El club de las mujeres invisibles

La doctora en Literatura Diana Miloslavich Túpac considera que también en la literatura se discrimina a la mujer, como autora y como personaje. Y afirma que debemos darle una nueva mirada a la literatura femenina y a lo femenino en la literatura.

Por Diario La Primera | 23 set 2012 |    
El club de las mujeres invisibles
Diana Miloslavich, doctora en Literatura, saca pecho por sus congéneres en las letras peruanas y mundiales.
DIANA MILOSLAVICH RESCATA LA LITERATURA FEMENINA

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La huancaína Diana Miloslavich Túpac es una activista en defensa de los derechos de las mujeres e integrante del Consejo Directivo del Centro de la Mujer Flora Tristán.

“A mí me parece que ‘Ximena de dos caminos’, de Laura Riesco, es una novela importante… Ximena debería haber sido como el Julius de Bryce Echenique. Ximena es como la conciencia histórica en una ciudad como La Oroya, en un momento de gran conmoción social”.

Es una línea de base, un punto de partida para quienes estén interesados en conocer la literatura de mujeres, las figuras precursoras que valen la pena leer; además de llamar la atención tanto en temas teóricos como sobre algunas voces emblemáticas en la poesía de mujeres. “Es un libro que me habría gustado tener a los 20 años”, dice Diana Miloslavich Túpac sobre su reciente publicación: “Literatura de mujeres. Una mirada desde el feminismo” (Flora Tristán, 2012).

Con este volumen, la autora llena un vacío literario y existencial: “Toda esta ruta de lecturas, conocimientos, han sido exploraciones dispersas, que las he podido juntar ahora pensando en los estudiantes hombres y mujeres y en quienes tienen interés por la literatura de mujeres; es un mapa, una ruta, pero que resume un poco también cuáles han sido mis intereses: le he dedicado tiempo los últimos 20 años”.

Es un libro importante para saber de qué estamos hablando cuando hablamos de literatura de mujeres y por qué insistimos en darles visibilidad a las escritoras, “porque esta les ha sido negada. Hay cierta discriminación no solo en política o economía, sino también en literatura”, afirma.

Estructura libresca
El texto está conformado por artículos ya publicados y algunos inéditos, trabajos de la universidad. En primer lugar, se encuentran las precursoras, como la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz. “Emblemática”, en palabras de Miloslavich, y de conocimiento necesario, porque las feministas “parten de la inglesa Mery Weston Wright; luego siguen con Flora Tristán y después Simone de Beauvoir. Pero Sor Juana ya estaba escribiendo en el siglo XVII”, mientras que Weston lo hizo después.

La segunda parte es teoría feminista; artículos que tienen que ver con la crítica literaria y una mirada desde el feminismo.

La tercera parte trata de las mujeres en las crónicas. Aquí, la autora explora en el libro “Dioses y hombres de Huarochirí”, y rescata lo femenino en el artículo “Diosas en el manuscrito quechua de Huarochirí”.

La cuarta parte está dedicada a la poesía de mujeres en el Perú; especialmente la generación del 50. No aparece Blanca Varela, entre otras, porque este es un libro que habla de lo no explorado, es un trabajo que se ha hecho para llenar vacíos y no en afán totalizador. Raquel Jodorowsky, por ejemplo, está en su lista.

Finalmente, en “Mujeres: vidas sin tregua”, aparece Ángela Ramos, poco conocida, casi olvidada; Esther Castañeda, profesora de (la Universidad Nacional Mayor de) San Marcos y poeta, quien abre la primera cátedra de estudios de la mujer en San Marcos, en la escuela de Literatura; y Laura Riesco, porque sigue siendo la narradora peruana más importante del siglo XX”.

Diosas y dioses
Primero parece el texto original del manuscrito quechua de Huarochirí que publica Francisco de Ávila. Luego, cuando aparece la traducción de Arguedas, se lee “Dioses y hombres de Huarochirí” (1966). Entonces la autora se preguntó por qué Arguedas publicó esta traducción y le pone “Dioses y hombres de Huarochirí” cuando también se habla de diosas.

—De repente, por lingüística. En “dioses” se encuentra incluido las “diosas”, en español.
—Es absurdo que cuando dice que hablamos de hombres ya hablamos de mujeres —dice Miloslavich—. Por eso rescato el caso de Cahuillaca, Chaupiñamca, Urpayhuachac y Chuquisuso.

—¿Arguedas no le dio la debida importancia a la mujer?
—Yo creo que en el momento en que él escribía, digamos, no era un tema central. Más bien en los 70 u 80 es que aparecen los movimientos feministas con mayor fuerza en América Latina a pedir un mayor protagonismo de las mujeres y también una nueva mirada sobre las mujeres.

