El Incidente 2424

Hay gotas que colman el vaso y lo que resulta de ello, no siempre es positivo, por más que regocije a la así llamada “vindicta pública”. Y esto, sólo por un tiempito nomás.

| 18 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 1.5k Lecturas
El Incidente 2424
EL OJO HUMANO

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La señora hubo de esperar nada menos que diecisiete horas, sólo para que le recibieran la denuncia. Luego, la trasladaron a la Fiscalía en el mismo vehículo en que iban los agresores y el guardia -supuesto custodio- dormía plácidamente.
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Me estoy refiriendo a eso que se me ocurre llamar “El Incidente 2424”, por ser éste el número del mototaxi empleado por los canallas que asaltaron a una señora, para además, de robarle, someterla a una serie de vejámenes, que si ahora, divierten a estos pervertidos de 17 años, es de suponer lo que harán cuando su desgraciada psicología “evolucione”-es un decir- y los sucesivos “doctorados” a cursar en las diversas prisiones que sin duda les aguardan, hagan lo suyo, sobre su ausencia de valores.

El asunto empezó, como uno de tantos “arrebatos” que sufre en nuestra capital, cualquier ciudadano, cuando la aludida señora se dirigía a la pequeña farmacia que administra en propiedad.

-“Un chico -dice ella- bajó de una moto y me arrebató ciertas cajas de mercadería, además de mi bolso”.

-La dama, desavisada o carente de astucia, por decir lo menos, no hizo denuncia policial (lo cual, se comprende por lo inútil que hubiera sido), pero además, no tuvo la precaución de cambiar las cerraduras de su establecimiento, pues según dice: “recién al día siguiente del arrebato, reparé en que dentro del bolso, estaba mi llavero”.

-Poco después, cuando ella se dirigía a poner en funciones su establecimiento farmacéutico, advirtió que la pequeña puerta metálica estaba abierta. Y, una vez más, desavisada, ingresó al local, donde como era de sospechar, se encontró con tres delincuentes, uno de los cuales, fugó en el acto. Pero los dos restantes, se supone que más avezados, la redujeron, la drogaron-o le aplicaron el falso estrangulamiento que los choros llaman “dormilona”- para luego culminar el robo y de pasada, violar a la intonsa dama.

Ella, al despertar, pudo advertir que los miserables fugaban en un mototaxi de colores azul y blanco, en cuyo resguardo podía leerse en grandes letras negras el número 2424.

Recuperándose un tanto de su tragedia, la señora atinó a llamar telefónicamente a su esposo, quien por su cuenta y riesgo, procedió a ubicar a los delincuentes, trasladándolos a la Comisaría, donde él y la directamente agraviada, esperaban encontrar justicia.

Error, my broder.
La señora hubo de esperar nada menos que diecisiete horas, sólo para que le recibieran la denuncia. Luego, la trasladaron a la Fiscalía en el mismo vehículo en que iban los agresores y el guardia -supuesto custodio- dormía plácidamente.

En el trayecto, los miserables, se despacharon a su gusto, amenazando a su víctima con represalias que le harían sufrir “su gente”, si ella no retiraba inmediatamente la denuncia.

Y un poquito más tarde, llegó el Fiscal, representante de la Ley, oiga usted.

¿Y que creen ustedes que sucedió entonces? Bueno, que este hombre de Derecho, puso en libertad a tal par de canallas, argumentando – y dicen que con razón- que ambos tienen 17 años y por lo tanto, legalmente, sólo son infractores que bien merecen una reprimenda y…hasta el jueves no hay colegio.

Y esto que acaba de revelar un telenoticiero dominical, sucedía en Lima, mientras otra dama era asaltada en un taxi, despojada de una fuerte suma de dinero y además, violada, como parece estar poniéndose de moda, mi estimado.

Casi al cierre del programa, se informó a la ciudadanía de la liberación del jovencito Kim, cuya familia negoció con los malhechores, rogando a la policía que no interviniera para nada.

Bueno pues. Así las cosas y considerando que igual sintomatología social, se produjo en Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia y El Salvador, entre otros países, lo más probable, es que estemos al borde de la aparición de grupos “Justicieros”, que en principio, serán muy bien recibidos por la ciudadanía, en vista de la corrupción policial y la inoperancia de nuestros jueces, pero que, a la larga se convertirán en nuevos factores de inseguridad ciudadana, protagonizando una aterradora crónica de guerra anunciada, que terminará por convertirnos en rehenes de nuestro propio temor.

Y les aconsejo que me crean, porque, aquí entre nos, más sabe El Diablo, mis amigos.


César Augusto Dávila
Crónica Viva
Colaborador

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