Democracia y poder político

El camino hacia el logro de la dignidad e identidad de las personas, de su capacidad creativa y de sus derechos para el desarrollo, representa una lucha constante y azarosa.

| 16 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 1.2k Lecturas

Más datos

Si no hay coherencia entre la propuesta de cambio y los comportamientos públicos de los funcionarios y dirigentes, no hay cambio “revolucionario” o “progresista” posible.
1228

Una pregunta crucial es cómo ajustar este sistema de “delegación” de responsabilidades a tal objetivo. En nuestro país, Argentina –imagino que en muchos otros también-, los acontecimientos de nuestra historia pasada, reciente y actual se asemejan más a una serie tramposa de promesas –donde se mezclan víctimas y victimarios, héroes y medradores-, donde el rédito para la gente cae en cuentagotas, con una discontinuidad exasperante -socialmente inmoral- y una continuidad enfermiza hacia la cronicidad de la injusticia social.

Hoy nos preocupa la marcha actual en ese camino deseable, pues parece haberse confundido el poder para dar y hacer con el poder para beneficiarse, el interés de lo público con el interés de lo privado, la sensibilidad por el recambio generacional con prejuicios etarios, moda con ideología, discrepancia con traición a la patria, derechos humanos con oportunismo, dialéctica con adoctrinamiento, verdades relativas con verdades absolutas.

Para colmo de males la historia pública personal de muchos actores públicos actuales se contradice con sus alegatos que hablan de solidaridad, de defensa de los recursos naturales, de austeridad, de equidad distributiva, de lucha contra la corrupción.

En pocas palabras, que desde el púlpito del poder de funcionario y con total inescrupulosidad se siguen arrojando mentiras, impunidades y comportamientos corruptos al arcón de la historia, de donde algún elegido tomará en el momento oportuno lo que le conviene para su discurso de ocasión.

Si no hay coherencia entre la propuesta de cambio y los comportamientos públicos de los funcionarios y dirigentes, no hay cambio “revolucionario” o “progresista” posible.

En ese caso, si hemos de funcionar con este sistema “democrático” –a pesar de la pobreza, la marginalidad, la corrupción, la inequidad, la falta de real acceso universal a la educación- busquemos los medios para defender el pleno funcionamiento de las instituciones de la República: universalidad, equidad y presteza para impartir Justicia; debate, iniciativa y representatividad efectiva para el Parlamento; transparencia, honradez, sensibilidad social y sabiduría para el Ejecutivo.

Tal como debiera hacerse con el control de los fondos del Estado, exijamos e implementemos mecanismos para un control más estricto sobre el accionar de nuestros delegados al poder público.

Exijamos su exposición permanente para que rindan cuenta de sus iniciativas, logros o errores como funcionarios o dirigentes sociales.

No demos más un cheque en blanco, pues corremos el riesgo cierto de que lo llenen y nos dejen vacíos de derechos, esperanzas y fondos públicos.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD