Drogas: por un nuevo enfoque

El gobierno saliente deja el problema de las drogas en una situación alarmante. Frente a ello es necesario incorporar nuevos enfoques en su análisis y personas en la conducción de las políticas.

| 07 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 794 Lecturas
Drogas: por un nuevo enfoque
Ricardo Soberón trae aire fresco y nueva visión a Devida.
Opinión

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Cultivos alternativos

En medio de toda esta realidad, es oportuno también reconocer que existen proyectos piloto de sustitución de cultivos que vienen dando resultados positivos, ya que no convierten al cocalero en un delincuente, sino en un aliado con el que hay que desarrollar estrategias y al que hay que brindar el apoyo necesario para poder remontar el círculo de dependencia que establece con las mafias de narcotraficantes.
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Teniendo en cuenta que el Perú se está convirtiendo en el primer productor de cocaína, es urgente que se tomen las medidas adecuadas para empezar a revertir este legado del segundo gobierno de García. Esta situación evidencia las limitaciones y contradicciones de la lógica represiva.

El Presidente Ollanta señaló en su discurso que su gobierno no legalizaría ninguna droga en el Perú (otras drogas como el alcohol no sólo están legalizadas sino que hasta el propio Estado las promociona) pero que reconoce la existencia de un debate internacional al respecto.

Justamente el ex presidente de Colombia César Gaviria, ha estado en estos días en el Perú abordando el tema. Gaviria es parte de la corriente que junto a otros ex mandatarios y figuras públicas como Cardoso de Brasil, Zedillo de México, Antanas Mockus de Colombia o Mario Vargas Llosa, vienen impulsado la denominada regulación del uso de las drogas, sobre la base de observar este asunto principalmente como un tema de salud pública.

Este debate aborda también la necesidad de, en ciertos casos, ir hacia una normalización del consumo, que permita que los enormes recursos destinados hoy a la represión, se dirijan a políticas de información y prevención adecuadas.

Nuevos enfoques
El nombramiento de Ricardo Soberón al frente de Devida, institución rectora y coordinadora en relación a las políticas antidrogas, va en el sentido idóneo, ya que se trata de una persona que ha colaborado directamente con la propuesta del actual gobierno y profundizado en el análisis económico y social, dejando atrás los lugares comunes y los prejuicios existentes al respecto. No es casualidad que Soberón haya sido atacado en estos días desde varios frentes por aquellos que enarbolan la represión como única vía para resolver el problema.

Asimismo, el Presidente Ollanta ofreció la convocatoria a una cumbre internacional para concertar medidas para aminorar la producción y consumo de ciertas drogas. Si ello se diera, sería necesario reorientar el enfoque para reconocer que la política represiva iniciada hace casi cincuenta años no ha producido ningún resultado positivo.

Día a día organismos como Devida o sus análogos en otros países nos informan que el consumo de tal o cual droga se extendió entre los jóvenes, que las mafias cada vez son más poderosas al punto de jaquear estados como el mexicano, etcétera. Es decir, el fracaso de esta lógica es contundente por donde se le mire.

En ese contexto, si el Perú quiere encabezar o colaborar decididamente hacia una salida, debe procurar que sean los que conocen la problemática y han construido enfoques distintos, los que asuman las riendas de las entidades estatales dedicadas al tema.

De lo contrario seguiremos en lo opaco, en la repetición de un discurso agotado, bajo la presión de los sectores conservadores que impiden el avance del debate, y se niegan a reconocer que una parte relevante del problema, tiene directa relación con las opciones personales; por ello la adecuada información pública y privada es necesaria.

Sincerar el asunto
La diferenciación de las drogas también debe ser analizada. Sin duda es el alcohol la droga que más daños sociales, familiares y personales causa, pero tiene carta libre para ser comercializado, fabricado y promocionado.

Es incongruente e hipócrita que se coloque todo el peso del asunto en ciertas drogas cuando la principal vive y reina en todas las ciudades del mundo y es la que conduce a las demás sustancias. Una política integral contra las drogas debería involucrar también las medidas necesarias para aminorar el consumo del alcohol.

Igualmente, la salud pública debe pasar a tener un rol clave en la reorientación que se requiere. Tanto la información, la prevención, el consumo o tratamiento de las adicciones, se inscriben en los alcances de la salud pública. Observar el tema desde esta perspectiva permitiría disipar en cierta medida algunos de los nudos en el debate.

Los pocos recursos destinados a combatir la expansión del consumo de las drogas no deberían irse en perseguir a los jóvenes consumidores que son el último eslabón de la cadena; sería interesante ver cómo la policía coloca el mismo celo con el que captura a micro comerciantes y consumidores, para poner tras las rejas a los grandes narcotraficantes del país. Menos discurso y más inteligencia, porque el poder corruptor del narco es enorme.


Alexandro Saco
Colaborador


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