El retorno de los dinosaurios

El PRI vuelve al poder con Enrique Peña Nieto después de 12 años y recurriendo a métodos fraudulentos. Su regreso revive viejos fantasmas de sus 71 años en el poder.

Por Diario La Primera | 07 jul 2012 |    
El retorno de los dinosaurios
Vinculados a poderosos intereses económicos, Peña Nieto y el PRI, vuelven al poder.
MÉXICO EN CUIDADOS INTENSIVOS

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Hace pocos días se reveló que arrojó por las escaleras a su esposa, la actriz Angélica Rivera. Un texto en Twitter dio a conocer la noticia: “Enrique Peña Nieto, le propinó una severa golpiza a su esposa Angélica”. La autora era la actriz Laura Zapata.

No habrá retorno al pasado, dijo Enrique Peña Nieto tras conocer los primeros resultados electorales que lo presentaban como ganador de las elecciones mexicanas. Sus palabras fueron desmentidas rápidamente por la denuncia de compra de votos, en la que tanta experiencia tiene el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El temor de que el regreso del PRI se convierta en la restauración del autoritarismo y el retorno al régimen absolutista que prevaleció el siglo pasado, se tornó palpable tras las reiteradas denuncias de fraude. Pese a lo que diga, Peña Nieto es un hombre del viejo PRI, un partido que se basa en un sistema de lealtades, en el que el poder del dinero tiene la batuta.

El sistema político mexicano, aquel que Mario Vargas Llosa calificó como la “dictadura perfecta”, gira en torno a la distribución del presupuesto que manejan los gobernadores de los Estados. De acuerdo con Bernardo Barranco, las estructuras de gobierno son maquinarias aceitadas y disciplinadas; una burocracia bonapartista que somete a los demás las órdenes de gobierno, supedita el sistema legal a los intereses del Ejecutivo y garantiza la impunidad y la coacción social.



ATLACOMULCO
Peña Nieto forma parte del Grupo Atlacomulco, un semiclandestino clan de notables del PRI que tiene bajo su control el Estado de México y del que salieron por lo menos ocho gobernadores, incluyendo al propio “renovador” del partido. El clan tiene una gran cuota de poder, goza de extraordinaria experiencia política e incalculable capacidad financiera.

La historia reciente del Grupo Atlacomulco indica que no han cambiado mucho las cosas desde su fundación en la década del 40: el cacicazgo, el compadrazgo, la elección de un protegido, el encubrimiento, la mezcla de negocios personales con el manejo de la administración pública y otros métodos poco transparentes, han hecho de esta agrupación una de las más avezadas de la política mexicana.

De allí el respaldo de Televisa, del poder mediático y de los grupos de poder a Peña Nieto. Incluido el expresidente Vicente Fox, su socio en la masacre de Atenco, ocurrida el 4 de mayo de 2006, que constituye uno de los episodios más graves que haya vivido el país en la última década.

Todo comenzó con un simple desalojo de vendedores de flores del mercado municipal. Las cosas se pusieron graves cuando salieron a respaldarlos militantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, aquellos que habían impedido la construcción del nuevo aeropuerto internacional en la ciudad de México. Un negocio que a Fox le costó millones de dólares en comisiones.

La dimensión de la represión dio cuenta del odio visceral contra los manifestantes. Cerca de tres mil policías municipales y federales fueron enviados a aplastar la protesta. Dos muertos, centenas de detenidos, 206 torturados, 26 mujeres violadas, fue el saldo de la brutal represión.

Desde entonces, Peña Nieto fue reconocido como un personaje del sistema y convertido en candidato presidencial con el respaldo de Televisa y los grupos de poder. Sus seguidores lo ensalzaron: “Trae la política en la yema de los dedos; información en la sala primera del cerebro; y una carta de navegación en la mano”, comentó Ciro Gómez Leyva, comentarista del priísta Milenio.

Sus respuestas a las denuncias de fraude, dejan entrever su calaña: “El partido se apegó a Derecho y siguió un proceso transparente. El partido invirtió a lo largo de la campaña lo que la ley le permite”, dijo a BBC Mundo. Ni Alan García lo hubiera dicho mejor. Hace pocos días se reveló que arrojó por las escaleras a su esposa, la actriz Angélica Rivera. Un texto en Twitter dio a conocer la noticia: “Enrique Peña Nieto, le propinó una severa golpiza a su esposa Angélica”. La autora era la actriz Laura Zapata.

