El más grande

Como una instantánea en blanco y negro nos dejó ayer el “Chino” Domínguez. Se apagó así el ojo avizor del fotoperiodismo peruano, uno de los fotógrafos más importantes de los últimos tiempos.

| 18 febrero 2011 12:02 AM | Especial | 2k Lecturas
El más grande
Pasó sus últimos días en el Hospital Almera, desde el 31 de enero.
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Todos los recuerdan con su rápida cámara Leica colgada al cuello. La llevaba descubierta porque la noticia no avisa, pasa como un ave, y el cazador de instantáneas que era el “Chino” Domínguez debía estar siempre preparado.

Uno de sus amigos, el periodista Humberto Castillo, lo recuerda como “el más grande reportero gráfico del Perú. No ha habido otro igual que él. Tenía un ojo achinado, pero certero. Donde ponía el ojo encontraba la noticia. Era un gran profesional, alegre, dicharachero, un hombre de gran conocimiento, e instintivo. Tenía mucha chispa y tenía amistad con los grandes y los chicos, los poderosos y los humildes. Era amigo de los presidentes, de los políticos, de Haya de la Torre, de Belaunde, de Bedoya; pero también era amigo de los humildes. Yo he trabajado con él en La Prensa, en La Crónica, en La República. Me duele mucho su muerte. Es un golpe durísimo. Quiero enviarle un pésame a su familia. Todos sus amigos estamos de duelo”.

Castillo recuerda que la última vez que lo vio fue en el velorio del también periodista Guillermo Thorndike, en 2009. “Tenía un don especial: era un periodista. Caminaba por las calles con su máquina colgando del cuello, toda la vida. Porque él decía ‘La noticia no se encuentra así nomás. De repente surge’. Aparecía una imagen y disparaba. Y tomaba fotos de día, de noche, de madrugada, porque era bohemio. Y se adaptó a todas las etapas del periodismo gráfico. Comenzó con unas máquinas antiguas y se ha actualizado inmediatamente. Una noticia trágica que cubrimos juntos fue la matanza de los periodistas en Uchuraccay. Le impactó tremendamente la noticia; éramos muy amigos de los fallecidos. Después de llorar, se serenó y comenzó a actuar el periodista. Dejó aparte sus sentimientos y comenzó a trabajar”.

Ojo avizor
Aprendió la técnica con el japonés Antonio Noguchi y en Argentina, donde estudió en un instituto. Sin embargo, lo mejor de todo era su talento, su forma de ver el periodismo a través de un lente. Su amigo el periodista José María “Chema” Salcedo recuerda que “él me enseñó a mirar al Perú con otros ojos y por ello lo considero mi principal maestro de periodismo. Lo conozco relativamente tarde, la primera vez el año 1983, en Uchuraccay. Y de ahí coenzamos a trabajar seguido durante los 80. El 1984 descubrimos el cadáver de Jesús Oropeza, líder campesino de Puquio, Lucanas, sur de Ayacucho. Él había sido asesinado por un grupo de policías y el cadáver hacia desaparecido. Por una serie de circunstancias supimos llegamos a la morgue, donde fue llevado el cadáver a escondidas. Gracias a su habilidad entramos a la morgue e hizo la foto más siniestra que he visto en el país. Digo gracias a su habilidad porque él sabía de un enfermero que tenía la llave de la morgue. Yo le comencé a hablar con modales, pero nada. En cambio, él lo cuadró, dijo algo así como ‘¡Oye, tú!, ¡abre!, ¡dame la llave, mierda!’ o algo asÑ Fue una cuadrada tal que el enfermero se impresionó y entramos. El cadáver estaba cubierto con bolsas de Nicovita y entonces el ‘Chino’ agarra una silla y se sube y me dice ‘Saca las bolsas’. Y yo me moría de miedo por lo que podría ver. Finalmente, después de haber cuadrado al tipo de enfermería, me cuadra a mí y me hace sacar las bolsas. Sacamos copias de esas fotos y las repartimos a toda la prensa extranjera. El gobierno de la época no quería reconocer esa muerte, estaba diciendo que había desaparecido. En el Congreso, el ministro implicado pretendía decir que había desaparecido y el sacó copias de la foto en su taller y las llevó al Congreso, metimos las fotos en un sobre y las repartimos a los periodistas. Luego tuvieron que hacer una sesión cerrada”.

Era un periodista aguerrido. Salcedo apunta y dispara: “Ahora que está de moda hablar de los derechos humanos, y por internet, el mayor riesgo que corre un periodista es hacer el ridículo. El ‘Chino’ tiene muchas fotos de los 80 que hablan sobre ello”, fotos de momentos que vivió en vivo y en directo. Era un político activo, pero utilizaba, en vez de discursos, fotografías. “Tenía la rara virtud de los grandes fotógrafos, de ver donde tú no ves. Salía a la calle a caminar con él y el tipo de pronto comenzaba a disparar y recién cuando terminaba de hacerlo yo me daba cuenta de lo que había en la calle. La última vez que lo vi fue en el hospital Almenara, hace poco, donde estaba internado. Lo que hablamos fueron pocas palabras, pero siempre de proyectos futuros. El ‘Chino’ tuvo proyectos hasta el último día”.

