El problema número uno en China

La corrupción corroe al Partido Comunista Chino y amenaza la estabilidad de la segunda mayor potencia del mundo, un tema que merece la atención del XVIII Congreso que se realiza en estos días y que elegirá al nuevo secretario general y futuro presidente de China.

| 10 noviembre 2012 12:11 AM | Especial | 1.1k Lecturas
El problema número uno en China
El saliente presidente de China, Hu Jintao, advierte que la corrupción puede devorar el modelo chino.
LA CORRUPCIÓN
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Dos años después de la instauración de la República Popular China, en 1951, el líder del Partido Comunista, Mao Tse Tung, advertía del “peligrosísimo fenómeno de la corrosión” por culpa de la descomposición interna y llamaba a poner mano firme contra el fenómeno en su escrito sobre “La lucha contra los tres males y los cinco males”.

Un texto que muchos desencantados comunistas deben haber releído ahora que se realiza el XVIII Congreso del Partido, cuyos prolegómenos dejaron en evidencia que la organización que creara Mao sobre la base de células de obreros, campesinos y estudiantes, está corroída por la corrupción, un tema que centra los debates en el evento que se inició hace dos días en el Palacio del Pueblo.

WEN ACUSADO
Como pocas veces, el cónclave del partido que se celebra cada cinco años develó las luchas de poder interno, la putrefacción y el descontento del pueblo frente a dirigentes que se olvidaron de los postulados del marxismo para privilegiar intereses privados antes que sociales. Desde el impoluto primer ministro Wen Jiabao, pasando por el último de los maoístas Bo Xilai, los miembros del Politburó estuvieron en el ojo de la tormenta, un vendaval que amenaza generar fisuras en el fortificado aparato de poder.

La expulsión de Bo Xilai, exsecretario del PCCh en la municipalidad de Chongqing, que va a ser juzgado por corrupción, abuso de poder, sobornos e intentar ocultar el asesinato de un ciudadano británico por parte de su mujer, marca un punto de inflexión por sus repercusiones. No es casual que tras su expulsión, los negocios familiares de Wen Jiabao hayan salido a la luz pública dejando en evidencia el poder económico de los líderes chinos.

Tras la revelación, Wen reclamó una investigación interna sobre las acusaciones realizadas por The New York Times contra su familia, a la que acusan de poseer una fortuna de 2.700 millones de dólares. Personajes de su entorno afirman que el primer ministro busca impulsar una ley congelada hace tiempo que obligaría a los líderes del partido a hacer públicos sus activos familiares.

Una ley improbable de aprobar. El profesor He Weifang, experto en Derecho de la Universidad de Pekín, duda que los dirigentes quieran ir tan lejos. “Incluso si Wen quiere declarar sus activos, no creo que otros altos líderes, que pueden tener ellos mismos fortunas ocultas, le permitan ir adelante, dadas las explosivas repercusiones sociales”, dijo.

En Pekín, pocos dudan de esta premisa. En marzo pasado, un joven playboy estrelló su Ferrari acompañado de dos jóvenes semidesnudas. El accidente fue silenciado por la prensa y se ignoraba el nombre del conductor, hasta que se reveló que era hijo de Ling Jihua, un estrecho asesor del jefe de Estado y director de la oficina general del Comité Central. Muchos preguntaron entonces ¿cómo podía su hijo permitirse un lujo valorado en medio millón de euros? La denuncia le costó el cargo al padre.

LIMPIEZA
Casi 61 años después, el escrito de Mao vuelve a tener vigencia inusitada: “La lucha contra la corrupción administrativa y el despilfarro constituye un asunto de gran importancia para todo el Partido; ya les hemos dicho a ustedes que le presten seria atención. Necesitamos una buena limpieza en todo el Partido, limpieza en la que se pongan completamente al descubierto todos los casos de corrupción administrativa, sea grande, mediana o pequeña su gravedad, dirigiendo el golpe principal contra los mayores culpables...”.

Pero sus palabras fueron olvidadas durante la aplicación de las políticas liberales de desarrollo en los últimos 30 años. Políticas que dejaron su huella y permitieron que las fuerzas de la burguesía se infiltraran dentro de la estructura de poder. Hace poco se conoció que Neil Heywood, el empresario asesinado por Gu Kailai, la esposa de Bo Xilai, era en realidad un espía de la inteligencia británica.