COMPRA DE VOTOS
La mejor muestra del poder del que gozan el PRI y Peña Nieto es la forma cómo se produjo la compra del voto en las recientes elecciones. Los medios dan cuenta de que la Organización Soriana, una red de centros comerciales, entregó un millón 800 mil tarjetas prepagos para los votantes del PRI.

Así fue como en los primeros días de la semana centenares de personas abarrotaron las tiendas de la cadena, por el temor de que se cancelara el pago por la venta de sus votos a favor del PRI. Familias enteras llegaron a la tienda a surtir su despensa con bolsas de frijol, arroz y aceite, cereales, colchones y electrodomésticos.

Las denuncias indican que la Organización Soriana recibió hasta mil 800 millones de pesos, lo que equivale al 60 por ciento de sus utilidades netas de 2011 para comprar el voto de los electores del Estado de México. Esos mil 800 millones de pesos superan el tope de gastos de campaña (336 millones) autorizado por el IFE a cada uno de los cuatro candidatos a la Presidencia. El cheque para cubrir esa voluminosa cantidad de dinero habría salido de la Secretaría de Finanzas de la Gobernación del Estado de México, liderada por Eruviel Ávila. El propio Ávila reconoció que entregó más de 170 mil tarjetas electrónicas, aunque aclaró que se entregó a estudiantes “que forman parte de las escoltas o bandas de guerra”.

De esta forma, los hechos demuestran que el “triunfo” del PRI corresponde al sistema clientelar del viejo partido. Ricardo Monreal, coordinador de la campaña de López Obrador, dio a conocer que a través de la financiera Monex se gastaron 168 millones de pesos, en cien mil tarjetas prepago.

Las denuncias de fraude fueron tomadas de forma circunstancial por el Instituto Federal Electoral (IFE), que presionado por las protestas se ánimo a revisar solo la mitad de las actas electorales. No es de extrañar, pues el IFE siempre estuvo controlado por los partidos sistémicos. La Alianza Cívica, que desplegó 500 observadores en 21 entidades, estimó que cerca de 30 por ciento de los sufragios emitidos fueron producto de la compra del voto o la coacción.

DERROTA POLÍTICA
Esas son algunas de las razones que explican como un partido derrotado en el año 2000 por su putrefacción puede retornar al poder 12 años después. Pero eso revela también el fracaso del Partido de Acción Nacional (PAN), conducido por el gerente de la Coca Cola, Vicente Fox, quien ante el repentino crecimiento de López Obrador, no tuvo reparos en liquidar a la candidata de su partido, Josefina Vázquez Mota, y anunciar que votaría por Peña Nieto. Sin duda, primaron más sus negocios que la lealtad partidaria. De allí que sus exseguidores reclamen ahora su expulsión del partido.

El fracaso del PAN no solo es consecuencia de la crisis económica, que se acrecienta día a día, sino del liberalismo extremo que acrecienta el número de pobres. A más de 10 años de la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, el número de mexicanos pobres asciende a 52 millones, el 46,2 por ciento de la población. Pero otras cifras más certeras aseguran que el número real es de 60 millones.

Otra de las razones del fracaso del PAN es la militarización de la lucha contra los carteles de la droga, que ya suma 60 mil muertos. Hace poco, el diario The Washington Post informó que Felipe Calderón planeaba abandonar el país tras concluir su gobierno, por temor a ser víctima de la violencia.

Una decisión nada ejemplar para quien inició la guerra contra las drogas, que fracasó estrepitosamente en estos años. La mejor prueba de eso es que el capo del cartel de Sinaloa, el “Chapo” Guzmán, se fugó de una cárcel de máxima seguridad y permanece en la clandestinidad con una fortuna personal de mil millones de dólares, que lo ubican entre los multimillonarios del mundo.

En este escenario, el partido que dominó la vida de México durante 71 años retorna al poder. Pero si intenta una “restauración autoritaria” deberá enfrentar a la oposición de las fuerzas de izquierda y de los jóvenes contestatarios de “Yo soy 132”, que no están dispuestos a un retorno al pasado.

Si Peña Nieto insiste en profundizar el neoliberalismo, en concluir con las reformas neoliberales truncadas por la oposición popular, así como la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) deberá enfrentar una creciente protesta popular que no quiere volver a los viejos tiempos, en que dominaban los dinosaurios.


Efraín Rúa
Editor de Mundo

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