El colonialismo vuelve a Mali

Bajo el pretexto de la lucha contra los fanáticos islamistas, Francia irrumpe en su antigua colonia para recuperar su hegemonía política y económica frente a los afanes de otras potencias.

| 28 enero 2013 12:01 AM | Especial | 1.4k Lecturas
El colonialismo vuelve a Mali
FRANCIA INTERVIENE
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El accionar de los países occidentales con respecto a los fanáticos grupos islámicos, no deja de generar conflictos en el Medio Oriente y África, tal como acaba de ocurrir luego de la intervención de Francia en Mali, que derivó en la mayor matanza de rehenes que se tenga memoria en una planta de gas en el sureste argelino.

Y es que los intereses estratégicos y comerciales de los países occidentales no comulgan con su supuesta prédica democrática y antidictatorial en los territorios en los que pretenden mantener su influencia. Se sabe que el territorio de Mali contiene una potencial riqueza mineral, en la que abunda el oro, el petróleo y el uranio. Y que esa es la verdadera preocupación francesa.

PRECEDENTE LIBIO
Hoy, el blanco de ataque de los franceses en Mali no es otro que Al Qaeda en el Magreb Islámico, primo hermano del Grupo Libio de Lucha Islámica (LIFG), una facción respaldada por los países occidentales, incluida Francia, durante la invasión que se trajo abajo el régimen de Muamar Gadafi en 2011. A ellos se les entregó armas, entrenamiento y apoyo aéreo.

El jefe del Grupo Libio es Hakim Abdul Belhaj, quien recibió apoyo de la OTAN para el derrocamiento de Gadafi, acción que derivó en una serie de interminables luchas tribales que entronizaron a los yihadistas en el poder libio. Su medicina la probaron los norteamericanos con la muerte del embajador Cris Stevens en Bengasi, epicentro de la rebelión y convertido ahora en un “emirato del terror”, de acuerdo a la opinión del analista Chems Eddine Chitour.

Pero las cosas no se quedan allí. Belhaj extendió sus acciones a Siria, donde prometió armas, dinero y combatientes al llamado Ejército Sirio Libre, que cuenta con los auspicios y el apoyo occidental. Luego hizo lo mismo con sus pares en Mali. Así, gracias a la OTAN (la Alianza para el Atlántico Norte), Libia se convirtió en un santuario para Al Qaeda, se fortaleció a los grupos yihadistas en el norte de Mali y se puso en riesgo al resto del África. Una versión distinta a la de los que afirman que la intervención francesa busca poner freno al avance islamista. La propia Marine Le Pen recordó que gobiernos franceses contribuyeron a abonar el terreno aportando ayuda, asistencia y armas a los fundamentalistas, “que hoy se utilizan para atacar a un aliado histórico de Francia”.

Tras conocer de la intervención francesa en Mali, el intelectual Jean-François Chalot declaró que se trataba de una injerencia malsana en nombre del gran capital: “El interés superior de los capitalistas prima ante todo. Es la vuelta de la santa Francia-África que ayer denunciaba una izquierda en la oposición y que hoy acepta una izquierda liberal en el poder. Solo falta la Iglesia para bendecir los bombarderos….”. Así, lo que prima es la geopolítica y los intereses.



AZAWAD
Mali es un gran territorio desértico africano que se independizó en 1960 de Francia y que forma parte del Sahara o Sahel. Con más de 14 millones de habitantes, con una economía básicamente rural, forma parte de los 49 países menos avanzados (PMA) y es el país más vasto de África después de Níger.

Allí se entrecruza el territorio Azawad, que comprende las regiones de Tombuctú, Kidal y Gao, zonas que habitan los tuareg, un pueblo bereber de tradición nómada, cuya marginación cultural y económica los llevó a emprender una lucha política y armada desde los años 1960. El descontento frente a un gobierno corrupto e incapaz, generó el alzamiento tuareg del 30 de marzo de 2012, con el apoyo de grupos armados como Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine y el Movimiento para la Unicidad de la Yihad en África Occidental (MUJAO), quienes se hicieron con el control de las capitales de las tres regiones del norte del país.

La victoria insurgente provocó el golpe de Estado contra el régimen del presidente Amadu Toumani Toure. Pero debido a las presiones internacionales, el 13 de abril Dioncounda Traoré es investido presidente en funciones. Nada de eso detuvo el avance islamista que terminó avasallando a sus aliados tuareg del Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA).

