidad de relaves mineros con material altamente tóxico y nocivo para el hombre está a punto de caer en las aguas del Río Hablador y dejarlo inutilizado para las funciones que siempre le hemos otorgado, abastecernos de agua. Además, existe también la amenaza de que el relave caiga al cauce y con esto se desate un alud que llegaría hasta el mismo centro de la capital, bloqueando la Carretera Central y causando miles de muertes a su paso desde Huarochirí. Para empeorar el panorama, el relave minero altamente contaminante está cubierto únicamente con una malla plástica que para lo único que sirve es para ver de qué tamaño es la amenaza que enfrentamos, pues no evita ni la lluvia que ingresa y sale llevando consigo partículas de los metales pesados ahí almacenados.

| 18 julio 2011 12:07 AM | Especial | 6.2k Lecturas
El río Rímac está amenazado de muerte
(1) Las posibilidades de que el relave minero caiga hacia el río Rímac son altísimas. (2) Si hoy el Rímac presenta este panorama, la situación podría empeorar con la caída de toneladas de relave.
ACTIVIDAD MINERA

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“Hasta la fecha, se han promulgado 13 decretos supremos en los que se ha prolongado el estado de emergencia. Pero ninguna medida se ha tomado para sacar los componentes químicos que hay producto de la actividad minera”, dijo Cáceres López.

El cerro Tamboraque alberga en sus cimientos quinientos mil toneladas de relaves compactos y 150 mil de relaves frescos con desechos de minerales tóxicos que contienen arsénico, plomo, cadmio, mercurio, entre otros que la minera ha almacenado en la zona con el permiso del gobierno.
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La inacción del Estado en cuanto al cuidado y control del recurso hídrico ha llegado a niveles extremos, tanto que Lima estaría a punto de quedarse desabastecida del líquido elemento, y lo más grave sería que esta situación podría concretarse no por ausencia del recurso hídrico, sino porque la cuenca del río Rímac, abastecedora de la capital, está a punto de ser contaminada por una gran cantidad de relaves mineros que causarían un daño en el Río Hablador, que tomaría años revertirlo.

Tamboraque y el Río Rímac
San Mateo de Huachor (Huarochirí) se ubica en el kilómetro 93 de la Carretera Central, ahí está el cerro Tamboraque, donde se refleja lo señalado: la compañía Minera San Juan instaló su planta concentradora, previa concesión minera otorgada por el Ejecutivo. Actualmente, está en riesgo de causar un desabastecimiento total de agua, pues el caudal del río Rímac pasa por ahí, y en las faldas del cerro está la amenaza para Lima.

El cerro Tamboraque alberga en sus cimientos componentes de arsénico, plomo, cadmio, mercurio, entre otros, provenientes de las quinientos mil toneladas de relaves compactos y 150 mil de relaves frescos con desechos de minerales tóxicos que la minera ha almacenado en la zona con el permiso del gobierno, finalmente, éstos pueden causar un daño perjudicial para el poblador limeño y, luego, dar paso a la irreversible contaminación del río Rímac. Y es que los componentes pueden deslizarse en cualquier momento.

Con ello, el caudal del Río Hablador estaría abundado de agua sucia y perjudicial para el consumo humano. He aquí un riesgo tangible y del que poco se discute, pero el que, al fin y al cabo, marcaría el porvenir de la mayoría de peruanos: la escasez del agua.

El integrante del Comité de Salud Ambiental del Consejo Nacional de Salud e ingeniero sanitario Óscar Cáceres López manifestó su preocupación sobre este tema. “Debido a la actividad minera, el cerro tiene grietas y ahora corre el riesgo de que el relave se desplace hacia abajo, es decir, hacia el cauce del río Rímac, lo que generaría un represamiento aproximado de cuatro millones de metros cúbicos de tierra y roca con una altura de 100 metros sobre el nivel del río”, indicó Cáceres López.

“Ese represamiento del cauce disminuirá el caudal y, como consecuencia, desabastecería a la población de Lima. El dique que se formó puede romperse en cualquier momento con cualquier aluvión y afectaría inmediatamente a Matucana, Chosica, Chaclacayo, la Planta de la Atarjea (que alimenta de agua a la capital), las centrales hidroeléctricas de Callahuanca y Huinco, parte del centro de Lima, parte de Callao, hasta llegar al mar”, detalló el ingeniero.

Eso no sería todo. Con la posible caída del relave, el río Rímac, principal fuente del recurso hídrico en la capital del Perú, se vería contaminado de componentes perjudiciales para la salud humana. “No solo el agua estaría fuera del consumo humano, sino que ésta inundaría a toda la ciudad. Con decir que no tendríamos Palacio de Gobierno ni la Municipalidad de Lima, por ejemplo, pues el huayco llegaría hasta allí”, avizoró Cáceres.

Riesgos latentes
Los relaves hacia el río Rímac se desplazan día a día, ahondando más el riesgo. Pero parece que el Estado no repara en que este sector es una zona de constante acción sísmica. Si bien no se puede determinar en cuánto tiempo puede suceder tan desalentador panorama, según el ingeniero sanitario puede darse por un sismo de regular intensidad que empeore el caso.

