Dos años sin una reina

Este 3 de abril se recuerdan dos años de la muerte de quien fuera “La Reina y Señora de la Canción Criolla”; nacida el 20 de diciembre de 1920 en el barrio limeño de Pachacamilla, a una cuadra de la iglesia de Las Nazarenas, María de Jesús Vásquez Vásquez representa en la historia de la música peruana a la más grande intérprete criolla de todos los tiempos, sitial reconocido por las actuales cultoras nacionales.

| 25 marzo 2012 12:03 AM | Especial | 2k Lecturas
Dos años sin una reina
En recuerdo de María de Jesús Vásquez, Reina y Señora de la Canción Criolla, quien partió al cielo con su elegante voz el 3 de abril de 2010.
2017

De padre chotano y madre huancaína, Jesús recibió el apoyo familiar, empezando sus pinitos artísticos en el Colegio de Las Nazarenas. Posteriormente recordará: “De chica me gustaba sentarme sobre la pila de agua del callejón vecino y desde allí escuchar los ensayos del trío ‘Los Criollos de Pura Cepa’, en la casa de la familia Paz Soldán, todas las tardes (…). Un día, los dueños de la casa me invitaron a cantar a dúo con Lucho de la Cuba; y, después de escucharme, me dijeron que iba llegar bastante lejos, acuérdense...”.

No fue para menos; Jesús Vásquez marcó un antes y un después en la cultura peruana, y es que a diferencia de la casi totalidad de artistas, quienes ganaron prestigio con el paso de los años, ella se convirtió en la más grande exponente del acervo musical criollo desde el primer momento en que pisó el escenario.

Previamente participó en la trilogía del cine peruano con tópico criollo, dirigidas por Sigifredo Salas y producida en 1938 por Amauta Films. Jesús intervino como extra en “El guapo del pueblo”, “Palomillas del Rímac” y “El gallo de mi galpón”.

En esta última interpretó por primera vez el emblemático vals “El Plebeyo”, de Felipe Pinglo Alva. El éxito fue tal que debió repetir tres veces el mismo tema, durante su primera presentación en público, en el Teatro Principal (Hoy teatro Segura).

La radio, la fama
En 1939, la revista “La Lira Limeña” organizó un concurso donde los radioescuchas votaban entre sus artistas favoritos para elegir a “La Reina de La Canción Criolla”. El 19 de julio de ese año, Jesús, quien para entonces tenía 18 años y un modesto recorrido por las radios Greyeaux y Goycochea, percibiendo 50 centavos semanales, es ungida en el cine Teatro Apolo, del barrio del Chirimoyo, bajo el epíteto de Reina y Señora de la Canción Criolla. La coronación estuvo a cargo del periodista Aurelio Collantes, conocido como “La Voz de la Tradición”.

En poco tiempo se incrementó su fama a pasos agigantados e inició labores en Radio Nacional, Radio Victoria y Radio Lima, además del Centro Musical Felipe Pinglo, siendo llevada por el compositor Pedro Espinel; en todo lugar la querían como figura central de las emisiones estelares diarias. Posteriormente vinieron las llamadas “variettes” que se presentaban en los teatros de Lima y el interior del país.

Su primer viaje al exterior fue a Bolivia, a donde llegó en 1945 para presentarse en radioemisoras del país altiplánico y, como escala, a Buenos Aires; en esa ciudad se presentaba regularmente en “Radio El Mundo” y grabó sus primeros discos para el sello “Odeón”, bajo la dirección musical de Jorge Huirse Reyes, un músico puneño afincado en Argentina y cuya enorme fama entre los rioplatenses posibilitó que muchos peruanos grabaran en ese país verdaderas joyas del acervo costeño y andino; entre ellos, “Los Trovadores del Perú”, “Los Morochucos”, Alicia Lizárraga y Delia Vallejos. Entre sus primeras grabaciones destacaron la polca “Cholita” y los valses ”Todos vuelven”, ”Secreto”, ”Destino”, ”Encontré una carta tuya”, ”Envenenada” y ”Quisiera verte siempre”, además de huaynos y tonderos. Para muchos, el tema que la consagró fue el vals “Corazón”, del maestro Lorenzo Humberto Sotomayor, grabado en Chile y con el acompañamiento del grupo “Los Chalanes”, en 1946.