Temerosos ante el avance islamista, el 11 de noviembre pasado los países africanos deciden enviar 3,300 militares para ayudar al ejército maliense a expulsar a los islamistas. Y el 20 de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba el despliegue de una fuerza internacional. Pese a ello, el 10 de enero los islamistas se adueñan de la localidad de Konna a 70 kilómetros de Mopti. Eso decide el ingreso de Francia al conflicto.

Los bombardeos franceses provocaron a su vez la escisión de Ansar Dine, grupo del que insurgió el Movimiento Islámico de Azawad (MIA), que condenó y rechazó “todas las formas de extremismo terrorista” y se comprometió a combatirlas. El MIA pidió a las autoridades francesas y malienses “el fin de las hostilidades” y un “diálogo político inclusivo”.



COLONIALISMO
De acuerdo al analista Brahim Senouci, el avance islamista obedece a que el Estado de Mali, al igual que sus pares africanos, no cuenta con respaldo moral ni político entre su gente. “De los cincuenta Estados del continente, todos ellos provistos de ejércitos, de fuerzas de policía, de bandera y de himno nacional, ¿cuántos están construidos sobre arena? La aplastante mayoría de África está gobernada por dictadores corruptos. El ejército, auténtico Estado dentro del Estado, solo existe a su propio servicio. Pone y quita dirigentes”, afirma.

Pero, además de eso, culpa a los países occidentales de esta situación. “Juegan sobre seguro. Apoyándose en redes locales compradas, son las verdaderas dueñas de la situación y controlan perfectamente la situación política de la región asegurándose una fidelidad sin fisuras de sus siervos. Hay algo de chocante y vergonzante en ver a un país que ha sufrido el colonialismo pedir protección a la nación que se lo impuso. ¡Qué constatación de fracaso! ¡Qué humillación! ¿Todo eso para esto?”.

La destrucción del país se evidencia en hechos simples, como que un territorio rico en arrozales, se ve condicionado a comprar arroz industrializado del Oriente… Ello sumado al control político y económico de las potencias. Un ejemplo de ello fue la imposición del FMI para que el país produzca algodón para la exportación, un objetivo que se frustró porque el mercado mundial redujo brutalmente los precios. La especulación endeudó al país, que tuvo que pedir préstamos al consejero, que los cobró ampliamente con el dinero de las inversiones públicas y la venta de recursos. De ese modo, las riquezas de los malienses desaparecieron.

El ferrocarril se vendió a una empresa canadiense por 107 millones de francos, las multinacionales compraron las tierras a los campesinos a 54 euros por cada 7 hectáreas, los yacimientos fueron entregados a las transnacionales mineras. En ese terreno abonado crece la insurrección islamista.

INCÓGNITAS
De acuerdo a Toni Cartalucci, es probable que la intervención francesa haga salir del norte de Mali a Al Qaeda y a sus socios, pero es casi seguro que se retirarán planificadamente a Argelia, generando problemas regionales de alto voltaje como se apreció con la toma de la planta de gas que dejó cerca de 40 rehenes extranjeros muertos.

La intervención francesa en Mali refleja una crisis política que tiende a generalizarse en el África sahariana y subsahariana luego de la “Primavera Árabe”. “Se ha puesto de manifiesto el lado peligroso de la Primavera Árabe”, tituló el New York Times, que agregó: “Tenía razón el coronel Gadafi cuando preveía que si él caía la gente de Bin Laden llegaría por tierra y por mar a ocupar las orillas del Mediterráneo”.

En ese contexto Toni Negri se pregunta: “Pero, ¿es realmente esto lo que impulsa a rebelarse a los nuevos guerrilleros en los desiertos del Norte de África o es más bien una pobreza cada vez más feroz y la siempre destructiva lógica de los gobiernos de la ex Francáfrica? Las zonas rurales de los países del Sahel han permanecido a su pesar en los últimos años en una profunda situación de miseria, lo que nutre el éxodo poblacional y la desestabilización de las grandes ciudades”.

El desarrollo que promueve Occidente con su extractivismo minero es un espejismo en el Sahara. Mali, tercer productor mundial de oro, rico en uranio y se prevé en hidrocarburos, es un país fallido. Allí el yihadismo ancla sus redes ante la falta de instituciones que protejan a su población del saqueo colonial. El saqueo occidental alimenta la barbarie.


Efraín Rúa
Editor de Mundo


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