El retorno fundamentalista

La errática política exterior de EEUU permite el resurgimiento de grupos como Al Qaeda que se creían en extinción tras la insurgencia de la “Primavera Árabe. Estados Unidos y las potencias occidentales han apoyado y alentado a las corrientes más extremas del islamismo que ahora ya no pueden controlar. La historia se repite, ¿casualidad o premeditación?

| 25 setiembre 2012 12:09 AM | Especial | 1.2k Lecturas
El retorno fundamentalista
La furia se apodera de este sector del mundo.
LA INOCENCIA DE LOS MUSULMANES

Más datos

El resurgimiento de las corrientes más sectarias del islamismo no se explica sin el apoyo de los Estados Unidos y de las potencias occidentales. El analista Marco D’eramo pregunta: “¿A quién han financiado en Libia y Siria los muy laicos occidentales si no a los varios salafistas, wahabíes, Hermandad Musulmana y otros representantes del confesionalismo islamista?

En Afganistán, luego de la invasión rusa en 1980, EEUU apoyó a los mujaidines contra los soviéticos sin prestar atención a su teología, y usó a Pakistán para que les suministrara armas. Cuando los mujaidin se convirtieron en el talibán y luego en Al Qaeda muchos se sorprendieron. Pero fue una creación de EEUU.
1284

Errores comunes de la guerra son subestimar al enemigo y sobreestimar las fuerzas propias. La lección no parece haber sido aprendida por Washington ni por las facciones de Al Qaeda, tal como lo demuestran los recientes acontecimientos producidos en Bengasi, Libia, tras la difusión de un video “La inocencia de los musulmanes” que parodia al profeta Mahoma.

Al recordar a los caídos en los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001, el presidente Barack Obama afirmó que el liderazgo de la red Al Qaeda había sido devastado y que su líder Osama bin Laden ya no era una amenaza para el país, tras ser ejecutado por sus fuerzas especiales.

Horas después el embajador norteamericano en Libia, Christopher Stevens, así como tres miembros de la embajada, murieron cuando el consulado norteamericano en Bengasi fue atacado e incendiado. Semanas antes de morir, Stevens había advertido a sus allegados que temía estar en la lista de objetivos de Al Qaeda, por su labor de zapa contra la dictadura de Muamar Gadafi, que cayó tras la acción de un conglomerado de fuerzas, en el que se encontraban las corrientes más dogmáticas del islamismo, los salafistas yihadistas, que reivindican el retorno a los orígenes del islam, con acciones violentas. A un año de la caída de Gadafi, Stevens temía por su vida.

LLAMADO A LA GUERRA
El ataque en Bengasi fue saludado por Al Qaeda en el Magreb Islámico. Una representación con sede en Argelia, que animó a los seguidores de la red en el mundo árabe a incrementar los ataques contra las misiones diplomáticas estadounidenses. “Nuestros pechos se hinchan complacidos y animados por el regalo de los musulmanes de Egipto, Libia, Túnez, Yemen y otros países del mundo musulmán”, señalaba el comunicado colgado en la web.

La facción llamaba a matar o expulsar a los embajadores norteamericanos y aseguraba que el ataque contra el consulado fue en venganza por el asesinato de su “número dos”, Abu Yehia al Libi, asesinado en junio, en Pakistán, en un ataque con un avión no tripulado de EEUU. El nuevo líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, llamó a vengar la muerte y dijo que Obama estaba tratando de engañar a los americanos, haciéndoles creer que derrotará a Al Qaeda matando a algunos líderes de la facción.

Tras la muerte del embajador, los norteamericanos debieron preguntarse cómo una organización en declive -cuyos rezagos estaban siendo barridos por jóvenes revolucionarios que luchan por la democratización en el mundo árabe y musulmán-, puede volver a insurgir. Cómo es qué los llamados “salafistas yihadistas” pueden convocar movilizaciones masivas que ponen en aprietos a regímenes de diverso signo.

Es que Al Qaeda intenta introducirse en los movimientos populares insurgentes, como ocurre con los revolucionarios sirios, sacando partido de problemas heredados de las viejas dictaduras: paro, miseria, represión sexual, bajos niveles culturales. Los salafistas yihadistas culpan de sus males a la influencia occidental, a la democracia y el laicismo, a la que acusan de “corromper la fe musulmana”.

De acuerdo a Santiago Alba Rico “el llamamiento de Al Qaeda a la ‘unión de los musulmanes’, atribuyéndose la acción de Bengasi, revela el interés “salafista” de sacar ventaja de la provocación antiislamista. Solo la resolución de tareas pendientes como la democratización del mundo musulmán, la soberanía regional frente al imperialismo y la liberación de Palestina, permitirían alejar el fantasma del retorno de La Base.



