El racismo en Alemania reunificada

En estos días se recuerda en Alemania, y especialmente en la ciudad nororiental de Rostock, la acciones de violencia racista contra inmigrantes, los días de agosto hace 20 años atrás en que una masa encolerizada de alemanes, al inicio, junto a neonazis extremistas de derecha después, incendiaron la residencia central para refugiados políticos y la residencia de ciudadanos vietnamitas, contratados por el exgobierno de la RDA para trabajar en este país, poniendo en riesgo la vida de cientos de seres humanos.

Por Diario La Primera | 29 ago 2012 |    
EL POGROMO DE LICHTENHAGEN

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Existe una comisión parlamentaria investigadora en el parlamento alemán (Bundestag) que se ocupa del esclarecimiento de estos actos terroristas y el papel de Estado, que al parecer solo ha mirado a la izquierda tapándose el ojo derecho, en el combate a la violencia racista de extrema derecha.

Estos actos se conocen como el Pogromo de Lichtenhagen, el intento de linchamiento multitudinario a inmigrantes y gentes que buscaban refugio, los actos incendiarios y violentos de varios días, que solamente gracias a un milagro no terminó con asesinatos y muertes, los mismos que se han convertido en un trauma para los ciudadanos de esta ciudad impregnando para siempre su historia reciente.

Lichtenhagen, un barrio popular compuesto por un complejo de departamentos habitados por trabajadores y privilegiados en el tiempo de la RDA, fue el escenario de este Pogromo que también ha pasado a la historia como una verguenza y como la primera derrota de la democracia y el Estado de derecho de la Alemania reunificada. Hubo un momento decisivo en estos actos en el que el Estado perdió el monopolio de la violencia y se lo dejó a la masa racista encolerizada y a los extremistas de derecha. Las nuevas instituciones democráticas, estructuradas después de la desaparición de la RDA, tanto a nivel comunal como a nivel de Estado federal no estuvieron a la altura para solucionar este conflicto y se cometieron errores decisivos que coadyuvaron a la explosión racista.

Sin embargo, los acontecimientos de Lichtenhagen son junto a los atentados incendiarios y ataques a inmigrantes acontecidos en las ciudades de Mölln, Solingen, Hoyerswerda y muchos otros, con pérdida de vidas humanas, son solamente una parte de la violencia racista y de extrema derecha en Alemania. La punta del iceberg de la violencia racista son los asesinatos terroristas, hasta ahora no completamente esclarecidos, de la célula terrorista NSU de los últimos 10 años. Asesinatos premeditados y planificados que el Estado increíblemente por 10 años no pudo aclarar. La aclaración completa de estos atentados cobardes y la relación del partido neonazi NPD y la célula terrorista NSU y del terror Neonazi en Alemania están pendientes. Existe una comisión parlamentaria investigadora en el parlamento alemán (Bundestag) que se ocupa del esclarecimiento de estos actos terroristas y el papel del Estado, que al parecer solo ha mirado a la izquierda tapándose el ojo derecho, en el combate a la violencia racista de extrema derecha.

Las organizaciones de inmigrantes en Alemania exigen un esclarecimiento relativamente rápido de estos actos terroristas y que se culpen a los actores intelectuales y a todos aquellos que estuvieron vinculados y ayudaron a la banda terrorista. Las organizaciones de inmigrantes no quieren que se repitan las fallas en el esclarecimiento de las causas y hechos de Lichtenhagen. Su aclaración jurídica duró 10 años con irrisorios resultados: 3 penas de cárcel y 3 de libertad condicional.

Curiosamente, como durante las investigaciones sobre Lichtenhagen, se han destruido documentos y materiales aclarativos en los órganos encargados de combatir el extremismo e investigar los actos terroristas de la célula neonazi NSU como el “Verfassungsschutz”, autoridad adjunta al ministerio del Interior encargada de defender la constitución e investigar todo tipo de extremismo, lo que ha sido un escándalo y condujo a la renuncia de su presidente.

Por otro lado, las organizaciones de inmigrantes temen que otra vez no se señale a los culpables políticos de la manera ineficiente y catastrófica cómo se ha tratado al terrorismo neonazi y la violencia racista en los últimos años. Se acuerdan que como resultado de la investigaciones de los acontecimientos de Lichtenhagen no se señaló a los responsables políticos, no hubo renuncias, y entre los diferentes niveles de poder se echaban la culpa como en un juego de ping pong.

