El cáncer del contrabando

Los diferentes intentos del Parlamento y el Gobierno Central no han resuelto el problema del contrabando. Está presente en las fronteras, pero es más agudo en la ruta del Sur.

| 04 setiembre 2011 12:09 AM | Especial | 12.4k Lecturas
El cáncer del contrabando
Mercadería decomisada de contrabando; aun así sigue ingresando al sur.

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TEXTILES
Taquile, un ejemplo

Hay comunidades que destacan por su abundante iconografía textil, como es Taquile en Titicaca. Ésta comunidad ha evolucionado estilos decorativos particulares. El “Arte textil de Taquile” fue proclamado en el 2005 como Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la Humanidad por la UNESCO. Pero una paloma no hace verano. El reto es combatir el contrabando y emprender la multiplicación de Taquile, que tampoco puede vivir solo de sus tejidos.
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Comisiones de Industria, Comercio y Servicios, aplicaciones de leyes contra los delitos aduaneros, discursos sobre la creación de fronteras vivas, no han garantizado el desarrollo del bienestar de las poblaciones fronterizas, principalmente de campesinos marginales y grupos étnicos que viven en pobreza.

La ayuda de aparatos electrónicos y perros policía en puertos y aeropuertos, tampoco han podido reducir el volumen de ingreso de la mercadería ilegal. En zonas como el Altiplano, el contrabando se ha convertido en un conflicto social, con consecuencias regionales.

El caso de los pobladores de Desaguadero, en la frontera peruano – boliviana es dramático. Las artesanas están abandonando, virtualmente, sus alpacas, llamas y ovejas, ante la desleal competencia de variada mercadería que ingresa por los puertos de Chile y llegan al Altiplano en grandes camiones, siguiendo los poblados del norte del Titicaca, Arequipa y Lima.

El contrabando rompe con todas las normas del libre mercado. En Juliaca aparecen fugaces ferias comerciales con ofertas increíbles: tres polos de algodón a cinco soles, calzados a cinco soles el par, camisas y casacas “de marca” a 6 y 10 soles unidad. Vino, whisky y artefactos eléctricos más baratos que en cualquier otro lugar del país.

TEJEDORAS
Los comerciantes de la mercadería ilegal, micro en mano, convocan a los compradores, pero ocultan sus rostros para no ser fotografiados. Los fardos de ropa, llegan en las madrugadas, con custodia policial y gran parte de la mercadería sigue a Lima, con la misma protección.

En Puno se comenta que más de un policía de alta graduación, ha sido dado de baja, pero tienen viviendas lujosas. Uno de ellos es conocido en Huacho y ciudades vecinas.

La otra cara de la moneda, es la agonía de miles de mujeres tejedoras de prendas de vestir, que emplean las fibras de alpaca. El apoyo del Estado con cobertizos, entrega de ejemplares para el mejoramiento del ganado, atención veterinaria y asesoramiento con empresas exportadoras, es insuficiente para apuntalar a la ganadería.

Zoila Quispe Mamani, madre de siete hijos y su esposo son tejedores, ella desde los siete años y sin haber ido a la escuela. Dice que Juliaca ha mejorado muy poco para los tejedores, porque sus prendas solo las compran los turistas y quienes bajan de las minas.

Ella y otras treinta personas ocupan los kioscos de la Asociación de Calceteras, edificio en la plaza principal de Juliaca, construido por el Municipio, y entregado a cada socio para ser pagado a largo plazo.

DRAMA
El moderno edificio de la Asociación de Calceteras, después de tres años, ahora tiene cerrados más de la mitad de los quioscos. Las ventas han bajado mucho. Una frazada significa siete días de trabajo.

La fibra de alpaca en las comunidades cuesta 6 soles la libra, los intermediarios la suben a 16 soles y la de oveja de 2 a 4 soles. En consecuencia, producir una chompa cuesta entre 30 y 35 soles, no genera mayores ganancias, en tanto los ojos, la vista, vamos perdiendo, comenta Manuela Cenzano.

Francisca Apaza Quispe cuenta que en Juliaca y Puno hay más de tres mil familias tejedoras, que se dedican desde niños a elaborar guantecitos, chalinas y medias.

“Nuestras madres tejían y nosotros seguimos la tradición. Ahora tenemos una Asociación con 79 socias, algunas se van a las ferias de Lima. Ahora no hay cupo para el ingreso de más miembros”, dice Francisca, quien agrega que “la capacitación ya no tenemos. Antes nos enseñaron diseño, teñidos de colores, y marketing”.

Turismo de identidad
Lo que necesitamos para avanzar, es Más Turismo, invocan al unísono las tejedoras. Ellas están en condiciones se seguir mejorando sus tejidos.

Prendas de vestir, presuntamente de China, traídas de contrabando, minan los textiles de Puno. “Anteriormente tejíamos con telares”, dicen las diestras hilanderas . Un socio que conocía esta técnica se fue.

Lamentablemente, no tienen vínculos con el exterior. “Sabemos que una que otra empresa tiene lazos con exportadoras. La artesanía textil, bien organizada, sí es un sustento para la familia”, remarca Justina Velarde Gruba, vicepresidenta de la Asociación de Calceteras de Juliaca.



Jorge Zavaleta Alegre
Colaborador


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