El miedo nos gobierna

El poder aprovecha las emociones de los ciudadanos y las eleva a política de Estado, que hacen retroceder peligrosamente nuestros derechos a la libertad, a la información y hasta a la vida.

| 11 octubre 2009 12:10 AM | Especial | 1.4k Lecturas
El miedo nos gobierna
Su buena posición en las encuestas se alimenta también del miedo.

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“Estamos perdiendo la capacidad de indignarnos, de protestar y de oponernos a las injusticias porque nos domina el miedo (…) Es el miedo el que nos guía”, dijo José Saramago en alguna oportunidad. La indignación vence al miedo, entonces demos rienda suelta a nuestro justo enfado.

El miedo global

… Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones

tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.

Eduardo Galeano
Escritor y periodista uruguayo


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Qué impulso atávico mueve a los ciudadanos a responder que votarán por la hija mimada del condenado por delitos de lesa humanidad y corrupción, Alberto Fujimori, para ser presidenta de la República, cuando hasta ahora su única propuesta pública es “no me temblará la mano para indultarlo”.

Los fujimoristas y claro, sus aliados apristas y de la derecha minera, bancaria y financiera, han aprendido a mover muy bien los hilos sensibles de un país que todavía no despierta del todo de la pesadilla de casi dos décadas de haber sido un sánguche entre las huestes de Abimael y las tropas que las combatían. Eso despierta un natural temor.

Si a eso agregamos una dosis de psicosis colectiva, magnificada por ciertos medios de comunicación, “Regresa Sendero, regresan los senderistas, uy mamita, y ahora, ¿quién podrá defendernos?”, entonces, la población se aconchaba, toma posición fetal y pide que venga un salvador, sea quien sea. Y ahí aparece la figura regordeta de Keiko, y el no menos regordete Carlos Raffo, y el gordo Rolando Sousa y repiten: “El chino nos salvó una vez de los terroristas, y ahora lo volverá a hacer”. Entonces los temerosos voltean sus pequeños ojos y asienten. Ellos no piensan que el supuesto salvador fue juzgado y castigado en los tribunales, que la sociedad (en especial andina) aún no recupera la paz porque todavía no ha encontrado justicia y que los grupos paramilitares Colina, Escorpio, Naranja, etc. están tras las rejas.

Come miedo, respira miedo
Es que el temor, el miedo es una vieja política del poder. “El poder come miedo”, dice el célebre latinoamericano Eduardo Galeano. Así la política del miedo gobierna a sus anchas en Perú, en Colombia, en Estados Unidos, en España, en México…

En base al temor, los poderosos crearon los ejércitos, para proteger a la población de invasores, posibles e imaginarios; en base al miedo, los países se llenan de armas que a la vez crean más miedo, más terror; armas de fuego, armas químicas, armas nucleares.

Y para utilizarlas (y volver a comprar más) crean enemigos internos (terroristas, chavistas, antisistemas) y externos (Evo, Chávez, Chile). Todo esto lo hace el miedo manejado desde arriba hacia los de abajo.

También el miedo creó las religiones. El miedo al fuego eterno, al castigo sinfín, al juicio al final de tu vida, a que caigan sobre ti los rayos de Zeus, o que toque el clarín de Odín, o al fuego de la Inquisición de Torquemada.

Y ahora es, además, la gripe aviar, la gripe porcina, el sida (todo relacionado con el natural temor a la muerte). Alguien juega con nosotros, pobres mortales, como antes lo hicieron los dioses del Olimpo.

Así también lo contrario al modelo neoliberal, te va a quitar tus propiedades (miedo), te va a quitar a tus hijos (miedo), te va a dejar pobre (más miedo), es un paso al vacío (¡qué miedo!). De todo esto conoce muy bien el presidente Alan García, que tiene en su haber varios miedos, como que descubran más actos de corrupción, o que regrese la inflación o, peor, la hiperinflación o las colas para comprar productos de primera necesidad.

Susana Grados Díaz
Redacción


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