El día que Bolivia invadió a Chile

Los críticos literarios piensan que lo mejor que escribió Enrique Congrains Martin fue su primer libro, “Lima Hora Cero”, un breve volumen con cuatro cuentos que inauguraron la literatura urbana realista y que provocó enorme interés. Luego lanzó otro, “Kikuyo” y después su primera novela “No una sino muchas muertes” que también logró suceso pues nunca se había tratado con tanta crudeza el tema del esfuerzo y drama de los migrantes andinos para adaptarse y sobrevivir en la capital (su dramático argumento fue la base del film nacional “Maruja en los infiernos”).

Por Diario La Primera | 22 jul 2012 |    
El día que Bolivia invadió a Chile
Enrique Congrains.
EVOCACIÓN DE ENRIQUE CONGRAINS MARTIN

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AVIONES CHILENOS BOMBARDEAN LA PAZ

(Fragmento de “Guerra en el Cono Sur” de Enrique Congrains Martin, Ed. Ecoma, Lima, 1979. p. 115)

“04:01 pm. LA PAZ ANSA/TELAM. URGENTE. URGENTE,

Las sirenas de alarma aérea atronaron esta ciudad que fue violentamente atacada por una escuadrilla de Hacker Hunter y AT-37 de la FACH.- El Cuartel General del Ejército boliviano, sito en el barrio de Miraflores, fue uno de los blancos favoritos de la FACH que lograron varios impactos directo,. La aviación chilena bombardeó fuertemente el centro de esta ciudad, alrededor a la Plaza Murillo hay varios edificios destruidos y se han generalizado cuando menos seis fuertes incendios. Toda La Paz es remecida por los impactos de los rockers chilenos y por el sonido de sus reactores en sus vuelos rasantes.- Ante la vista del asombrado paceño se desarrolla un disparejo duelo aéreo entre media docena de Sabres y unos cuantos aviones Xavante de la FAB, que heroicamente tratan de batir a los raudos Hunter de la FACH…”.

El cuento breve “El niño de junto al cielo” era antaño obligatorio (no sabemos si todavía es Lectura), del que citamos: (…) Desde hacía meses, cuando se enteró de la decisión de su tío de venir a radicarse a Lima, venía averiguando cosas de la ciudad. Fue así como supo que Lima era muy grande, demasiado grande, tal vez; que había un sitio que se llamaba Callao y que ahí llegaban buques de otros países; que había lugares muy bonitos, tiendas enormes, calles larguísimas… ¡Lima…!”.

Congrains tenía entonces 22 años y era un flaco alto, desgarbado, apasionado, incansable. Mario Vargas Llosa lo recuerda con cariño en sus memorias y no falta quien asegura que era un poco chiflado aunque le reconocen su brillantez.

Inventaba (una fórmula para hacer jabones, por ejemplo), editaba, imaginaba proyectos imposibles, hacía política (militó un tiempo en el trotskismo y pasó algunos meses en la cárcel), trató de organizar un sindicato de trabajadoras del hogar, etc. Y escribía de todo para ganarse la vida y él mismo visitaba los colegios para ofrecer sus libros pedagógicos de cualquier tema que fuera rentable. Hasta hizo una biografía de Copérnico. En una época llegó a trabajar, aunque brevemente, en el novísimo vespertino “Ultima Hora” que recién despegaba hacia la fama y también estuvo en alguno de los proyectos periodísticos del legendario Alfonso Tealdo, como los semanarios “Ya” y “Pan”.

Viajó mucho acarreando sus colecciones y estuvo años en Venezuela y por ahí alguna vez se deslizó que agobiado por la persecución de acreedores que habían invertido en algunos de sus proyectos debió usar otro nombre. En algún momento se decidió a publicar textos sobre la Guerra del Pacífico y editó diez breves volúmenes que todavía se consiguen por ahí.

No ocultaba su inquina por los vecinos del sur y probablemente por esto decidió escribir “Guerra en el Cono Sur”, publicado en 1979 y que relata siete días de combates en los que Chile lleva la peor parte en una aventura bélica que se inicia cuando Bolivia se decide a recuperar sus viejos territorios y lanza su “Ejército de Reconquista Boliviano” que avanza hasta llegar al mar…

El Perú también interviene y se arma, para abreviar, una guerra que durará una semana escasa pero de efectos desastrosos para todos. Y de paso imaginó también lo que muchos peruanos quisieran: traer el “Huáscar” al Callao o hundirlo porque en uno de los sugestivos episodios del ataque peruano a Chile está el de Talcahuano. Un grupo de comandos asalta la base chilena, toma el “Huáscar” a sangre y fuego y al no poder remolcarlo hacia la flota que espera deciden volarlo: “… Tres minutos después de abandonar el Huáscar, volaron las cargas explosivas situadas a lo largo de su línea de flotación… en el campo de batalla dejamos los cuerpos de 16 compañeros de armas… la operación de reembarque se hizo sin mayores pérdidas gracias al apoyo brindado por los caza bombarderos argentinos…”.

El libro termina con la intervención de ejércitos de la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Congrains hizo una última incursión en la literatura con un voluminoso libro de ciencia-ficción titulado “999 palabras para el Planeta Tierra”, que relata que una nave extraterrestre se posa cerca de las pampas de Nazca y anuncia que solo es una “Nave-Editora” que tiene como fin elaborar una “entrada” sobre la Tierra para una formidable Enciclopedia Intergaláctica. El problema es que solo puede constar de 999 palabras, ni más ni menos.

Don Enrique falleció hace un par de años y su desaparición fue muy comentada y lamentada. Lo conocimos y apreciamos. Y nunca supimos lo que pensaron los chilenos de su venganza literaria.


Juan Gargurevich
Colaborador


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