El Nobel que vivió en las calles

En una breve entrevista concedida a LA PRIMERA, el doctor Mario Renato Capecchi, Premio Nobel de Medicina y Fisiología 2007, nos habló sobre la historia de su vida y de su carrera. El investigador italo-americano también narró sus impresiones sobre a Machu Picchu, el caso de la italiana Eluana Englaro y la aplicación de la eutanasia, así como la importancia de impulsar la investigación científica en todo el mundo en especial en países en vías de desarrollo como el nuestro, y sobre las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acerca de la eliminación de todas las trabas existentes a las investigaciones con células madre.

| 13 febrero 2009 12:02 AM | Especial | 1.9k Lecturas
El Nobel que vivió en las calles
(1) “Lo primero es la vida humana”, dice el Nobel Mario Capecchi. (2) Su trayectoria fue reconocida por el Colegio Médico. (3) Conoció y reconoció el ingenio de los incas.

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En un mensaje dirigido a los jóvenes médicos investigadores peruanos, el Nobel de Medicina les dijo que “uno debe de mirarse por dentro para ver cómo es y comprender que no existe un solo camino a seguir sino varios para llegar al éxito y solo trabajando duro se obtendrán las recompensas”.

El genetista molecular ítalo-americano precisa que si bien conoce poco acerca del avance de la investigación científica en el Perú, considera rescatable el interés de nuestros investigadores y profesionales de la salud (reflejado en el Colegio Médico), “pues están haciendo un gran esfuerzo al realizar el Seminario Internacional” al cual fue invitado y de esa manera difundir los avances de los estudios en células madre, las perspectivas y controversias que han revolucionado la medicina en el mundo.
1996

Cuando era joven, un tío de Mario Cappechi padecía una grave enfermedad le pidió que en caso llegara a quedar en estado de coma, no lo mantuviera con tubos y sondas que aten su cuerpo y le impidieran descansar eternamente. Llegado el momento, su tío partió en paz.

Conocido también como el “niño mendigo” que ganó el Premio Nobel de Medicina, Capecchi señaló que está convencido que la investigación en ciencias básicas, que es a lo que él se dedica, brindará nuevas oportunidades e ideas para resolver problemas que aquejan a la humanidad, “ya que es importante que la investigación científica se dedique a resolver problemas sociales”.

“Todo investigador siempre debe tratar de resolver problemas que están a su alrededor, dentro de su sociedad”, sostiene.

A manera de ejemplo, el Nobel afirma que si el propósito de usar células madres embrionarias es ayudar a una pareja que mantiene un tratamiento de fertilidad pues tiene dificultades para procrear, eso está bien. “Tendríamos que poner en la balanza qué es mejor, si usar células madre embrionarias con buenos propósitos o no hacer nada con ellas”.

Capecchi precisa asimismo que la investigación en ciencias básicas no debe estar limitada a los países ricos o desarrollados, “sino también se debe hacer en países en vías de desarrollo como el nuestro”.

“Todos los países deben de participar del avance científico del mundo”, indica.

El investigador se desempeña actualmente como profesor de Genética Humana y Biología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah. Colabora también con el Instituto Médico Howard Hughes, y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias.

Es mejor hacerlo
Una de las enseñanzas que acostumbra inculcar a sus educandos es que en lugar de perder el tiempo pensando en algo que podrían hacer, es mejor hacerlo de inmediato.

“Para actuar así, sin quedarnos pensando en hacerlo o no, hay que tener una idea de hacia dónde uno quiere ir. Ahora hay una sensación de que la gratificación tiene que ser inmediata, pero eso es algo que lleva mucho tiempo, esfuerzo, dedicación y paciencia. Y por eso es gratificante cuando finalmente llega”.

En relación al papel de los gobiernos en la investigación de las células madres, Capecchi opinó que es muy importante que el Estado ayude, “dando las facilidades y los medios para poder seguir lo que uno realmente quiere; por ejemplo, si se tiene un proyecto, que este sea financiado ya que beneficiará a mucha gente”. Precisó que está aquí para apoyar y recomendar que haya fondos para los estudiantes universitarios.

Solo la familia
Sobre el caso de su compatriota Eluana Englaro, la joven italiana que murió hace unos días luego de permanecer en coma vegetativo durante 17 años, pues el padre logró que los doctores suspendieran la alimentación e hidratación a la que sometían a su hija, tras una prolongada batalla legal, el Nobel Capecchi señaló que la eutanasia está prohibida en Italia y que no existe un acuerdo sobre la voluntad de individuos para que autoricen la desconexión del sustento artificial en caso de caer en coma.

