El planeta en peligro

Durante años la negociación del clima ha estado muy polarizada: países desarrollados contra países en desarrollo. Kioto dividió al mundo entre los que tenían obligaciones y los que no. Quince años después, trazar esa línea es mucho más complejo.

| 22 diciembre 2012 12:12 AM | Especial | 1.1k Lecturas
El planeta en peligro
Las emisiones de dióxido de carbono de los países industrializados está acelerando el aumento de la temperatura de la Tierra. La batalla por limitar ese aumento se está perdiendo.
EL CAMBIO CLIMÁTICO SE AGRAVA

Más datos

El mundo debería estar en terapia, pero no lo está, no se percibe la urgencia de cumplir con los compromisos vinculantes. Seguimos jugando desaprensivamente con el planeta, sin entender que los problemas ambientales exigen soluciones efectivas globales.

El cambio climático se agrava a un ritmo mayor al previsto por los científicos más pesimistas que vaticinan escenarios apocalípticos. La temperatura de la Tierra aumentaría hasta 5 grados centígrados. La meta de limitar el aumento a solo 2 grados Celsius, podría estar fuera del alcance. Podríamos estar estancados en un aumento de 4 a 6 grados.
1193

En el 2011, los países que emiten más dióxido de carbono son China (28% del total mundial), Estados Unidos (16%), la Unión Europea (11%) e India (7%). Brasil se apunta con 1,4% de las emisiones. Doha ha modificado la estructura de las negociaciones, pues antes los diferentes grupos de trabajo hacían una distinción radical entre países desarrollados y en vías en desarrollo. Ahora un único foro de negociación para todos será la plataforma de Durban.

La 18a. Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, eligió Doha, capital del emirato de Qatar, un país pequeño, pero extremadamente rico y el mayor emisor de gases de efecto invernadero per cápita del mundo.

El cambio climático se agrava a un ritmo mayor al previsto por los científicos más pesimistas que vaticinan escenarios apocalípticos. La temperatura de la Tierra aumentaría hasta 5 grados centígrados. La meta de limitar el aumento a solo 2 grados Celsius, podría estar fuera del alcance. Podríamos estar estancados en un aumento de 4 a 6 grados. “La única forma de evitar las peores predicciones, sería efectuar transformaciones en el modo en que funciona la economía mundial con la rápida adopción de fuentes de energía renovables, la disminución drástica en el uso de combustibles fósiles o la aplicación a gran escala de la captura y almacenamiento de carbono, la eliminación de las emisiones provenientes de la industria y detener la deforestación”. Lo dice PricewaterhouseCoopers, en su informe “Índice de economías de bajo carbono” de noviembre 2012.

Doha dio a conocer que el planeta va hacia un calentamiento global extremo, que pocos seres vivos podrán adaptarse y millones de personas morirán. Se esperaba que los ministros delegados de los 195 países participantes firmaran un acuerdo serio, vinculante, para reducir los gases de efecto invernadero responsables del calentamiento de la Tierra, pero no lo hicieron.

No es broma. Un reporte solicitado por el Foro de Países Vulnerables al Clima, que calcula el impacto humano y económico del cambio climático en 184 países entre el 2010 y 2030, sostiene que más de 100 millones de personas morirán y el crecimiento económico mundial se reducirá en 3,2% del PBI para el 2030.

Poco a poco vamos ingresando a ese escenario. Cinco millones de muertes cada año y la cifra aumentaría a seis millones anuales hasta llegar al 2030 si continúan los actuales patrones de consumo de combustibles fósiles. Más del 90% de muertes ocurrirán en países en desarrollo, los más vulnerables por mayores riesgos de sequías, escasez de agua, daños a los cultivos, pobreza y enfermedades.

Según el informe “Climate Action Tracker”, las emisiones de gas deberán “ser reducidas en 15% respecto de los niveles actuales de aquí a 2020 para la contención del calentamiento bajo los 2C”. Pero las emisiones alcanzan nuevos récords. En 2011, la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó 391 ppm, o sea 40% más de lo que estaba en la época preindustrial, así lo subraya la Organización Meteorológica Mundial.

Para la OMM, el CO2 es la causa principal del calentamiento global y se produce por la quema de combustibles fósiles o la deforestación. Estamos en un 58% superior al valor de 1990, año base para el Protocolo de Kyoto. Gases como el metano también alcanzaron nuevos records.

Doha finalizó este 8 de diciembre sin un acuerdo de mínimos para prorrogar hasta 2020 el Protocolo de Kioto. Sí se logró un acuerdo, conocido como Puerta Climática de Doha, que tiene fuerza legal y supone prorrogar Kioto ocho años, estableciéndose una segunda fase de compromisos para que los países industriales reduzcan sus emisiones entre 2013 y 2020, aunque sin fijar los volúmenes de esos recortes.

Pero los grandes causantes del calentamiento como Rusia, Japón, Canadá, Nueva Zelanda, no aceptan el nuevo compromiso. Apenas el 15% de las emisiones, con los compromisos de la UE y Australia, forman parte del acuerdo.

En diciembre de 1997, la Convención celebrada en Kyoto, bajo los auspicios de la ONU, concluyó con el compromiso de 125 países de reducir las emisiones de los seis gases causantes del efecto invernadero. El Protocolo de Kyoto es el único acuerdo vinculante, pues obligaba a 35 países industrializados a reducir en 5,2% las emisiones de gases, tomando como base las de 1990.

