Dinero indebido

Ripley desnuda las inconsistencias del modelo de crecimiento, por lo que se hace urgente contar con señales del gobierno que permitan entender que los abusos aminorarán.

| 21 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 1.1k Lecturas
Dinero indebido
RIPLEY

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MODELO CONSUMISTA

Un caso emblemático

Le toca a Ripley ser hoy un caso emblemático desde el cual replantear las relaciones laborales por un lado, y además limitar los abusos que el sistema financiero ha consolidado alegremente desde hace muchos años. No se sostiene señalar que si una persona no está de acuerdo con estas situaciones tiene la libertad de no trabajar o de no acceder a un crédito; es el modelo consumista el que hace imposible a los ciudadanos salir del esquema, por eso lo que hay que reformar es esto último.
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Pocas veces han sido más evidentes las limitaciones y contradicciones que el modelo económico y de consumo presenta en el país. Una de las cadenas más exitosas, Ripley, ha sido desnudada en la relación con sus trabajadores, la cual no guarda ninguna coherencia con el éxito que tiene en el mercado peruano.

Las demandas son obvias: cumplimiento de los derechos laborales establecidos en la ley, incremento de los sueldos en cierta relación a las millonarias utilidades que la empresa viene teniendo.

¿Y LA SBS?
Pero además de ello, las grandes cadenas de tiendas por departamentos han ingresado al mercado financiero, con el ánimo de ejercer mayor control sobre los clientes. Así, de unos años a la actualidad, ahora existe un Banco Falabella y una Financiera Ripley, que enganchan a miles de ciudadanos a créditos de intereses abusivos.

No es casual que lo primero que sucede cuando alguien entra a una de estas tiendas sea que una persona se le cruce en el camino para ofrecerle la famosa tarjeta de crédito.

Información incompleta, textos engañosos o condiciones aparentemente favorables ofrecidas a los tenedores de las tarjetas de crédito, una vez que se inicia el pago de las obligaciones, se convierte en una trampa de la cual no hay forma de salir.

La pregunta es ¿por qué la Superintendencia de Banca y Seguros no se ocupa de poner orden? Queda esperar que este nuevo gobierno asuma esa tarea para que estas situaciones varíen en beneficio de la ciudadanía.

DINERO INDEBIDO
Si nos tomáramos el trabajo de contabilizar todos y cada uno de los abusos (entiéndase cobros indebidos) que se repiten en el sistema financiero o en servicios como la telefonía, de hecho nos encontraríamos con montos de dinero enormes que son obtenidos indebidamente.

Por eso, lo mínimo que se le puede pedir al Estado frente a esa circunstancia harto conocida, es que trabaje para terminar con esa realidad. De ese modo las personas contarán con más dinero para sus necesidades básicas.

Sumemos las “comisiones” que nos cobran en los bancos y los extraños ítems que aparecen en los recibos de telefonía fija o móvil (con recibos enredados en los cuales no se puede determinar a qué corresponde cada monto), los cobros en las tarjetas de crédito o en los seguros de todo tipo, y nos percataremos de la forma indebida en que algunas empresas vienen extrayendo dinero a las familias. Esto no tiene nada que ver con la libertad de empresa o de mercado, sino con el cumplimiento de la ley y con la no manipulación de los consumidores desde una posición evidente de ventaja.

Por eso la persistencia de los trabajadores del sindicato de Ripley es importante, ya que refleja cómo ciertas inversiones en los últimos lustros han tenido carta libre por la indiferencia de los organismos supervisores o reguladores.

Además de colocar precios arbitrarios a la mercadería, lo cual hasta podría justificarse, explotan a sus trabajadores que obviamente se percatan de que sí existe el dinero para resolver sus demandas.

AHORA O NUNCA
Y es que finalmente de lo que se trata es de que exista una correlación positiva tanto para inversionistas como para trabajadores de empresas de sectores que evidentemente vienen teniendo ingresos enormes.

Algo similar viene sucediendo en la agroindustria, en la que diversos estudios han demostrado la abyecta inequidad en el ingreso entre obreros y ejecutivos, con casos en los que un trabajador que dedica más de ocho horas al día percibe por todo concepto 9 mil soles al año, mientras que un ejecutivo supera los 300 mil, para no hablar de las vejaciones laborales que también se han documentado en este boyante sector.

El ánimo nacional que se tradujo en el resultado electoral, reflejó la necesidad de transformar ciertas situaciones imposibles de mantener si el país desea desarrollar inclusivamente y no sólo mantener el espejismo de ciertos indicadores.

En buena medida está en manos del gobierno dar las señales necesarias e intervenir en donde sea necesario; de lo contrario las expectativas en cambios reales se irán diluyendo y crecerá el descontento.


Alexandro Saco
Colaborador


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