El investigador considera que la eutanasia debería ser una decisión personal, y si una persona se encuentra en estado de coma y no puede tomar una decisión ni ha manifestado su deseo antes, “entonces en ese caso, las únicas personas que pueden decidir por el paciente son sus familiares directos”.

Pero de manera contundente, Mario Capecchi cree que no le corresponde al gobierno tomar esa decisión.

El fin del veto
Durante el mandato de George W. Bush se aprobó una medida según la cual se establecía que sólo se financiarían con fondos federales los proyectos con células madre embrionarias que se realizaran con las líneas celulares ya existentes hasta ese momento. Esa iniciativa resultaba negativa para la investigación, pues representaba un problema para muchos investigadores y frenaría importantes avances científicos que podrían beneficiar a millones de americanos que padecen enfermedades crónicas.

Sin embargo, durante la última campaña presidencial norteamericana apareció el ahora electo presidente Barack Obama, quien anunció que si llegaba a la Casa Blanca levantaría el veto impuesto por Bush y cualquier oposición a esta norma.

De acuerdo a las últimas declaraciones del mandatario estadounidense, Capecchi ve algo grandioso en sus palabras, y cree que va cambiar mucho el futuro de tales investigaciones, pues afirma que Obama mira realmente a la investigación en ciencias básicas como un motor que abre más oportunidades y que mueve la economía de un país.

Primero la vida
Al consultarle sobre el caso del doctor “Taladro”, César Venero, médico cirujano peruano que se valió de un taladro y unos alicates para operar a un paciente de una hemorragia intracraneal, en la ciudad de Andahuaylas, debido a que el hospital no tenía los suficientes equipos, Capecchi consideró que si un profesional se ve en una emergencia, “debe usar lo que tiene al alcance de las manos, pero si se tiene varias alternativas uno debe usar lo mejor y estar seguro de la elección hecha, pues lo primero es la vida humana”.

Sobrevivió como pandillero
Al poco tiempo de nacer Mario Capecchi, su padre se alistó en la fuerza armada italiana que combatía en África, durante la Segunda Guerra Mundial, temiendo por el futuro de la madre del pequeño, una poetiza antinazi de origen norteamericano y profesora de La Sorbona. En 1940, a la edad de tres años y medio Mario Capecchi fue separado de su madre, quien fue arrestada y llevada al campo de concentración de Dachau, al sur de Alemania. El niño fue dejado al cuidado de una familia de campesinos.

Al acabarse el dinero, dejado por el padre antes de partir, Capecchi fue abandonado en la calle y logró sobrevivir durante varios años junto a una pandilla de niños que robaban para comer. Esta época de su vida lo marcó para siempre.

En 1946 enfermó de fiebre tifoidea y cuando se encontraba grave, alguien solidario se apiadó del muchacho y lo dejó en el hospital de Reggio Emilia, a ver qué podían hacer por él. Estuvo un año en el hospital. Allí, a la edad de nueve años fue encontrado por su madre que había sobrevivido al campo de concentración y había sido liberada un año antes. Ese año es cuando su madre decidió emigrar a América, porque ella tenía un hermano en Filadelfia (Estados Unidos), en donde el futuro Nobel, a la edad de 13 años, recién aprendió a leer y a escribir.

En Filadelfia estudio y trabajó con ahinco. Se doctoró en 1967 en biofísica en la Universidad de Harvard. Tuvo como tutor de tesis a uno de los descubridores de la estructura del ADN, James Watson. En 1969 se convirtió en profesor asistente en el departamento de bioquímica de la Harvard School of Medicine. En 1971 es nombrado profesor asociado. En 1973 se muda a la Universidad de Utah. Y desde 1988 Capecchi colabora también con la Howard Hughes Medical Institute. Actualmente, es miembro de la National Academy of Sciences.

Maravillado
El genetista molecular llegó a Lima el viernes pasado y al día siguiente se dirigió a la ciudad del Cusco en compañía de su esposa Laurie Fraser y su hija Misha. Después de descansar en la acogedora Casa de San Blas, se dirigió al Valle Sagrado para visitar las zonas arqueológicas de Sacsayhuamán y Qencco así como casas coloniales del lugar.

“Me sentí maravillado y sorprendido por el ingenio de vuestros antepasados incas y con la arquitectura de la ciudadela incaica de Machu Picchu, “pues es una construcción extraordinaria, y admirable la simetría y la extensión de las ruinas”.

Sandra Martel
Redacción

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