El preso como negocio

Desde aquellos lejanos días en que el tayta José María escribiera “El Sexto” y el ex joven aprista Juan Seoane, se esmerara en “Hombres y Rejas”, si algo ha cambiado en los presidios del Perú, esto ha sido para peor, o dicho de otro modo las antiguas “universidades del delito”, ahora dispensan esa suerte de maestrías, post masters o cualquiera de las tangas que usan para satisfacer su vanidad o enriquecer su C.V. aquellos que jamás aprenderán el oficio en sus reales dimensiones.

| 16 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 3.3k Lecturas
El preso como negocio 3344

Claro. Si han tenido que estudiar tanto de lo mismo, es porque seguramente, son muy brutos.

En las peruvian canas, siguen campeando los “capazotes”, “caporales” o “batuteros”, los privilegiados “charlies”, los salvajes “mataporgusto” y, desde luego, los “lacras” que a veces sirven como “limpieceros”, además de los “paqueteros”, suerte de baja policía en tales lugares donde no hay ninguna otra.

Y como todos los submundos, el de la cana, tiene su “orga” bien acomodada. Es decir, un “establishment”, donde la regla de oro, es: “quien tiene el oro, hace la regla”.- Y lo demás, es una triste excepción, como los maricas sin marido bravo, que deben dormir en “La Capilla”, para que no se anden quejando a gritos a medianoche, o armen barullo por cuestión de celos o arrebato de cliente, cosa que también pasa, compadrito.

La cana, es la cana, como la “U” es la “U”, según el filósofo “Puma” Carraza. Y la cana cuesta, como me informó un importante empresario que tuvo un fugaz paso por las instalaciones de la Dircote, -saludo a la bandera, mi estimado- quien me comentó sorbiendo un whisky: “he conocido mejores hoteles, claro. Este era, digamos, un tres estrellas, donde cada tarde preguntaba: “muchachos, ¿Qué quieren comer?”- Y entonces, mandaba por pollo a la brasa, chifa, o lo que pidiera el público, para en la nochecita, pasar al dormitorio del coronel que gentilmente me cedía dichas instalaciones durante los quince o veinte días que permanecí en el establecimiento, como invitado, digamos”.

-Pero ya, a otro nivel, para los cuidacana, de rey a paje, “el preso es un negocio”.

Desde que llega, es calificado y desde luego, valorizado. En seguida las, digamos, “autoridades”, sabrán qué clase de cliente es y que trato debe recibir en consecuencia.

Un choro cualquiera, pero que tiene su “caleta” o su “guardao”, podrá pagar por el derecho a dormir en catre, con frazada y quien sabe hasta con guardaespaldas.

Ya después se le podrá vender comida del kiosko -para que no pase paila- y quizás, ya, en palabras mayores, estará en capacidad de comprar un celular con varios chips, para que siga “generando” (es decir, coordinando secuestros, atracos o “apretones”), pues de otro modo, podría dejar de ser negocio. También se le puede negociar “máquina” (pistola, o chimpún, arregladito sin número en Las Malvinas).

Otra cosa es, si el pata tiene “carretaje” adentro. O sea, tipos de su misma calaña, barrio o collera, ya organizados en banda, para vender drogas, chicha canera, o cosas más finas y además protegerlo de “faites” o “apretadores” que como sucedió en “Piedras Gordas” con Johnny Vásquez Carty (a) “La Gata”, le saquen a la brava una fuerte cantidad de dólares a cambio de su tranquilidad o incluso su vida. Y eso, que el mencionado “sequero” (secuestrador), era yunta de Manuel Francia Pesaque “Negro Francia”, pero “El Cojo Mame” estaba arreglado con las “autoridades” y entonces, el ex policía tuvo que aflojar caballero nomás, veinte mil dólares de su “guardao” ya que sabía lo que podría pasarle entre gente que incluso había mandado matar a un Director de cana que se les puso flamenco… y no pasó nada, compadre.

Y así va subiendo la escala, hasta llegar naturalmente al piso de los “Charlies”- narcotraficantes, o “burriers” extranjeros bien respaldados por sus “empleadores” en el transporte, para que mantengan la rica boca cerradita, o -en general- gente de dinero.

Estos personajes -como “El Ingeniero” Tijero, por ejemplo- sólo sufren la limitación de sus movimientos en el exterior, porque adentro gozan de todas las gollerías que es posible imaginar. Tele a colores, droga fina, comidita de casa, o restaurantes fichos, visita de esas “modelitos” que publicitan sus servicios en los “merciocos”, muchas de ellas, caseritas del “Cholo Jacinto” que ahora veranea en Challapalca y cositas así.

Eso explica, las sonrisas de “Juver” y aun las groserías del “Cholo Payet”, cuando alguien dice que pasarán no sé cuantos años tras las rejas.

Ellos saben que la prisión, es un infierno para el delincuente ocasional, para el que metió la mano como aficionado, o para el que estuvo en el lugar equivocado, en el mal momento.

Pero para la gente de avería, la cana es sólo “un accidente de trabajo” o un eventual cambio de ambiente. Algo que durará cierto tiempo, o se arreglará con plata, un buen boga y por supuesto, un juez comercial, como los que libraron al apagón a Olluquito junior hace unas semanitas nomás.

Esta es más o menos la realidad condicionada por la gravísima corrupción de nuestro tejido social. Algo que no se puede solucionar sólo con buenas intenciones, ni con la varita mágica de ningún otorongo Mandrake.

Hasta hace algunos años, yo estaba en contra de la pena de muerte. Incluso participé en seminarios sobre tan picante tema y contribuí a la redacción de dos o tres libros referidos al asunto.

Ahora, mejor no me pregunten. Además, si digo que el país necesita una total reestructuración, las buenas y “decentes” conciencias, van a decir de mí, cosas que ya han dicho antes y que en este pacato reino del cojudismo, se aplican a quien canta claro las verdades y siempre ha batallado por un gran cambio.

Acá se dice, por ejemplo, que la pena de muerte no reduce la incidencia del delito, sin considerar que los desajustes sociales, siguen incorporando cien reclutas a los ejércitos del delito por cada uno que ya no podrá delinquir desde el más allá, salvo mejor o más ilustrado criterio.

Otros creen que todo se arreglará licenciando a la tombería corrupta, que sobre el pucho, pasaría- digo, si alguien llega a hacer realidad tal desatino - a engrosar las más peligrosas filas de los profesionales del delito, si acaso, no han hecho ya, por ahí, como jugando, su par de kekos chuecos.

Se afirma que la pena de muerte no disuade al delincuente. Y yo recuerdo como si fuera ayer, cómo palidecían los asesinos Mario Borsi Globas y Agostino Rizaletti -que degollaron al chofer Eusebio Villón, para robarle veintiocho soles -, cuando los caneros viejos por burlarse de su terror, les gritaban que se iba a reimplantar la pena de muerte.- “!Bachiches…los dos van a ir al palo!”- era la voz, que, los hacía estremecer de pies a cabeza. A mí que no me lo cuenten.

Y por último, hay judokos de todos los sexos y pesos, que argumentan que “sólo Diosito, Tata Lindo, puede dar y quitar la vida”.- Bueno. Eso sería bacán que alguien se lo explicara a los asesinos, por ejemplo.

Acude a mi mente, la genial caracterización de Sir Charles Laughton, encarnando al Capitán Bligth en “El Motín del Caine”.Contemplando a tres amotinados que colgaban de los palos más altos del navío, un grumete, le dice al citado Capi. –“Me temo, señor, que nos hemos excedido al tomar justicia”.- A lo cual, el recorrido marino responde: “Yo sólo te digo una cosa, my son. Ninguno de estos trujamanes, volverá a cometer una tropelía”.

-Y eso, es algo de lo cual, yo también estaría seguro. Tanto como para afirmar que psicópatas, como “Loco David” o “Cholo Payet”, no conocen ni sienten, amor, compasión, asco o remordimiento.

Disponen de dinero y familiares complacientes, lo cual, los hace triplemente más peligrosos. Más ahora, considerando que “el preso es un negocio”.

Yo sé porqué lo digo. Más sabe El Diablo.


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