¿Qué hacen las feministas en la literatura?
La primera fase, dice Miloslavich, es aquella en que se dan cuenta de que “las mujeres han sido invisibilizadas, por ello hay que ir al rescate de ellas. Empiezan a leer hacia atrás para saber si había una mujer que había quedado en la historia de la literatura. Ahí se recupera a Flora Tristán. Es una fundadora del pensamiento socialista y no está en los textos de historia ni literatura en las escuelas primaria y secundaria ni en universidades del país. La figura femenina más importante del pensamiento socialista es, quizá, Flora Tristán”.

Luego hay un segundo momento en que empezaron a leer los personajes femeninos que se habían ido construyendo en la literatura. “Los personajes femeninos en la literatura son disminuidos; no hay grandes heroínas”, afirma: “Son personajes femeninos que crean los hombres y quieren que nos identifiquemos con ellos. Nosotras leemos una literatura donde las mujeres son personajes secundarios”.

Lectora apasionada de Paul Auster, Miloslavich resalta el boom de las escritoras latinoamericanas, pero ese boom se los dan las lectoras: “¿Por qué las mujeres leen a Isabel Allende, a Elena Poniatovska?, porque se identifican con sus personajes”, señala.

—¿Le gusta la literatura masculina?
—No quiere decir que no haya leído a Paul Auster; Mishima también es otro de mis favoritos; el mismo Saramago. Pero hay un empeño en decir “oigan, las mujeres también escriben y hay algunas muy valiosas”. Cuando estaba haciendo mi maestría, me acordé de que le dije al profesor que no podía aprobar su curso, porque todas las lecturas son de hombres. Él me dijo que buscara una mujer que haya escrito un gran testimonio. Le dije Elena Poniatovska. “La noche de Tlatelolco” es un testimonio mejor que todos los que me ha puesto usted en la pizarra, le dije.

Lean a las mujeres
Este libro es un llamado de atención. Las mujeres están haciendo cosas interesantes en literatura. Habría que tomarlas en cuenta.

—¿Hay escritoras peruanas de la talla de Vargas Llosa, Bryce Echenique, Colchado, Gutiérrez? O más recientes, Roncagliolo, Trelles Paz, Alarcón…
—A mí me parece que “Ximena de dos caminos”, de Laura Riesco, es una novela importante. Es cierto que no es una novela que se esté escribiendo en el momento, pero sí es una novela importante. Ximena debería haber sido como el Julius de Bryce Echenique. Ximena es como la conciencia histórica en una ciudad como La Oroya, en un momento de gran conmoción social. Es la testigo de las luchas mineras, digamos, en La Oroya, y es bien actual, ¿no?

—Entonces, ¿por qué no lo es?
—Porque la autora era mujer, como lo fue Raquel Jodorowsky, que murió el año pasado. Raquel es una de las voces más importantes, no solamente femenina. Y ha muerto y no hay grandes estudios sobre ella. ¿Por qué Raquel termina siendo tan relegada? La única explicación, siendo tan buena escritora, es porque era mujer.

—Dice usted que no tenemos costumbre de leer a las mujeres. ¿A quiénes recomendaría?
—A Clarice Lispector o Nélida Piñón. Yo no te digo que leas a Isabel Allende porque creo que ella y la propia Marcela Serrano y Elena Poniatovska quizás hagan un tipo de literatura que (los hombres) no están acostumbrados a leer.

—Eso suena discriminatorio con los hombres.
—No, no es discriminado, es por la sensibilidad… Elena Garro, que fue esposa de Octavio Paz, tiene un libro que se llama “Memorias del porvenir”. Me parece una novela emblemática. Trata sobre la revolución mexicana. “Peregrinaciones de una paria”, de Flora Tristán, es como una novela de la época de los folletines. Ahí está la historia de la mariscala Gamarra, la historia de la Rabona, de las vivanderas. Y otra que habría que leer, pero con otros ojos, es “Aves sin nido”.

—¿A qué se refiere con “otros ojos”?
—Con una nueva mirada, porque Antonio Cornejo Polar dice que la novela peruana se funda con “Aves sin nido”. Digo con otra mirada porque si tú la lees ahora, te das cuenta de la profunda injerencia de la iglesia católica. Otro texto, que me parece que también es interesante es el de Rosario Castellanos, un libro que se llama “Mujer que sabe latín”, porque si bien es un ensayo, ella, en el fondo, dice que ser mujer que sabe latín no tiene buen fin. Es más o menos el mensaje. Dice que las mujeres que saben no tienen buen camino. También “Sobre mentiras, secretos y silencios”, de Adriane Rich.


Marco Fernández
Redacción


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