A medida que pasa el tiempo y que se descubren nuevas informaciones y en base a nuevos estudios indican o dan a entender que los acontecimientos de Lichtenhagen fueron escenificados por motivos políticos, que los inmigrantes y ciudadanos de esta ciudad fueron utilizados como carne de cañon de batallas políticas. En el año 1992 se discutía en el parlamento alemán la modificación del artículo 16 de la Constitución sobre el derecho de asilo político. En ese momento los conservadores dirigían su discurso bajo el lema “el barco está lleno”, es decir que si seguían llegando más refugiados y gente en busca de asilo, especialmente del Este de Europa, el barco, osea Alemania, se hundiría. Esto por supuesto causó temor en muchos alemanes y los conservadores de todo tipo utilizaron esto populistamente.

Solamente después de los acontecimientos de Lichtenhagen los conservadores pudieron presionar y convencer a los socialdemócratas y así conseguir una mayoría en el parlamento y la modificación de la Constitución. Desde ese momento, se redujo drásticamente la cantidad, el flujo de solicitantes de asilo político en Alemania. Se implantó la regulación de que solamente se puede otorgar asilo a aquella persona que llegue a Alemania directamente y no a través de un tercer país. Alemania está rodeada de países relativamente estables. Es decir si uno ingresa a través de Polonia a Alemania, no puede pedir Asilo en Alemania sino lo debe hacer en Polonia. De tal forma, que la historia de la violencia de extrema derecha y el papel del Estado en su combate en los últimos 20 años debe escribirse nuevamente y los acontecimientos de Lichtenhagen solamente son un capítulo importante de esta historia.



Desde el punto de vista de la mayoría de inmigrantes y en base a las lecciones de Lichtenhagen y muchos tantos hechos, el partido neonazi NPD – Partido Nacionalista Democrático alemán debería haber sido prohibido hace muchos años, pero curiosamente ha sido tolerado y permitido su desarrollo por varios años por la mayoría de la clase política de este país. Algunos de sus representantes se aferran al argumento de que con “la prohibición no se resolverá el problema”. Esta canción la vienen repitiendo años. Claro, se sabe que con la prohibición no se resolverá el problema, pero eso sí, es un paso importante, una parte significativa en la estrategia global del combate al extremismo de derecha. El esclarecimiento, la confrontación con las ideas rasistas y extremistas de derecha tendrán que realizarse por muchos años y con mucho trabajo pedagógico porque el problema está en las mentes de muchas personas. Es verdad que los pensamientos no se pueden prohibir, pero sí las acciones, sobre todo aquellas que se dirigen contra la dignidad de los ciudadanos.

El problema tiene un nombre: el racismo. El problema, dirían otros, tiene sus raíces en el racismo. Este racismo, herencia de la esclavitud y de neocolonialismo es un cáncer de la sociedad contemporánea, que se expande por todo el mundo unas veces de manera abierta y brutal, otras veces de manera muy sofisticada y refinada. En Alemania, como de seguro en otros países, es una enfermedad que se encuentra en el medio de la sociedad, no es una enfermedad exclusiva de los sectores marginales. Tampoco depende, como desmuestran nuevos estudios, del nivel de educación.

Tanto a la clase política como a la sociedad alemana se les hace difícil tratar las cuestiones del racismo y la violencia racista. Hay gente que prefiere no hablar del asunto, no recordar, no advertir ni siquiera esclarificar los hechos vergonzozos racistas. Tratan de desplazar a un lado muy lejano de sus mentes el recuerdo de estos acontecimientos. Esta actitud se observa todavía también en relación al nazismo y a las catástrofes humanas causadas por el nacional socialismo hitleriano. Un sentimiento de culpa del cual se prefiere no hablar. Por eso tal vez, se explique en parte, porqué hasta ahora no hay ni siquiera una placa recordatoria o un monumento que recuerde, advierta y esclarezca a las futuras generaciones de los vergonzozos hechos de Lichtenhagen. Cambiar el nombre de una calle en recuerdo a una víctima del terror neonazi, como demuestra la experiencia reciente en Rostock, tampoco es fácil.

Sin embargo, estos días de recuerdo de los acontecimientos en Lichtenhagen, en la que se han realizado diferentes actividades, discusiones y manifestaciones con miles de ciudadanos en contra del racismo y el extremismo de derecha por mejores condiciones de vida para los asilados políticos, de solidaridad con los más debiles de la sociedad, dan esperanza y valentía para seguir combatiendo a este flagelo llamado: racismo.

El presidente de la República Federal Alemana, Joachim Gauck, en su discurso, precisamente en el lugar de los hechos racistas de Lichtenhagen dijo dirigiéndose a los partidos ultraderechistas y racistas: “Donde Uds. actúen, nosotros les haremos frente”. Estas palabras nos hacen recordar la frase “No pasarán”. Y solamente una mayoría democrática activa podrá hacer frente al ultraderechismo neonazi de una forma exitosa. Los inmigrantes que viven en Alemania esperan cambios y acciones políticas concretas que permitan una mejor y pacífica convivencia entre personas de diferente procedencia, cultura y religión.


Rubén Cárdenas Carbajal
Colaborador


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