El futuro que queremos

¿El cambio climático genera conflictos? La relación causa-efecto es difícil, es evidente que los problemas medioambientales no son el único factor pero se suman para intensificar los conflictos existentes.

| 25 julio 2012 12:07 AM | Especial | 1.2k Lecturas
El futuro que queremos
La expectativa de vida del planeta se reduce. La próxima Cumbre de DOHA 2012 puede ser la última oportunidad.
DOHA 2012 Y EL CAMBIO CLIMÁTICO
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¿Puede mantenerse la soberanía de un Estado devorado por las aguas? pequeñas islas Estado como Maldivas, Tuvalu o Kiribati tienen en la creciente escasez de agua potable, la degradación de sus arrecifes de coral, fuente de biodiversidad y alimentos, el incremento de ciclones o el declive de actividades económicas como la pesca y la agricultura el mayor peligro de supervivencia. Aunque la subida del nivel del mar supone la mayor amenaza, podría hacerlas inhabitables para el 2100. Estos pequeños Estados saben que el tiempo se agota y por ello motivan el debate jurídico-político sobre los dramáticos efectos del cambio climático. Piden compromiso y ayudas internacionales ya que están pagando un alto precio por el deterioro medioambiental global en el que poco influyen. Han decidido ser países libres de emisiones para el 2020 y transformar el modelo energético de combustibles fósiles a uno basado en energía limpia.

¿Pueden los mares seguir soportando la depredación? Los océanos están al borde de la catástrofe y el número de especies que podría desaparecer es infinito. Los mares se deterioran más rápido de lo previsto por el efecto acumulativo de factores como la acidificación, el calentamiento global, la sobreexplotación pesquera y el aumento de agroquímicos y plásticos en los ecosistemas marinos. Lo afirma un estudio presentado en Naciones Unidas, de 27 expertos marinos de seis países convocados por el Programa Internacional sobre el Estado de los Océanos (IPSO) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

¿Pueden las transnacionales extraer energía de cualquier lugar del mundo? Shell obtuvo el permiso de Obama para perforar Alaska con gran polémica mundial. Hábilmente invirtió en el desarrollo de la comunidad, y con apoyo popular y respaldo gubernamental, consiguió entrar al Ártico, una de las pocas zonas en el mundo que se mantienen vírgenes sin intervención de las petroleras. El Polo Norte, actúa de termorregulador del clima de la Tierra para limitar el aumento de las temperaturas al reflejar la radiación solar pero su función se ve obstaculizada. “Las previsiones para el Ártico empeoran. En 10 o 20 años, el hielo desaparecerá durante el verano”, “cada tres minutos se derrite el equivalente a una cancha de futbol de superficie de hielo ártico”, indica el informe “El Ártico, la última frontera”. Numerosas especies son afectadas por la disminución de las capas de hielo, el aumento de las temperaturas y por los periodos más largos de aguas sin hielo. El deshielo, elevaría el nivel del mar y alteraría la corriente del Golfo que lleva calor a Europa. Los habitantes del Ártico, el barómetro del calentamiento global, representan una curiosa ecuación de vulnerabilidad, activismo e incertidumbre en una región donde confluyen preocupaciones medioambientales e intereses geopolíticos.

¿Podrá el mundo alimentarse en el 2050? Según la FAO un cuarto de la superficie de la Tierra ha sufrido tal degradación que es muy probable que no contenga los minerales necesarios para producir nuevas cosechas, lo que dejaría desabastecida a la población. El informe señala el riesgo de no poder producir suficiente cantidad de alimentos para la demanda en el 2050 y culpa al cambio climático y a una mala práctica agrícola en muchos lugares del planeta.

Podrán las grandes ciudades albergar grandes poblaciones? Para el 2030, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Las personas serán más productivas, sanas y felices si viven en urbes limpias y habitables. Hoy la gran mayoría de las ciudades se sostienen como consumidoras de recursos del medio rural y depositan en éste, los deshechos. El planeta requiere del “nacimiento” de ciudades cuya sustentabilidad parte del conocimiento de nuestro delicado ecosistema y lo más importante, de vivir con el mínimo de energía y daño medioambiental.

La evidencia científica indica un cambio climático significativo por el descomunal aumento de la producción de bienes que durante el siglo XX fue superior a toda la producción desde el inicio de la humanidad hasta 1900. Y por el aumento de la población, de 2300 millones al fin de la Segunda Guerra Mundial, a 7000 millones. Para el 2050 más de 9 mil millones. La Revolución Industrial globalizada, con su rápida difusión en el mundo en desarrollo, incorpora millones, especialmente en Asia, donde casi 4000 millones de personas ingresan aceleradamente en la era industrial.

El cambio climático amenaza a todos, pero las naciones pobres son las más afectadas. Un calentamiento de 2 grados por encima de las temperaturas preindustriales generaría en América Latina, Africa y Asia una inmensa reducción de su productividad. En la Amazonía, en las montañas del Hindu Kush, en el lago Turkana en Kenia, las comunidades indígenas son muy vulnerables por la estrecha relación entre su estilo de vida y la naturaleza y también por su escasa presencia en las decisiones políticas.