La real es que la infiltración tiene lazos muy grandes. Se sabe que en el país de los “guanxi” (contactos), los bancos más exitosos tienen personal dedicado a trazar los árboles genealógicos de los dirigentes, exdirigentes y altos funcionarios para organizar sus carteras de clientes y de sus empleados.

Según The Sydney Morning Herald, si Wen Yunsong, el hijo del primer ministro Wen Jiabao, dirige uno de los fondos privados de acciones más solventes, el hijo de Wu Bangguo -presidente de la Asamblea Popular Nacional-, dirige un fondo de inversión ligado a la compañía estatal de energía nuclear. La hija de Li Chanchun, jefe de propaganda del partido, trabaja en una filial de inversión del Banco de China y varios bancos extranjeros han contratado a familiares de Wang Qishang, quien ascenderá a miembro del Comité Permanente del Politburó. No son los únicos. El hijo de Zhu Rongji (exprimer ministro) dirige China International Capital Corp. y colocó a su lado a la hija de Shang Fulin (exsupervisor de la Bolsa de China). La nieta de Hu Yaobang (exsecretario general del PCCh), Janice Hu, es la presidenta para China de Credit Suisse.


Xi Jinping, considerado uno de los príncipes de la nomenclatura del Partido Comunista Chino, será el futuro presidente de esa potencia.

LOS PRÍNCIPES
Todos los analistas coinciden en que los llamados “príncipes” o descendientes de los exdirigentes del partido, ascenderán al poder en este XVIII Congreso. Xi Jinping, que la semana próxima sustituirá a Hu Jintao como secretario general del PCCh, encabeza la larga lista de hijos de la nomenclatura que por razones dinásticas copan los cargos de máxima responsabilidad del partido, del Estado, de las regiones, los bancos, las finanzas, las grandes empresas estatales e incluso algunas de las mayores compañías privadas de China.

En el seno del pueblo existe un creciente malestar por los privilegios de los príncipes. Hasta el propio Diario del Pueblo (Renmin Ribao), órgano de difusión del PCCh, se hizo eco del descontento al revelar que el 91% de los encuestados consideró que “todas las familias ricas de China proceden de la política”. Y en un foro organizado por el mismo Renmin Ribao, el ex auditor general Lin Jihua aseguraba que “muchos de los problemas de corrupción se organizan a través de los hijos e hijas”.

Además de los príncipes o herederos, los miembros del próximo Comité Permanente del Politburó están vinculados a la facción de la Liga de la Juventud Comunista o a la facción de Shanghái, de Jian Zemin. La Liga, el grupo central, encabezado por Hu Jintao, mantiene la conducción por lo que no se esperan cambios políticos radicales a corto plazo. Los líderes entrantes seguirán apelando al desarrollo económico y al nacionalismo para legitimar el monopolio político del Partido.

En Pekín, el mandato de Hu es descrito como una oportunidad perdida para atender añejos problemas. “No sabíamos que Hu terminaría siendo tan conservador”, señaló Wu Jiaxiang, un ex investigador del partido que se volvió empresario. Wu dice que se desencantó con Hu desde el cierre de los sitios liberales en Internet en 2005.

En su discurso de despedida ante el Congreso, Hu aseguró que el partido está dispuesto a llevar a cabo reformas en su estructura política para profundizar la democracia del pueblo, pero dentro de un “socialismo con características chinas” que en las últimas tres décadas combinó liberalismo económico y el monopolio del poder en manos del partido. Sus menciones a la democracia contrastan con la regresión en el tema de los derechos humanos, el aumento de la censura, la represión y la detención del Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, en la cárcel desde 2008.

Más allá de las libertades políticas, el grueso del pueblo chino se queja por la contaminación, la pérdida de sus tierras o porque no les pagan los subsidios que les prometieron como compensación por la contaminación. Wang Yuqing, ex jefe del Ministerio de Medio Ambiente, estimó que la suma de los problemas ambientales, incluida la deforestación, tenía un costo anual de entre el 5% y el 6% del PIB.

Sean cuales sean los elegidos en el Congreso, ellos deberán atender las crecientes demandas sociales en contra de los privilegios, las injusticias sociales, así como la limpieza ambiental. Si eso no ocurre el poder de los nuevos emperadores chinos estará bajo riesgo. Lo admitió el propio Hu al declarar que si el partido no es capaz de resolver el problema de la corrupción, su error podría provocar “el derrumbe del partido y la caída del Estado”. Están advertidos.


Efraín Rúa
Editor Mundo


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