El increíble caso de los cargadores peruanos

Le decían “boa”, era un moreno de más de un metro 80 de altura, fuerte, empeñoso, pícaro, chinchano, un lunar en medio de los estibadores de la ex Parada, mayormente de procedencia andina, causaba la admiración de todos, corría como una flecha, saltando los huecos, en los desnivelados, fangosos y mugrientos corredores del ex mayorista, cargando sobre sus hombros sacos de 190 kilos, golpeando su nuca contra el costal en cada envión con el rostro grave del sobreesfuerzo, ágil y poderoso.

| 14 abril 2013 12:04 AM | Especial | 6.6k Lecturas
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En pocos años empezaron las dificultades, un dolor implacable en los hombros que se extendía a la nuca en cada jornada de carga infernal, las piernas le temblaban y su espalda ya no resistía los tremendos sacos, su mirada se hizo nublosa y una madrugada todo fue oscuridad, ciego y enfermo, “Boa” se plantó en un banquito en un pasaje del mercado como cuidador simbólico, a recibir las guías de sus colegas, un testimonio vivo de la tragedia de ser un cargador peruano.

“Dejó su tiempo, su esfuerzo y su juventud en el mercado, pero los daños del trabajo lo fueron ganando, porque nadie es de fierro”, afirma Guillermo Onofre, dirigente de la Federación Nacional de Estibadores Terrestres y Transportistas Manuales del Perú (Fettramap).

No obstante no es un caso aislado, se estima que un 20 por ciento de los estibadores sufren discapacidad temporal por los accidentes y las graves lesiones a su salud que les genera la carga manual excesiva. Porque el Perú es el único país latinoamericano que consciente una carga manual de hasta 220 kilos, siendo 50 kilos la máxima permitida.

A PUERTAS DEL CAMBIO
Onofre narra de memoria la larga lucha de su gremio por condiciones mínimas de trabajo como si recitara el catecismo, su recuento nos trae las marchas hacia el Congreso, las banderas peruanas, las arengas, las citas con políticos y autoridades, los decretos, los convenios, las esperanzas y los incontables fracasos.

El dirigente abriga una enorme esperanza pese a las frustraciones vividas, se trata del proyecto que su organización viene trabajando con la Municipalidad de Lima para establecer nuevas condiciones de trabajo en el GMML, entre ellas la carga manual máxima de 50 kilos.

“Tenemos la mayor expectativa, porque la Municipalidad de Lima no solo ha iniciado un nuevo mercado sino un nuevo sistema de comercialización, estamos seguros que así será, todo por lo que hemos venido luchando durante tantos años, recién se va a aplicar en el GMML, y lo que hagamos aquí se multiplicará en todo el país”, afirma.

UNA LARGA LUCHA
La lucha de los estibadores viene desde el siglo pasado, cuando, hartos de cargar el mundo sobre sus hombros, cual Atlas tercermundistas, llegaron al Congreso y se plantaron a pedir lo que más necesitaban: un seguro social que atienda sus lesiones y la reducción de la carga manual, eso fue en 1984, pero apenas lograron el reconocimiento del seguro que aún hoy, 30 años después, no se cumple.

Cuajados en los designios de la resistencia, lograron en el año de 1989 que el gobierno apruebe un reglamento general de envasado, transporte y estiba de productos agrícolas: el DS 056-89, que disponía una carga manual máxima de 50 kilos. ¿Qué pasó entonces? Nada. La norma no se aplicó. Vino después la década de la muerte de los sindicatos y federaciones, del silencio.

El año 2004 toman contacto con la OIT, que desde el año 1967 estableció en el Convenio 127 que “ninguna persona puede ser obligada o se le puede permitir que cargue un peso que dañe su salud”, precisando la carga máxima en 55 kilos, y acuerdan celebrar un taller multisectorial con Salud, Trabajo, Agricultura y Producción, donde la conclusión no pudo ser otra que había que plantear una normativa que resuelva el caso.

Se instala entonces un Comité Técnico que concluye que la carga excesiva daña definitivamente la salud de los trabajadores en el tema esquelético, muscular y otros y que era necesario promulgar una ley específica, el Perú ratifica el Convenio 127 y el año 2007 se promulga la Ley Nº 29088 “Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo de los Estibadores terrestres y Transportistas Manuales” que dispone que la carga manual no podía superar los 50 kilos, dos largos años más tarde es aprobado su reglamento.

SIN SANCION NO HAY LEY
Han pasado 30 años desde que empezaron su lucha por la reducción de la carga manual y 4 desde que cuentan con una ley y un reglamento ¿Por qué diablos siguen cargando costales de hasta 220 kilos?, pregunto a quemarropa a Onofre, “no se ha cumplido, responde sombrío, pero hemos avanzado”. ¿Esto tiene algo de racismo?, insisto, considerando que tanto estibadores como carretilleros son mayormente de origen provinciano, mal pagados, excluidos, los “otros” desde una visión urbana discriminadora e indiferente.

Explica que tras la promulgación de la ley cada sector involucrado recibió una tarea, lo que fue relativamente cumplido, incluso actuaron los gobiernos regionales y el Indecopi que sacó una norma de máximo 50 kilos para los sacos de tubérculos, pero falló la fiscalización, lo que dejó coja a la norma. Sin sanción para los infractores, cada cual se mandó como quiso, además, no es que el problema de los estibadores le quite el sueño a los decisores de políticas públicas.

“Hay intereses creados, afirma Onofre, cada sector que interviene en la cadena de comercialización tiene anteojeras, no mira a su costado”. ¿Es que el uso de sacos con un peso reglamentario perjudicaría económicamente a productores, comerciantes o transportistas?, pregunto y la respuesta es directa “No, definitivamente no, al contrario, nos beneficiaría a todos, lo que ocurre es que hemos tenido por tantísimos años un sistema tan obsoleto e injusto, que los gana la fuerza de la costumbre, pero no será difícil romper con eso”.

CUESTIÓN DE PESO
Los sacos que cargan estibadores y carretilleros pesan desde 90 hasta 220 kilos. Los sacos de mayor peso son los de papa, cebolla, granos verdes y los de yuca que llegan hasta 220 kilos. Se estima que en el país hay más de 100 mil estibadores y carretilleros, y solo en Lima más de 20 mil. Los riesgos de trabajo que sufren los cargadores son incontrolables y permanentes, por accidentes y daños que lesionan sus brazos, manos, columna, piernas, cabeza, órganos internos.

UN NUEVO HORIZONTE
Aunque para el común de las personas el trabajo de carga es uno solo, ellos se diferencian entre estibadores (los que cargan los sacos del camión al puesto mayorista) y los transportistas manuales (los que los llevan del puesto al vehículo del comprador).

La totalidad de estibadores que laboraban en la ex Parada hoy trabajan en el GMML de Santa Anita, donde han encontrado mejores condiciones de trabajo, gran espacio, limpieza y facilidades.

Actualmente los estibadores del GMML están concertando con EMMSA, EsSalud y ONP la obtención de un seguro de salud y de pensiones.


Rosa Málaga
Colaboradora


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