Democracia y modo de gobernar en Bolivia

Hace quince días, volví otra vez a Bolivia, precisamente cuando terminaba una importante huelga policial y había llegado a La Paz la novena marcha de los indígenas de la Amazonía “Por la defensa de la vida y dignidad, los territorios indígenas, los recursos naturales, la biodiversidad, el medio ambiente, las áreas protegidas y el respeto de la democracia”.

| 15 julio 2012 12:07 AM | Especial | 2.2k Lecturas
Democracia y modo de gobernar en Bolivia
ENTRE LUCES Y SOMBRAS
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La primera de esta serie tuvo lugar en 1990 y se llamó simplemente “Marcha por la dignidad y el territorio”. En ese mismo año, se produjo el “Primer Levantamiento indígena” en Ecuador. La marcha Nº 9 de junio tuvo el mismo objetivo que la N°8 de octubre 2011: defender un área protegida indígena e impedir la construcción de una carretera. En octubre último, Evo Morales aceptó el reclamo y dio marcha atrás, pero volvió a autorizar la construcción de esa carretera y la lucha indígena se renueva.

Después de su victoria electoral con una amplia mayoría de dos tercios de los votos en la primera vuelta, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales y una amplia coalición política, cumplió con sus promesas más importantes. Convocó a una Asamblea Constituyente que aprobó la nueva Constitución que dejó atrás la “República de Bolivia” para reemplazarla por el “Estado Plurinacional de Bolivia”.

En un referéndum, dos tercios de la población aprobaron esa Constitución. Por este nuevo contrato social en vigencia, los indígenas ejercen sus derechos políticos, son elegidos diputados y senadores, participan del poder en cada una de las instancias nacionales, regionales y locales.

El gobierno nacionalizó los hidrocarburos invirtiendo las proporciones vigentes hasta 2006: las empresas multinacionales tienen ahora solo el 18% y el Estado controla el 82 %. Un poco más tarde, se aprobó la “Ley contra el racismo y toda forma de discriminación” y, en la nueva Ley electoral establece que Bolivia “es una “democracia intercultural”.

Bolivia ha dado varios grandes pasos adelante por una propuesta de transformación política profunda, de la que los medios de comunicación en Perú dicen poco o nada por su compromiso estructural de 500 años con el poder colonial.

Es pertinente recordar que lo nuevo viene siempre mezclado y, a veces, confundido con lo viejo. Toda constitución es una propuesta política ideal, un discurso separado de la realidad por una pequeña o gran distancia si se tiene en cuenta, por ejemplo, los casos norteamericano y peruano.

Pero lograr una nueva constitución en la que el país oficial coincide con el país profundo, como resultado de la mayoría electoral de dos tercios en elecciones limpias, es un hecho político de primera importancia. Los llamado indios de ayer, son ahora ciudadanos indígenas con derechos y con capacidad para ejercerlos.

Por ese simple hecho el gobierno de Evo Morales tiene ya un lugar de primera línea en la historia boliviana. Pero las luces, no aparecen solas, están siempre acompañadas de sombras.

La novena marcha indígena tiene el propósito de convencer al gobierno para que desista de construir una carretera que corte y divida en dos el ¨Territorio indígena en el parque Isiboro-Sécure, TIPNIS, de la que la principales víctimas serían la población indígena, el bosque y la biodiversidad, en la medida en que perderían ochenta kilómetros de territorio en ambas orillas a lo largo de toda la carretera.

Los principales beneficiarios serían la empresa constructora, los cocaleros que estarían ya repartiéndose lotes, otros nuevos terratenientes, los transportistas y los comerciantes. En términos peruanos de hoy, el debate boliviano sobre este punto podría expresarse en la alternativa La carretera va o No va.

Al llegar a La Paz, los indígenas no pudieron entrar a la Plaza Murillo, donde está el Palacio de Gobierno. Cito, a continuación, un párrafo de la carta dirigida por los indígenas amazónicos bolivianos a Evo Morales, el 30 de junio 2012: “Habrá podido notar usted, señor Evo Morales, Que la decisión de no permitirnos entrar en la Plaza Murillo, espacio público y patrimonio cultural de todo el pueblo boliviano, bajo el argumento de que la ‘ensuciaríamos’ y ‘maltrataríamos’ como si fuésemos animales, es el típico argumento con el cual durante la Colonia y los comienzos de la República se nos impedía ingresar a estos lugares, precisamente porque no era ‘bien visto’ que los indios se mezclen con la gente blanca. Así, en nuestras regiones, los ‘cambas’, ‘paicos ’y ‘guarayos’ [denominaciones indígenas del Oriente, nombre boliviano de su región amazónica] estábamos impedidos de transitar por las aceras cuando los patrones caminaban por ellas, así como se nos estaba prohibido rodear e ingresar en las plazas, lugar reservado a los españoles y criollos pertenecientes a las ‘familias tradicionales’. Usted muchas veces ha citado estos oprobiosos casos de racismo. Es por ello que tenemos hoy la ley N°045/10, Ley Contra el Racismo y toda forma de discriminación racial, la cual está en vigencia, pero por lo que se ve sus ministros todavía no la conocen y la transgreden con descaro y soberbia puesto que su actitud colonial y racista no ha cambiado pese a la vigencia de dicha norma”.

En otros dos artículos sobre el tema, publicados en LA PRIMERA, señalé, de un lado, la gravísima contradicción entre el discurso del gobierno de Evo Morales en defensa de la Pachamama, la Amazonía y el Allin kawsay-Buen vivir, y la autorización de la carretera que destruiría el bosque, la biodiversidad y privaría a los pueblos indígenas de sus condiciones de vida; y de otro, saludé la rectificación de Evo para dar marcha atrás.

Hoy el conflicto se renueva en los mismos términos con un agravante muy serio: el texto citado de la carta indígena es una contundente protesta contra un estilo no democrático de gobernar de Evo Morales y sus aliados. Gobernar democráticamente es posible si se tiene una convicción profunda de respeto de los derechos de todas las personas que habitan en un país.

Decirle a Evo que sus ministros actúan como los viejos agentes “blancos” de los tiempos coloniales significa que, a pesar de las grandes victorias electorales y los cambios políticos muy importantes, la democracia boliviana es aún incipiente. No podría ser de otro modo porque no existe en la historia de Bolivia ejemplo alguno de un modo democrático de gobernar.

La oposición intelectual boliviana que empieza a aparecer señala que el régimen de Evo es más presidencialista que ningún otro del pasado, que el gobierno controla plenamente todo el poder y que a pesar de sus promesas, en sus prácticas es más centralista que descentralista. El reciente libro de Fernando Mayorga Dilemas: Ensayos sobre democracia intercultural y Estado plurinacional, Plural, La Paz, 2012, apunta precisamente en esa dirección.

Ojalá sean posibles las rectificaciones indispensables para que el proceso político boliviano se consolide como una alternativa original. En otro momento volveré sobre el nuevo concepto de “democracia intercultural”.


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