Desde sus inicios, el Protocolo no incluía países desarrollados como Estados Unidos ni imponía la reducción a China, India, Brasil o México. En los grandes países vive el 16% de la humanidad, pero sus emisiones son dos tercios del total acumulado.



Objetivo de Doha, era la firma del segundo periodo del Protocolo a partir del 1 de enero de 2013. Parecía relativamente sencillo renovar Kyoto hasta 2020 desde el que solo tendrían obligaciones la UE, Australia y Noruega. El nuevo acuerdo involucraría a todos los países, incluyendo los principales contaminantes: Estados Unidos y China y debería ser firmado en 2015 para entrar en vigor en 2020.

Lo conseguido en Doha ha sido calificado de “débil e irreal” por el Fondo Mundial para la Naturaleza y por otras ONG ambientalistas. ¿Las naciones ricas deberían compensar a las más pobres por las pérdidas causadas por el cambio climático? El mundo exige una nueva institucionalidad y un marco de acción para los daños y pérdidas, pero Estados Unidos se niega.

Los grandes se desentienden. Estados Unidos no forma parte del tratado. Canadá y Japón se retiraron de la segunda fase y las potencias emergentes: China, India y Brasil tampoco desean suscribirlo. En el extremo ninguno de los firmantes de la segunda fase de Kyoto se comprometió a nuevas reducciones. Solo aceptaron una revisión obligatoria de sus recortes en 2014. Esto ha debilitado las posibilidades de un fuerte marco futuro para luchar contra el cambio climático.

Siguen en negociaciones los aportes solicitados por los países del Sur por “pérdidas y daños” vinculados al cambio climático, un pulseo que opone a los países más pobres con Estados Unidos.

Los países pobres exigen 60,000 millones de dólares al 2015 para la transición entre la ayuda de emergencia de 30,000 millones de dólares, acordados para el período 2010-2012, y la promesa de 100,000 millones por año de aquí al 2020. Los grandes se comprometieron al Fondo Verde para el Clima, pero no han aclarado cómo conseguirán los 100 mil millones para la financiación.

Alemania, Gran Bretaña y un puñado de gobiernos prometieron aportar 6,000 millones voluntariamente. Se busca una fórmula para que el Norte cumpla, pero Estados Unidos sigue reacio a cualquier trato vinculante. Lo peor es que junto a Canadá bloquean los avances y este último acaba de retirarse del Protocolo de Kyoto el 15 de diciembre.

Por Wikileaks sabemos cómo el Departamento de Estado soborna hasta las delegaciones más valientes, como la de Maldivas tras el fiasco de Copenhague. “Mientras las élites se siguen desacreditando, la única solución es apartarse de estas conferencias destructivas y evitar así darles legitimidad”, dice Patrick Bond, autor de “Politics of Climate Justice” (“Políticas de Justicia Climática”). “Por eso hay que analizar y construir el movimiento mundial por la justicia climática y sus alternativas”.

La Unión Europea negoció una prórroga de Kyoto por ocho años. Ha resuelto el problema del “aire caliente” y del superávit de créditos de carbono no utilizados. Los compradores tendrán un límite para la cantidad a adquirir, en tanto las nuevas normas impedirán “aire caliente” adicional. Esto es un buen resultado. Europa se comprometió a reducir las emisiones en 20% al 2020.

El informe BID-CEPAL-Fondo Mundial para la Naturaleza, señala que debido al cambio climático América Latina sufrirá costos anuales mínimos de US$ 100,000 millones para 2050.

Colombia, Costa Rica, Perú, Chile, México y otros anuncian un nuevo grupo de negociación: el AILAC, Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe, para evitar el enfrentamiento entre países ricos y pobres y romper el protagonismo de Brasil alineado con China e India. Se suma al objetivo el grupo ALBA, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia.

En cuanto a nuestro país, el impacto para la economía, según el Ministerio de Economía y Finanzas, se estima entre US$ 510 millones al 2030 y US$ 16,298 millones al 2100. El Ministerio del Ambiente, basándose en estudios del BID, afirma que los efectos del cambio climático nos costarían hasta el 4% del PBI.

Doha-Qatar dejó la solución de los principales retos ambientales en suspenso. La próxima cita será en París el 2015. Ahí se buscaría un acuerdo “universal” que involucre todos los países, incluidos los grandes contaminantes, China y Estados Unidos, con medidas que entrarían en vigor el 2020. Sobre la financiación nada nuevo, ni EE.UU. ni Europa asumen mayores gastos por la crisis que los afecta.

El mundo debería estar en terapia pero no lo está, no se percibe la urgencia de cumplir con los compromisos vinculantes. Seguimos jugando desaprensivamente con el planeta, sin entender que los problemas ambientales exigen soluciones efectivas globales. Intereses económicos dominan las negociaciones, en tanto la sociedad civil tiene poca interacción e influencia. Se requiere cooperación y participación para movilizar la financiación, para acelerar la reducción de las emisiones de gases y su mitigación, adaptación, desarrollo y transferencia de tecnologías a los países en desarrollo. Necesitamos voluntad política para una transformación energética.

Debería haber alarma pero no la hay, revertir la situación es difícil sin instituciones mundiales que implementen y controlen los compromisos. La inacción hará que el mundo de nuestros hijos sea diferente al actual. Si no adoptamos medidas drásticas de cambio, el final de la historia sobre el clima y el planeta ya estaría escrito.


Walter Navarro Murguetio
Colaborador


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD

1.27113890648