HORA DE ACTUAR
La respuesta al cambio climático y la Convención Marco sobre el Cambio Climático de la ONU fueron logros de la conferencia de Río en 1992, el inicio del manejo conjunto para limitar los aumentos de la temperatura global. 195 países la han firmado y aunque hay avances para limitar las emisiones internacionales, los expertos coinciden que debe hacerse más para detener el aumento de la temperatura global dado que hay niveles de los que sería prácticamente imposible recuperarse.

El “Informe Stern”, seis años atrás, describía los aspectos negativos del crecimiento de las emisiones contaminantes. Sobre América Latina advertía del desabastecimiento de agua de las poblaciones andinas por la reducción de los glaciares. Lima, Quito y La Paz son las ciudades más vulnerables. El dengue tenderá a multiplicarse hacia 2050 y áreas nuevas de transmisión podrían surgir en el sur.

Rio+20 con el lema “El futuro que queremos” contó con más de 100 jefes de Estado, entre ellos el peruano y aunque no tuvo avances en cambio climático éste se reafirmó como el problema mayor que representa una prioridad mundial inmediata y urgente. Un problema acuciante es la falta de voluntad política de enfrentarlo como desafío global y el empleo de instrumentos de ejecución inadecuados. La desaparición de los glaciares andinos (menores a 5000 metros de altura), la sabanización de la cuenca amazónica, la reducción de los rendimientos agrícolas, el aumento de inundaciones costeras y eventos climáticos extremos, el incremento de enfermedades tropicales y la afectación de la biomasa de coral en el Caribe, son los impactos reportados por la Cepal y el BID. Por ubicación geográfica y dependencia de los recursos naturales, América Latina es muy vulnerable al cambio climático aunque solo produce el 11% de las emisiones causantes del calentamiento global.

Escasos compromisos con algunos puntos discutidos y negociados. El primero los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que a partir de 2015 reemplazarán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio aunque no existe mecanismo financiero para implementarlos. Río+20 decidió dar continuidad al tema en los próximos meses. La declaración del secretario general de la ONU sobre la crisis alimentaria y el compromiso “Hambre cero”, asociado con el crecimiento sostenible. Un cronograma de diez años para cambiar el actual modelo insostenible de producción y consumo, la visión mercantilista y de conquista donde un 20% de la población mundial controla y consume el 80% de todos los recursos naturales.

Un foro de alto nivel sobre desarrollo sostenible permitiría fortalecer y elevar de nivel el Programa de las Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA), como organización intergubernamental autónoma, equivalente a la Organización Mundial del Comercio (OMC) o la Organización Internacional del Trabajo (OIT), autoridad internacional que tome iniciativas medioambientales y aplique el Protocolo de Kyoto.

El documento final promueve la economía verde. Los países desarrollados la impulsan como eje del modo productivo del nuevo milenio, detrás del cual podrían esconderse trampas según cómo se implemente. Además de frenar las exportaciones disfraza la apropiación y mercantilización de los recursos naturales y permite los negocios de las grandes corporaciones. Con la excusa del control ambiental las empresas se volverán certificadoras o dirán qué productos consumir bajo ciertos estándares de producción. El G-77, critica el etiquetado de los productos y la huella de carbono (la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por un individuo, organización, evento o producto) como medidor de sustentabilidad. El crecimiento verde y el desarrollo sustentable se manejan con niveles de precios y consumo, una nueva economía verde preocupa por la expansión de la mercantilización de la naturaleza y de los ecosistemas como por las nuevas tecnologías como nanotecnología, biología sintética, geoingeniería, semillas transgénicas y suicidas, etc. que implican enormes riesgos y dependencia.

La próxima cumbre será en Doha, diciembre 2012 y podría ser una de las últimas oportunidades para enfrentar la amenaza del calentamiento global. Las negociaciones son muy complejas por tres razones. Primero, los países industrializados con compromiso de reducción de sus emisiones representan algo más de la cuarta parte de las emisiones mundiales. Segundo, Estados Unidos, hasta hace poco el principal contaminador (21% del total mundial de emisiones), no había asumido ningún compromiso en Kyoto. Y en tercer lugar, el mundo en desarrollo no se obliga a reducir sus emisiones que son el 50% del total (China es el primer contaminador con la cuarta parte de las emisiones totales).

El mundo en desarrollo será responsable de más del 90% del aumento de las emisiones futuras. Las negociaciones se complican por las diferencias en las emisiones por habitante. Si China contamina más que Estados Unidos, cada chino emite la cuarta parte que un norteamericano; este es uno de los escollos para el acuerdo: un norteamericano emite 190 veces más que un etíope. En los países desarrollados vive solo el 16% de la humanidad pero sus emisiones son dos tercios del total acumulado.


Walter Navarro M.
Colaboración




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