Doña Liz y sus maridos

Elizabeth Taylor, que pasará por el altar por novena vez a fin de año junto a su novio Jason Winters, portará el día de su boda una corona valorada en más de dos millones de euros.

Por Diario La Primera | 08 ago 2010 |    
Doña Liz y sus maridos

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La noticia que recorre las redacciones es el nuevo matrimonio de Liz Taylor, cuando casi tiene 80 años. Con la ilusión de una primeriza, prepara su boda, con un novio 30 años más joven que ella y, para mayor sorpresa, un hombre negro y regordete, que la lleva a todas partes empujando su silla de ruedas.
Liz nació en Inglaterra el 27 de febrero de 1932 y muy pronto llegó al cine para quedarse. Su dulce rostro, sus ojos intensos, la extraña sensualidad que se anunciaba en sus labios, hicieron que los cazadores de talentos de la Universal dijeran que no tenía cara de niña, que no podía competir con Shirley Temple. Pero la Metro, el estudio más poderoso de Hollywood, fue más confiado en la posibilidad de explotar su belleza. Respecto a sus amores y aventuras, ya habían pasado por su vida un jugador de fútbol, Glenn Davis; el hijo de un embajador, William Pawley, quien le obsequió un diamante de tres quilates y medio; Vic Damone, el consuelo de una decepción amorosa.

Pero fue el heredero de una cadena internacional de hoteles quien la desposaría. Nick Hilton y Liz se casarían el 6 de mayo de 1950. La boda fue cuidadosamente publicitada por la Metro. El anillo de bodas costó 6,500 dólares y otro anillo, de diamantes, valorizado en 5 mil dólares, incrementaría su colección de joyas. Un año después se divorcia de Hilton, se apasiona por Stanley Donen, la madre la envía a Londres, creyendo que la niña podría enfriarse a orillas del Tamesis. Ocurre lo contrario. Allí conoce a Michael Wilding, un actor británico que le dobla en edad y se casa rápidamente. Liz no había aún cumplido los 20 años. Wilding le regaló un anillo de brillantes y dos hijos.

En 1956 se divorcia de Wilding. Al enterarse de su divorcio, el productor Mike Todd la llama por teléfono y le dice: “de hoy en adelante no salgas con nadie porque vas a casarte conmigo”. Liz apenas conocía a Todd. Pero se casaron en 1957. El padrino fue Eddie Fisher. Otro anillo de diamantes de 29 quilates cierra el compromiso. Con Todd, procreó a su tercera hija: Liza. Era el verdadero amor de su vida. Para su cumpleaños Todd le regala un Renoir, un abrigo de visón y una pulsera de diamantes.

Pero la felicidad le dura apenas trece meses. Todd muere en un accidente de aviación. Liz tenía 26 años y era la viuda más bella y triste de Hollywood. Ahora, la niña mimada es una mujer que ha vivido intensamente. Y esta fuerza interior queda registrada en la pantalla. Richard Brooks la solicita para interpretar a la heroína de Tennessee Williams en “La gata sobre el tejado de zinc”. Brooks diría de Liz: “es la actriz que mejor puede interpretar las heroínas del dramaturgo norteamericano. Primero es una belleza. Luego una combinación de niña y prostituta. Tercero, quiere amar y ser amada apasionadamente. Y finalmente, oculta algo en su vida”.

Era la actriz más cotizada, la más querida por el público, la más bella de la pantalla. Pero estaba sola y viuda. Quien estaba cerca en ese momento era el padrino de la boda, Eddie Fisher, cantante popular en los años 50 y esposo modelo de Debbie Reynolds. El consuelo va más allá de los restaurantes y las fiestas. Liz se apropia de un nuevo marido. El escándalo estalla. Fisher se divorcia y el 12 de mayo de 1959, se casa con Liz.

“Cleopatra”, marca el tope de la popularidad de la estrella, pero también el fin de la era de los estudios. La Twentieth Century Fox se embarcó en el proyecto más ambicioso jamás realizado a un costo gigantesco para la época: 35 millones de dólares. Pero la historia de amor de la reina egipcia sería opacada por la historia de amor y adulterio de Elizabeth Taylor y Richard Burton.

El erotismo venía junto con la ingesta de interminables botellas de whisky y peleas salvajes. Fisher, alertado por la prensa, viaja a Roma. Sólo le queda comprobar que ahora le toca a él ser abandonado. Los amores se hacen públicos. Los paparazzi registran todas sus salidas, borracheras y peleas. Pero ambos también crecen profesionalmente. Richard y Liz no sólo forman una sociedad conyugal sino un formidable tándem artístico. Cada uno aportando su propia experiencia e imagen. Liz, su posición de superestrella y Burton su innegable calidad interpretativa.

Luego vendrían nuevos matrimonios y nuevos divorcios, con John Warner y Larry Fortensky. Ahora le toca el turno al noveno marido: Jason Winters.

Ronald Portocarrero
Redacción

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