Giras
Las giras internacionales no se hicieron esperar, visitando Chile, Bolivia, Colombia, Venezuela, Centroamérica, Estados Unidos, México, Francia y Australia.

Recordemos que hasta inicios de 1950 no existían casas discográficas en el Perú y todo artista que pretendía estampar su música en el acetato debía viajar a Estados Unidos, Chile o Argentina; es así como Jesús Vásquez y muchos artistas más debían viajar a países vecinos; a ello le añadimos que la travesía se realizaba generalmente por barco o tierra, ya que los vuelos comerciales aún no era regulares; por ello se optaba a realizar presentaciones previas en las localidades cercanas al destino final.

Mientras la guerra desangraba Europa, el Perú firmaba el Acuerdo de Paz con Ecuador en una sociedad sin televisión y con un cine importado del norte; en ese momento, la radio se convertía en un efectivo vehículo integrador y difusor de “peruanidad”.

Jesús Vásquez grabó aproximadamente 60 discos de larga duración y 80 de carbón; las cifras incluyen los discos que grabaría en cada ciudad que visitó y seis “long plays” impresos en Ecuador en los que grabó pasillos.

Su calidad fue indiscutible y compartió escenarios con artistas como Celia Cruz, Pedro Vargas, Pedro Infante, Libertad Lamarque, el trío “Los Panchos” y Raphael, además de participar en una película mexicana a finales de la década de 1950.

Asimismo, recibió cientos de distinciones oficiales y miles de reconocimientos en diplomas y trofeos; fue condecorada con la Orden del Sol, las Palmas Magisteriales, el premio José María Arguedas y la condecoración máxima de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Gran Calidad
Pese a ello, los medios de comunicación fueron muy injustos con las generaciones posteriores, y es que durante años mantuvieron escondidas las grabaciones realizadas por Jesús Vásquez en Argentina; en aquellos discos de 78 revoluciones se plasman hasta hoy la más alta calidad musical que tuvo el país y que con el paso de las décadas aún no ha sido superada.

Aunque viene circulando por internet un par de imágenes de “La Reina y Señora”, correspondientes a la primera mitad del siglo XX, la gran cantidad de material audiovisual que se tiene de sus últimas intervenciones, corresponden al programa Trampolín a la Fama, a inicios de los noventas y en el mejor de los casos, en el fenecido programa “Danzas y Canciones del Perú”, a finales de los setentas; objetivamente, todo ello no representa ni el 25% de lo que su calidad interpretativa podía demostrar, por lo que las nuevas generaciones se quedarán con la imagen de una mujer canosa, avejentada y con voz gallosa que se retiró de la vida artística a los 87 años, solo dos años antes de su muerte.

Desde hace unos años la Casa Museo Jesús Vásquez y la Asociación Cultural Musical del mismo nombre (Av. Libertad 645 , San Miguel, Lima) exhibe discografía, fotografías, filmografía, diplomas, reconocimientos, objetos personales de “La reina y Señora”; su función es rescatar, conservar, y dar difusión a la obra artística de la cantante.

Objetivamente no hay palabras para calificar a quien fue, es y será por siempre la Reina, el más severo sentimiento sucumbe ante la capacidad interpretativa de “la chola”; por que a los menos expresivos se nos hace un nudo en la garganta y eriza la piel al escuchar la extraordinaria dupla Jesús Vásquez Jorge Huirse. Porque de esas grabaciones setenta años han pasaron y setenta pasarán pero ella será la misma. Un reconocimiento a quien tocó y tocará las fibras más sensibles de cada uno con ese sentimiento de pueblo llamado Perú.


Ernesto Toledo Brückmann
Redacción


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