Cusco, lote 88 y soroche

Pancho Zelada devoraba la carne sanguinolenta de una hamburguesa en Bembos frente a la catedral del Cusco en plena plaza de Armas, cuando me observó de soslayo. Luego, soltó la presa, pronunció algo inaudible y se lanzó a darme un abrazo como es su repulsiva costumbre.

| 08 abril 2012 12:04 AM | Especial | 3k Lecturas
Cusco, lote 88 y soroche 3037

Esta vez noté que vivía su etapa rasta y que no se había bañado varios días y la grasa de sus cabellos me fregó el saco. Le dije que era Semana Santa y que no era dable comer carne de vacuno. El pescado me erotiza, respondió y me invitó a tomar asiento. Dijo que había venido por unos negocios sicalípticos –Cusco es la ciudad más cosmopolita del planeta—y yo lo entendí. Al frente, el Domingo de Ramos se celebraba con una devoción indescriptible. Todos con sus palmas en forma de cruz, compungidos. No es pose, los cusqueños saben que la religión es un sino telúrico, quiebre de identidad, drama al costado y salvación al fondo.

Y apenas uno llega al aeropuerto internacional Velasco Astete se le seca el aparato respiratorio. La altura, los 3,399 msnm. El soroche, ese ahogo sin sexo y el dolor de cabeza ciclópeo y desahuevante. Luego el asombro ante la maravilla descomunal de la construcción del hombre. El Cusco histórico es fascinante. Las bases de piedras colosales, edificaciones incas sin techos de granito. Luego y encima, la conquista española y las casas altas del mestizaje y con balcones, después, la mano neoliberal y sus hoteles cinco estrellas.

Y uno que ha llegado a trabajar en los talleres para periodistas de la región invitado por Aprodeh, se tiene que soplar a los colegas limeños que vinieron para cubrir las actividades del presidente de la República. El viernes 30 de marzo, Ollanta Humala estaba como un niño en Quillabamba. Venía a inaugurar el Gaseoducto del Sur. Una obra de 1,071 kilómetros –de los pozos gasíferos de La Convención hasta el puerto de Ilo en el Pacífico-- con una inversión de 16,000 millones de dólares que permitirá el despegue económico de esta macroregión del Perú, toda la vida relegada y la generación de 40 mil puestos de trabajos y una incidencia en más del dos por ciento del Producto Bruto Interno. El presidente, prometió regresar y los hombres de prensa, luego de enviar sus despachos, invadieron el Cusco nocturno en busca de emociones muy fuertes.

Pero al día siguiente comenzó el cargamontón de los opositores. El editorial del diario El Comercio castigaba aquel júbilo y le ponían el ojo a Petroperú, la concesionaria estatal, llamándola inútil e ineficiente. En la noche el antropólogo Jaime de Althaus entrevistaba en la televisión al ex candidato a la presidencia, el ciudadano norteamericano Pedro Pablo Kuczynski, quien es experto en lobis multinacionales. Cierto, entre los dos dijeron que aquella “recuperación” del lote 88 era una farsa y se cagaron de risa.

Kuczynski había sido ministro de Economía del presidente Alejando Toledo hasta el 2006 y al mismo tiempo era un capo de la transnacional Hunt Oil que explotaba los yacimientos de Camisea: Obvio, ‘el gringo’ amarró el asunto para perjudicar al Perú y beneficiar a la empresa del que era uno de los tantos filibusteros. Fue así que decidió suscribir un contrato con la transnacional española Repsol, la que -a su vez- tenía un acuerdo para vender gas a la central de electricidad de México. La jugada le salió mal y PPK y los consorcios multinacionales, optan por “secuestrar” las reservas del lote 88, y de manera ilegal, deciden excluir el uso nacional de los 2,5 trillones de pies cúbicos de este yacimiento, para convertirlo en una “garantía bancaria” de Hunt y Repsol para el hallazgo de nuevos pozos gasíferos. Conchudo PPK, seguía tirando barro y engañando a la opinión pública, igual que la lobista Cecilia Blume y había puesto el grito en el cielo más incluso que la tirria de los “analistas” del canal Willax (¿?)

Este martes 3 de abril, el presidente Humala regresó al Cusco. Ya no a ese paraje ubicado a orillas del río Urubamba, en la selva cusqueña a una hora de viaje en helicóptero y llamado con justicia Las Malvinas. Esta vez estaba con la misma camisa y con una bandera arrugada. Así, en la Plaza de Armas de San Sebastián, en la provincia cusqueña de La Convención mostró las hojas del Decreto Supremo recién firmado de su puño que señalaba que el gas natural del Lote 88 sería exclusivamente para el consumo interno, y locuaz dijo que la fecha era histórica y que la medida servirá para iniciar el abaratamiento y masificación del recurso energético.

Luego confirmé que la noche en el Cusco es bien hevy. La oferta es antes que nativa, harto internacional. Llego a la Tratoría Adriano de la Av. El Sol esquina Mantas. De alguna parte salía la letra de una canción en el canto de una mujer sin orgasmos: “Chiquita dime por qué…” y frente a mí dos parejas de argentinos insistían con las pizzas, ravioles y el vino Cabernet Sauvignon Los Árboles. Más allá el músico Jaime Cuadra toma su sopita y otros turistas europeos devoran enormes truchas al limón. Una dama italiana espera a alguien, solo mira la puerta, a pesar del frío, usa una mini, su cuello es largo y esbelto, sus vellos como gamuza de durazno.

Y entre la juerga y la reflexión uno se queda con la sentencia que Jorge Manco Zaconetti, investigador en temas energéticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, le había confesado a Javier Soto, periodista de La Primera. Manco decía que el control público, ahora gerenciado por Petroperú, del lote 88 para el consumo interno del gas natural es una reversión a las políticas liberales que, en los últimos veinte años, se han estado aplicando en el Perú. “La recuperación de los 2,5 trillones de pies cúbicos del lote 88 del gas de Camisea significa el cumplimiento del Plan de Gobierno —Gran transformación y Hoja de Ruta— y las otras reservas con lo que se consolidará la soberanía energética del Perú”. Es decir, si el lote 88 antes figuraba como respaldo de garantía financiera del lote 56, a través de los decretos emitidos en el 2005, durante la administración del presidente, Alejandro Toledo, vía su cajero PPK, eso hoy se acabó.

Ahí me detiene la luz solar contra la piedra de la memoria de ese gran libro del poeta Pablo Guevara: “Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú” de 1971.

En “Los ecuestres” se lee: “Mi país enrumba hacia Nacimiento y hacia Extremaunción, a la / gloria de las destrucciones en este Orden atormentado. / Aunque hay niños que se arrojan enloquecidos y luchan por los valles / y los viejos dicen que se arrojarían prestos a despanzurrarse / por las inscripciones en sus arcos votivos / -diciendo que mueren así por sus principios- / la mayor parte de muertos son jóvenes:/ ellos amanecen apasionadamente encarcelados, / apasionadamente apaleados, apasionadamente acuchillados,/ desmembrados, bombardeados; / aves rapaces basureras oscurecen los cielos / se posan en mis hombros / vienen a mis sauces y mis alcanfores y me cuentan la Historia / que no se daña, hacen imponderables mis escritos, ciudades reginas / no os amo / pues mil noches necesito para cumplir una bella jornada”. Ya estoy en Lima.


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