Cuidado con el chateo

Nadie duda de los múltiples beneficios de orden económico, social, cultural, científico, educativo… que Internet puede prestar a la sociedad, en general, y a los jóvenes, en particular. Sin embargo, son precisamente estos “ámbitos de libertad” los que pueden ser aprovechados por “redes delictivas” de la peor calaña para atentar contra la dignidad de los jóvenes.

Por Diario La Primera | 25 jul 2010 |    
Cuidado con el chateo

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Aún así debemos interesarnos por lo que hacen y ven nuestros hijos y alumnos, aproximarnos a este “nuevo y fantástico mundo de comunicación virtual”, conocer las redes por las que navegan, con quién se comunican, de qué hablan, qué buscan en ellas…
Decía el psiquiatra José Miguel Gaona “la gente, en muchas ocasiones, se exhibe en los medios de comunicación y cuenta de forma impúdica su interioridad, porque se siente sola”.

Si esto ocurre con los adultos, también puede ocurrir en el mundo de los jóvenes-adolescentes, porque ellos están más expuestos a la soledad, al desamparo, a la incomunicación.

Como acertadamente escribe Ignasi Vendrell, “estamos ante un auténtico fenómeno tipo reality show en Internet; las redes sociales se han convertido en el ocio de lo social, y se pueden equiparar a los realities televisivos que permiten al usuario navegar por su vida y por la vida de los demás sin ningún compromiso serio”. Los jóvenes-adolescentes han sustituido los teléfonos por las redes sociales (Tuenti, Facebook, Messenger…).

Puede ocurrir que si se da en la red una “información personal verdadera”, con datos privados y reservados, con perfiles íntimos y auténticos, se corra el riesgo de que esta información pueda ser empleada por gentes sin escrúpulos, por profesionales de la delincuencia que hagan de ella un uso indebido.

Las redes pueden representar para los sinvergüenzas un sistema depredador en donde rapiñar la intimidad y la buena voluntad de muchos adolescentes y airearla sin pudor a los cuatro vientos, con el consiguiente daño moral y psicológico que esto representa.

Sin embargo, los jóvenes no dedican tanto tiempo a Internet como la gente piensa, y lo hacen no para cosas muy personales y profundas, sino, más bien, para hablar de asuntos triviales. Así lo sostienen algunas encuestas.

Aún así, debemos interesarnos por lo que hacen y ven nuestros hijos y alumnos, aproximarnos a este “nuevo y fantástico mundo de comunicación virtual”, conocer las redes por las que navegan, con quién se comunican, de qué hablan, qué buscan en ellas…, para de esta forma estar más cerca de ellos, poder, orientarlos y evitar así el posible desequilibrio mental y emocional que un inadecuado uso de Internet les pudiera producir.

La profesora Roldán Franco, de la Universidad Pontificia Comillas, nos recomienda aprender a acompañarlos en su navegación por Internet para conocer sus intereses y entablar con ellos diálogos distendidos y sinceros; hacerles comprender que no todo lo que aparece en Internet merece la pena; es fundamental insistir en otras alternativas de ocio (deportes, excursiones, lecturas, conciertos…), para que no estén ‘enganchados’ a Internet un tiempo excesivo. Por otro lado, los padres deberían estar en permanente contacto con el centro en el que estudian y conocer el uso que sus hijos e hijas hacen de Internet en el tiempo escolar, así como poder limitar los contenidos a que acceden sus hijos y alumnos a través de un filtro que pudiera bloquear en cualquier momento los contenidos inadecuados. Evitar el envío de datos personales, direcciones, teléfonos, tarjetas de crédito, fotos por medio de la red. Si tienen interés en encontrarse físicamente con alguna persona desconocida, conviene que lo comuniquen a sus padres. Además, nunca deberían ir solos a la tal cita.

Por último, sostiene la profesora, deberíamos todos los educadores adquirir un nivel informativo medio, para poder entenderlos y no estar desconectados de su mundo.

No cabe duda de que Internet, con su gran capacidad de seducción y captación, se ha convertido en un componente importante de la vida de nuestros jóvenes y a él dedican muchas horas del día y de la noche para informarse, para relacionarse, para divertirse, para evadirse.

La sociedad puede generar jóvenes solitarios e inseguros con una necesidad enfermiza de tener que conectar en Internet con gente desconocida, de creerse que todo lo que aparece en la red es bueno. Esto puede originar graves peligros.

José Luis Rozalén Medina
ALAI

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