RÍO REVUELTO
Pero el intento de Al Qaeda y demás corrientes salafistas de pescar a río revuelto provocó la airada reacción de la población de Bengasi, que en un acto de repudio asaltó e incendió el cuartel de la milicia de Ansar al Charia, al grito de “La sangre de los mártires no fue vertida en vano”.

La violencia se intensificó en la noche del pasado viernes cuando centenas de habitantes se levantaron contra las milicias armadas que imponen la ley desde la caída de Gadafi y a las que se acusa de haber perpetrado la matanza en la embajada.

El resurgimiento de las corrientes más sectarias del islamismo no se explica sin el apoyo de los Estados Unidos y de las potencias occidentales. El analista Marco D’eramo pregunta: “¿A quién han financiado en Libia y Siria los muy laicos occidentales si no a los varios salafistas, wahabíes, Hermandad Musulmana y otros representantes del confesionalismo islamista? ¿Qué hace Occidente si no agitar e incitar al ‘choque de civilizaciones’ que dice aborrecer?”.

En Irak, la red actúa bajo el manto del Estado Islámico de Irak, que hace días asumió la autoría de una ola de atentados que causó la muerte de más de 90 personas. Al Qaeda aseguró que los ataques eran en venganza por la muerte de “almas puras” y las torturas a presos suníes en las cárceles iraquíes.

Los ataques tuvieron como objetivo “los puntos clave de la seguridad y de las milicias y de los seguidores del gobierno criminal”, como se refieren al Ejecutivo del chiíta Nuri al Maliki. Una vez más, el odio sectario y religioso es utilizado por las facciones como justificativo de la violencia.

Es claro que una tarea pendiente de los pueblos musulmanes es desarrollar una democracia secular. Y que la suerte de Stevens es una consecuencia lógica de la política norteamericana en los países árabes. Estados Unidos apoyó a los opositores a Gadafi, ayudó a Arabia Saudita y Qatar a enviar dinero y armas a los milicianos y ahora cosecha lo que sembró.

Ahora Washington apoya a la oposición siria contra el presidente Bachar al Asad, ayuda a Arabia Saudita y Qatar a enviar dinero y armas a los milicianos, entre los que se cuenta Al Qaeda, por lo que no puede fingir ingenuidad.

“Durante décadas, Washington impulsó dictaduras árabes y les dio armas; Saddam Hussein era uno de sus favoritos. Amábamos a Mubarak de Egipto, adorábamos a Ben Alí de Túnez, todavía tenemos un amor apasionado por los estados autocráticos del Golfo, y las gasolineras financian las revoluciones que elegimos apoyar, del mismo modo que durante al menos dos décadas le sonreímos a Hafez Aassad y, aunque por breve tiempo, a su hijo Bashar”, recuerda el periodista Robert Fisk, de The Independent.

Todo esto es historia antigua. En Afganistán, luego de la invasión rusa en 1980, EEUU apoyó a los mujaidines contra los soviéticos sin prestar atención a su teología, y usó a Pakistán para que les suministrara armas. Cuando los mujaidin se convirtieron en el talibán y luego en Al Qaeda muchos se sorprendieron. Pero fue una creación de EEUU.

Ahora la historia se repite. De ese modo se reaviva una red que se creía extinguida. Cuando fue asesinado, Osama bin Laden ya era cosa del pasado. Pero esa organización decidió aprovechar el caos; de allí el llamado de Al Qaeda a continuar las protestas contra el video sacrílego. De allí lo de Bengasi, opina Fisk.

LA YIHAD SIRIA
Claro está, no todos los que combaten a Asad en Siria son miembros de La Base. “En Siria hay mucho combatiente extranjero que viene a defender a sus hermanos; pero eso no quiere decir que todos seamos de Al Qaeda o seamos salafistas. Venimos a derrocar a Al Asad. Vosotros, los occidentales, os sentáis en una mesa a discutir resoluciones o sanciones mientras aquí sigue muriendo gente todos los días. En cambio, nuestros hermanos vienen a luchar y a morir a nuestro lado”, declaró uno de los voluntarios. “Si eso nos convierte en terroristas o yihadistas… perfecto, allá vosotros”.

Ahmed Haddad un joven venido desde Egipto, indica que “Al Qaeda es la creación de Osama bin Laden. La idea de una sola persona que no nos representa a todos los musulmanes”, aclara. De la misma opinión es Ferás, un joven libio: “Al final los países occidentales han conseguido con tanta palabrería y tanta diplomacia que grupos afines a Al Qaeda se infiltren en Siria para combatir en su particular yihad ensuciando la revolución de los sirios. No, esto no es una guerra de religiones; ésta es una guerra por la libertad de un pueblo”, sentencia. Ojalá sus palabras se conviertan pronto en realidad.


Efraín Rúa
Editor Mundo

Loading...


En este artículo:


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD