El rayo azul

Era un joven de 26 años, de nombre Mario Pinedo Gómez, hijo del gran reportero gráfico René Pinedo, colega amigo, mi compañero de tantas jornadas en busca de la noticia.

| 28 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 2.1k Lecturas
El rayo azul
EL OJO HUMANO

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Una noche, mientras trataba de dormir auxiliado por las poderosas drogas que los doctores suministran en estos casos, escuchó un sordo rumor, al otro lado de la puerta de entrada del pabellón. Aguzando la vista, vio entrar a una extraña procesión de monjes-o algo así.
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Un día, este muchacho a quien todos los periodistas conocíamos desde niño, cayó enfermo. Y el aterrador diagnóstico de los doctores, describió una tumoración cancerosa, que no solo invadía sus testículos, sino que había hecho metástasis, afectando totalmente ambos riñones.

Y entonces, pues, agotado el calvario de la quimio y la radiación, Mario fue derivado al “Pabellón de Terminales”, del Instituto de Enfermedades Neoplásicas.

En otras palabras, lo instalaron en la antesala de la muerte.

Desde la alta ventana del piso que compartía con otros desventurados, Mario veía a lo lejos el letrero luminoso de una pizzería y hablando en secreto con Dios, le decía:”Señor, ayúdame a sanar, para poder comer mi pizza”.

-Y en su sencillez juvenil, el desahuciado mezclaba la plegaria con el natural deseo de retornar al perdido hambre, común y natural de todos los humanos.

Una noche, mientras trataba de dormir auxiliado por las poderosas drogas que los doctores suministran en estos casos, escuchó un sordo rumor, al otro lado de la puerta de entrada del pabellón. Aguzando la vista, vio entrar a una extraña procesión de monjes -o algo así- que enarbolando gruesas velas, caminaban lentamente al tiempo de musitar en desconocido idioma, lo que parecía ser una oración.

-“En ese momento, yo sentí inmensas ganas de ponerme a rezar -me contaría más tarde– y jalándome de los talones, ya que no podía incorporarme, pues el intentarlo me causaba un dolor que solo de recordarlo me hace brotar las lágrimas. Así llegué a los pies de la cama, para chorrearme hasta el suelo, donde caí de rodillas. Entonces, aunque no entendía el murmullo de los monjes aparecidos, empecé a rezar el Padrenuestro con toda mi alma. El misterioso grupo avanzó hasta la puerta de salida y, antes de trasponerla, uno de los monjes se volvió hacia mí y levantando el brazo me bendijo, clavándome una mirada, como de fuego, que no olvidaré jamás. Entonces sentí un gran estremecimiento como si me fulminara un rayo azul y perdí el conocimiento”- relataba en su peculiar estilo.

-“A la mañana siguiente, la jefa de enfermas me dijo de todo. ¿Qué te has creído? Que somos tus sirvientas. Ahorita mismo te vamos a amarrar para que no vuelvas a tirarte de la cama”- me gritó. Luego, con ayuda de otra enfermera, me subieron a mi sitio y sí pues, me amarraron con unas gruesas vendas, además de decirme mi vida en colores”.

-Entre tanto, el padre de Mario había viajado hasta su natal Huaraz, a encomendar a su desahuciado hijo al “Señor de la Soledad”, patrón de los huaracinos.

A su regreso, encontró a toda la familia a la puerta del nosocomio y eso le hizo presagiar que su hijo querido, sencillamente había muerto, a pesar de sus oraciones.

Pero no. La familia le informó que los doctores estaban botando a Mario, diciéndole:”Oye, cojudo, tu estás más sano que nosotros, vete a tu casa y no ocupes el sitio que otros necesitan”.

-Estaba increíblemente curado, por lo cual todos dieron gracias a Dios, llevándose al exenfermo a que comiera su pizza, loco de contento.

-“Remisión espontánea”- explicaron los doctores y se acabó la fiesta.

Más bien, no. Al partir, Mario se levantó de pasache a la bella enfermerita Pamela, con quien vive una prolongada y dichosa luna de miel a la vuelta de mi jato.

¡Viva Dios, la quimio, los rayos de cualquier color, o… el sistema inmunológico de la gente con tremenda fe capaz de mover montañas!

En fin, lo que ustedes prefieran.

Como para creer en los milagros, oiga usted.

El otro caso, es el del gran artista y mejor amigo Fernando de Soria, a quien le diagnosticaron cáncer a los ganglios. El querido Fernando, asistido amorosamente por su esposa ,la actriz Ruth Razzeto, bebía a diario litros de noni, en tanto, los doctores, le ofrecían “calidad de vida”,como quien dice, “para que te mueras tranquilo”, si bien él nunca aceptó que fuera a morirse.

-“Hermano. Tú me has conocido en mi faceta bohemia y quizás no lo sepas, pero yo, siempre he sido un hombre de fe - me dijo, cuando fui a reportearlo tras su asombrosa recuperación.

- Aquí, desde mi ventana, se ve la cúpula de la Iglesia de la Virgen de Fátima y yo, cada mañana, rezaba de rodillas diciéndole a la Virgen: Madre mía, cúbreme con tu manto. Y la emoción me bañaba en llanto, hasta que de pronto, una mañana, sentí un fogonazo, como un rayo azul que me fulminó y me hizo caer desmayado.

Mi mujer creyó que me había muerto y en su desesperación, llamó a los bomberos, mientras me presionaba el pecho como loca, alucinando que me resucitaba. Cuando los paramédicos me reanimaron, sentí una gran sensación de hambre, cosa que no experimentaba desde hacía largo tiempo.

Después, los especialistas comprobaron mi total recuperación. Para mi fue un milagro de La Virgen de Fátima. Una señal de que Dios todavía me tiene asignadas otras tareas, en este lado de la vida. En fin. Yo aconsejo a todos los enfermos que sigan las indicaciones de los médicos, pero que jamás dejen de rezar, con todas las fuerzas de su Fe. Ahora, yo he vuelto a trabajar en obras de teatro y a veces, comparto el show, con mi hijo Jean Paul Strauss, que estuvo todo el tiempo a mi lado. Y si, pues. A veces bailo en escena “El Mambo de Machaguay”. ¿Qué te parece?

Espero que estas historias, absolutamente verdaderas, enriquezcan la esperanza en la mayor cantidad de enfermos a los que se hagan llegar estas modestas líneas. Que fortalezcan la fe de los creyentes y hagan llegar la luz del poder supremo, a quienes se permitan dudar de la magnificencia del “Rayo Azul”.

¡Que Dios los bendiga a todos!


César Augusto Dávila
Colaborador


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