Tenía proyectos siempre. El pintor Bruno Portuguez, le hizo un retrato, hace año y medio. “Él quería que lo hiciera con mucha gente, como en una especie de mitin. Yo le sugerí que por qué no dentro de un balcón. Al final lo pinté en un balcón con un mitin de fondo y el ojo avizor y el dedo en el punto de la cámara. Conversamos con los amigos de arte, de pintura, y siempre con mucha bondad y una chispa criolla impresionante. Me hizo un retrato que me obsequió cuando mi esposa y yo cumplimos 15 años de casados. Hace cinco años. Cuando falleció el Zambo Cavero me dijo: ‘Estamos quedando pocos, yo también tengo que alistarme’, con una chispa... Una vez le conté que a un amigo le han pegado y lo han amenazado, y antes de terminar me contestó ‘¡Y por qué se mete con mujer casada!’. Era chistoso. Lo vi hace una semana. Le estaba restaurando unos cuadros que él tenía en casa de los años 60. Y quería tomarle últimamente fotos a Fanny, mi esposa. Le tomó fotos al poeta Julio Carmona hace un año. Y quería tomarle también a la esposa de Pancho Izquierdo, Ana María Mur, la escritora”. Siempre andaba planeando sus próximas fotografías.

Periodista 24 horas
“Todos hemos trabajado con él”, responde el periodista Juan Gargurevich: “Pregúntale a cualquiera de cierta edad y te dirán que en algún momento han trabajado con él. Era muy activo y muy dinámico, pero eso sí: siempre a la izquierda. Él no era afecto a las derechas. Desde los años 50, ha fotografiado a todo el mundo. Una cosa que hay que rescatar de él es que los reporteros gráficos, hasta los años 60, aproximadamente, acompañaban a los periodistas y tomaban fotografías de lo que hacían los periodistas, pero a partir de Domínguez y otros periodistas, el reportero gráfico se convierte en periodista con pensamiento y actitud propia que toma fotografías que en sí mismas son noticias. Él es el iniciador del gran reporterismo gráfico peruano”.

Gargurevich también lo recuerda campechano, reilón, jaranero, siempre amable y solidario. “Estuvo en muchos episodios de la vida nacional. Era una enciclopedia. La Universidad Alas Peruanas tiene su archivo fotográfico en celuloide. Tomaba fotografías de todo. Era un periodista las 24 horas del día. Periodista de raza. Donde estaba, llevaba siempre su cámara. Tenía un don extraordinario para la fotografía. Nunca dejaba la cámara. Y otra cosa importante es que tenía emoción social. Fotografiaba a los pobres, desposeídos, por supuesto, y cuando fotografiaba a las clases altas, lo hacía pensando siempre en los contrastes. El libro “Los peruanos” del ‘Chino’ es solo una muestra de su trabajo. Él tenía ese don de sacar siempre una buena fotografía. Esa capacidad de acertar en el sitio exacto y el momento oportuno. Es el más grande cultivador de la instantánea”.

El artista
Fernando Obregón, periodista y poeta, recuerda que Domínguez empezó su trabajo en el reporterismo gráfico y “encuentra ahí su vocación de artista y creador. Trasciende y logra hacer los registros más emblemáticos y fuertes de los acontecimientos. Trabaja en blanco y negro siempre, pero esa decisión del blanco y negro fue una opción porque él consideraba que el trabajo de la luz y la sombra tiene una significación muy especial para la fotografía. Ha sido testigo, y también parte y protagonista, de muchos acontecimientos históricos. Estuvo cubriendo durante la noche del 3 de octubre en que Fernando Belaunde fue derrocado por el general Velasco; estuvo semanas antes de la caída de Salvador Allende en Chile, con Allende; con los peruanos que fueron a la guerrilla del Che Guevara en el año 67, y tuvo como practicante de fotografía a uno de los guerrilleros del Che. Cubrió las primeras noticias de los periodistas muertos en Uchuraccay; y podría enumerar muchos momentos que él recreó a través de la fotografía convirtiéndolos en acontecimiento históricos. Hay fotos espectaculares de las invasiones de los cerros en los años 50, como en El Agustino, por ejemplo; hace un registro de los desalojos. El registro del gran paro del año 1977 o el terremoto de Yungay del 70. Ha trabajado personalmente con políticos, artistas e intelectuales, y ha sido fotógrafo personal de Haya de la Torre, de Fernando Belaunde, y amigo personal de Alfonso Barrantes Lingán, y fotógrafo de Alan García Pérez, durante su primer gobierno”.

Obregón asegura que “dentro de los círculos de poder la gente sabía que alguien que era autorizado para tomar grandes fotografías era el ‘Chino’ Domínguez. Era un hombre de izquierda y murió consecuentemente con sus ideales hasta el final. Su curiosidad periodística lo hacía identificar entre los jóvenes quién destacaba y por eso retrató a Barrantes desde que era dirigente universitario. En el caso de la bohemia criolla, a los que eran contemporáneos de Pinglo: los pocos testimonios de los criollos de los 20 ó 30 los hace Domínguez; y los nuevos de entonces, como el Zambo Cavero, los hace él, porque estaba atento a quienes destacaban en todos los campos, como la literatura y las otras artes. Los entonces jóvenes poetas de los 60 fueron fotografiados por él y ahora son parte de la actual literatura. Ha tenido un seguimiento de la evolución de la sociedad peruana. Él sabía que era un cronista gráfico, pero con la ventaja que hacía arte a la vez de hacer foto. Amigo personal de Fidel, de Raúl Castro, de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y tantos otros. Tú le pedías algún teléfono y él lo tenía, estaba en todos los círculos. También tenía una veta social, marginal; le preocupaban mucho los niños, lo dementes, las personas enfermas, los locos, ancianos. Un día, por ejemplo, llega a la Plaza san Martín y ve a niños bañándose en la pileta y los fotografía. Al día siguiente, uno de esos niños muere electrocutado mientras dormía en uno de los huecos donde se guardaban las luces de la pileta. A partir de entonces los programas de asistencia se preocuparon por los niños de la calle y crearon, por ejemplo, la Casa de los Petisos”.

El ‘Chino’ Domínguez fue un periodista y artista cuya herramienta fue una cámara fotográfica: el “Ojo Avizor del Periodismo Peruano”.

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