Un fuerte sismo puede producir el desplazamiento del cerro Tamboraque hacia el cauce del río Rímac, lo que generaría impactos ambientales muy graves que afectarían directamente a la ciudad de Lima.

De darse este caso, los riesgos serán irreversibles. Como la contaminación de las aguas del río Rímac, con concentraciones muy altas de metales pesados que la Planta de la Atarjea no podría remover, la contaminación del mar y su correspondiente fauna y flora, la contaminación de las zonas de cultivo que utilizan el agua del río Rímac o de pozo para el regadío y el desabastecimiento del agua para el uso cotidiano de la población. “De repente, ahora no se siente, pero cuando no se pueda lavar los platos en las casas o bañarse porque las aguas salen contaminadas, ahí se sentirá recién lo que, en algún momento, se pudo haber evitado”, expresó.

Antecedentes
La minera San Juan, que realiza sus actividades por el cerro Tamboraque desde el 2006, tuvo que paralizar su producción en mayo del 2008 porque el cerro presentó una falla que produjo numerosas grietas en las laderas, donde se ubican los depósitos de relaves.

Ese mismo año, el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) advirtió sobre el alto riesgo de deslizamiento de 638.000 toneladas de relaves mineros depositados en sus faldas. En ese sentido, remarcó que de precipitarse los desechos envenenarían las aguas del río Rímac dañarían inminentemente a las poblaciones aledañas y bloquearían la Carretera Central.

A su vez, recomendó la suspensión del riego de sus cultivos ya que afectaba la estabilidad de los suelos a la comunidad campesina de San Antonio, población que vive en la parte alta del cerro Tamboraque. Los pobladores no tuvieron reparos en cumplir con la medida pero los desechos mineros siempre siguieron a merced de la vida del cerro y de la misma población.

Nulo accionar del Estado
La crítica situación no hace más que preguntarnos: ¿qué ha hecho el Estado frente a esta constante bomba de tiempo? ¿Realmente se ha preocupado por detener lo que significaría una pérdida irreparable?

Para el 2008, el panorama en esta parte del país se presentaba más que desalentador. Por ello, el gobierno promulgó un decreto de emergencia, que declaraba el estado de emergencia del cerro Tamboraque por un período de 60 días. A partir del nacimiento de esta directiva, se creó el Comité de Crisis en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM).

Este decreto permitía que 15 instituciones del Estado se encarguen de ver todo sobre el riesgo que implicaba los relaves mineros sobre las faldas del Tamboraque.

“Hasta la fecha se han promulgado 13 decretos supremos en los que se ha prolongado el estado de emergencia. Pero eso nunca significó sacar los componentes químicos que habían producto de la actividad minera”, dijo Cáceres López.

El ingeniero recordó el Plan General de Contingencia del Cerro Tamboraque, que se había formado tras la declaratoria del estado de emergencia. “Este gobierno tenía el convencimiento de que el relave era un peligro. No por algo lo declaró en emergencia. Pero no se ha destinado el presupuesto adecuado para reducir el riesgo. ¿Cuánto se necesita? Según cálculos, serían unos cien millones de dólares”, afirmó.

El Plan General de Contingencia contempló, además, recomendaciones para Sedapal, el sistema abastecedor de agua. Entre ellas, especificó el diseño de la conducción alterna de las aguas del río Rímac, la elaboración de un estudio definitivo para el reforzamiento del talud con estructuras de retención, la puesta en marcha del Plan General de Contingencia, en el escenario probable del deslizamiento del cerro. Por último, la descontaminación de las aguas del río Rímac en los diferentes usos y en el abastecimiento de agua potable.

“Estas medidas que aún no se aplican deberían darse en el siguiente gobierno, quien no puede seguir haciendo caso omiso de este tema”, recalcó.

¿Soluciones?
Para el Comité Nacional de Salud Ambiental del Consejo Nacional de Salud, la solución al problema debe aplicarse sobre dos enfoques. “Retirar los relaves depositados en el cerro Tamboraque, y garantizar que ante un posible desplome del cerro, éste no afecte el libre desplazamiento de las aguas del río Rímac”, señaló.

Tamboraque: una muestra
Lo que sucede en Tamboraque es solo un muestreo de la situación de la actividad minera en el país: un Estado débil ante las empresas extranjeras, las que sacan el máximo provecho de nuestros recursos naturales, perjudicando a la población que vive en la zona aledaña a la minera.

La ausencia de leyes sobre el tema ambiental y social en el país es, a fin de cuentas, la madre del cordero para que se reduzcan los recursos naturales del Perú, tan ricos en diversidad.

En este caso específico de Tamboraque, realmente nos podemos quedar sin agua. No obstante, las autoridades se comportan pasivamente ante este inminentemente peligro.

De todas maneras, no hay porqué decir sobre el riesgo más tangible para reaccionar. La diversidad de terrenos y recursos que posee el Perú tiene que estar en agenda y priorizarla en sus políticas de Estado.


Gabriel Mazzei

Redacción


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