Defensor de la “alta cultura”

Para entender el nuevo libro de Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012) el punto de partida de mi lectura crítica es una de sus confesiones: “Muy consciente de las deficiencias de mi formación, durante toda mi vida he procurado suplir esos vacíos, estudiando, leyendo, visitando museos y galerías, yendo a bibliotecas, conferencias y conciertos. No había en ello sacrificio alguno.

| 03 junio 2012 12:06 AM | Especial | 2.2k Lecturas
VARGAS LLOSA
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Más bien, el inmenso placer de ir descubriendo como se ensanchaba mi horizonte intelectual, pues entender a Nietzshe o a Popper, leer a Homero, descifrar el Ulises de Joyce, gustar la poesía de Góngora, de Baudelaire, de T.S. Eliot, explorar el universo de Goya, de Rembrandt, de Picasso, de Mozart, de Mahler, de Bartók, de Chejov, de O’ Neill, de Ibsen, de Brech, enriquecía extraordinariamente mi fantasía, mis apetitos, mi sensibilidad”. (p. 202).

Para él la cultura es sinónimo de “alta cultura”, de las bellas artes, como en todas las llamadas “páginas culturales” de periódicos y revistas de todas partes, y de textos de ciencia y tecnología.

Como todas nuestras tías y tíos comunes y corrientes, MVLL divide a los seres humanos en “cultos” e “incultos”. Los primeros leen, escriben y tienen los placeres que aparecen en el párrafo citado.

Los segundos, no están a la altura de esos placeres y sus gustos no cuentan. Sostiene que la cultura popular (propuesta por los críticos literarios) es un disfraz de “la incultura” (p. 67). No habría atrevimiento alguno de mi parte si incluyo al folklore, que el autor no menciona, como parte de esa “incultura”.

Sostiene MVLL que la cultura (“alta”, “de la elite” y “superior”) “está en nuestros días a punto de desaparecer, y acaso haya desaparecido ya” (p. 13). Su valor espiritual, estético y filosófico estaría siendo reemplazado por “la cultura del placer”, dentro de lo que él llama “civilización del espectáculo”, descrita a través de un listado de síntomas entre los cuales destacan: el “eclipse” de los intelectuales, reemplazados por futbolistas, cantantes, artistas de cine, chefs, diseñadores y modelos de pasarela; la desaparición del erotismo y banalización del acto sexual, el erotismo convierte el acto sexual en arte es sustituido por la pornografía; la “desindividualización de los individuos”; la frivolidad que sería en nuestro tiempo una inversión de la tabla de valores porque importa más la forma que el contenido, los gestos y desplantes más que los sentimientos e ideas; la desaparición de lo privado y lo íntimo para dar paso a una especie de “Striptease generalizado”; la masificación; el cultivo del cuerpo y consumo de drogas; la búsqueda de placeres fáciles y rápidos; la imagen y el sonido sustituyen a la palabra; el desplazamiento de la inteligencia por el ingenio; la simulación y la representación (teatral) son más importantes que lo vivido; el ruido se impone sobre la música, el gesto sobre el valor y la responsabilidad de informar cede su lugar a la necesidad de divertir; la pérdida de importancia de la espiritualidad de la religión; de los artistas ya no se espera talento ni destreza, sino poses y escándalo; la artes plásticas son ahora un carnaval (“En la actualidad todo puede ser arte y nada lo es” p. 62); el periodismo y la TV de hoy buscan el éxito y la diversión con sus revistas del corazón, chismes y escándalos; y la conversión de la cultura en propaganda, etc.

El ensayo de MVLL -que liga viejos y nuevos textos periodísticos escritos por él en los últimos 40 años- muestra la libertad de su imaginación literaria en contraste con el rigor conceptual de una aproximación científico-académica.

Como discípulo del historiador Raúl Porras Barrenechea, debiera haber recordado que los conceptos tienen una historia, surgen en determinado momento y contexto, se transforman, y desaparecen cuando ya no son útiles.

La palabra culture, apareció en el latín de la tardía Edad Media, quería decir cultivo, en el preciso sentido que aún tiene hoy en las universidades que forman ingenieros agrónomos: cultura del maíz, de la vid o de la caña de azúcar. No existía en tiempos romanos y griegos como afirma MVLL. Ese cultivo supone múltiples cuidados.

Por extensión, el concepto cultivo pasó al mundo de las letras y humanidades y la posibilidad de leer y escribir fue identificada como el cultivo-cuidado de las mentes, particularmente en la educación de los niños.

Como la Iglesia católica tomó para sí el monopolio del saber escolarizado, la cultura-cultivo se convirtió en bellas artes y en un privilegio de los reyes, de sus frailes y cortesanos. La llamada “alta cultura” se incorporó al discurso europeo de la colonialidad del poder que empezó a construirse después de la conquista de América, como sostiene Aníbal Quijano.

Juan Ginés de Sepúlveda escribió a mediados del siglo XVI: “… siendo por naturaleza siervos los hombres bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir la dominación de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; dominación que les traería grandísimas utilidades, siendo además cosa justa, por derecho natural, que la materia obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, los hijos al padre, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor a lo mejor, para bien universal de todas las cosas. Este es el orden natural que la ley divina y eterna manda observar siempre.

Y tal doctrina la has confirmado no solamente con la autoridad de Aristóteles…” (Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, Fondo de Cultura Económica de México, 1941 [1550-1780: 53].

Agrego tres frases más de ese gran doctor de la Iglesia: “Porque escrito está en el libro de los Proverbios: ‘el que es necio servirá al sabio’” (p. 85), “Los filósofos llaman servidumbre a la torpeza de entendimiento y a las costumbres inhumanas y bárbaras”. (p. 83), y, “esto dice Aristóteles y con él conviene San Agustín en su carta a Vicencio” (p. 87).


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