Cuando las guitarras callan

Con motivo de la reciente visita de Mick Jagger al Perú, publicamos esta primera entrevista que se le hizo al integrante de The Rolling Stones en el país. La amistad con Roberto Cores, periodista que lo entrevistó en 1969 y actual promotor cultural, y el apoyo de la bibliotecóloga Magaly Blácido han hecho posible la ubicación de este material. Fue realizada a unos cuántos días de la llegada de los Stones al Perú en un viaje por Sudamérica, cuando ya eran divos, pero aún podían tener vida propia. Para entonces, “Satisfaction” y “Paint It, Black” ya les habían dado fama internacional.

| 20 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 2.6k Lecturas
Cuando las guitarras callan
La entrevista perdida a Mick Jagger en el Perú. Los Rolling Stones en visita silenciosa
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¡Es el ídolo! El origen de escándalos, la ilusión de millones, lo que tengo frente a mí; pero… ese joven delgado, demasiado delgado, con los pelos que le caen hasta los hombros, los pantalones verdes, la camiseta rosada y las sandalias, no refleja ni da idea que es la estrella, el mito de la juventud. Que es Mike (sic) Jagger. El vocalista y compositor de los Rolling Stones, el grupo rival de Los Beatles.

En cambio, es la figura del amigo que tienes al costado de tu casa, con el que no conversas sentado en la vereda y no piensas que lo que hace preocupa, angustia y conmueve a medio mundo.

Desde que llegó, hace tres días, no ha dejado de mirar en torno suyo porque este viaje al Perú le sirve “para ver de cerca el efecto destructor de la cultura europea sobre otra tan elevada y avanzada como la de los Incas”.

Y está verdaderamente convencido que “esa sanguinaria conquista cortó de raíz a un pueblo floreciente, que ahora debe tener muy poco de su antiguo brillo”.

Se mueve constantemente, se arregla el pelo, mira y sigue hablando. “¿La droga? No se darte más información que ésta. Existen, la toman, pero no puede decir si es buena o no lo es”.



¬-Sabiendo que tu opinión la escuchan miles de jóvenes ¿no puedes decirles algo sobre esto?

“No, sería convertirme en un guía, un líder y éstos deben tomar las responsabilidades de los demás, y las mías y mis problemas son demasiado grandes como para permitirme asumir también las de otros”.

Mientras habla, juega con el collar de amuletos, lo deja, toma cerveza. Se mira las manos largas de uñas mal cortadas y casi sucias, se yergue sobre el asiento, levanta la mirada hacia el techo y sigue hablando, hablando…

Ex estudiante de sociología y ciencias económicas, Jagger ha venido acompañado en este viaje de “relax y observación” por Keith Richard (sic), otro de los miembros del famoso conjunto musical británico.

Keith, taciturno, mudo, tímido, levanta las piernas sobre el sillón, fuma y en actitud de un verdadero poney de las nieves, mira sin decir nada y cuando menos imaginas ha desaparecido sin dejar rastro alguno.

Queda solo Jagger con la pequeña cortezuela que lo rodea desde que llegó, “Keith es así, es un introvertido, todo lo contrario de lo que soy”, dice el que convirtiera a “Bájate de mi nube” y “Satisfaction” en himnos de batalla de muchos millones.



-¿Qué son para ti tus composiciones?

“Son el producto de motivaciones personales que sufren variaciones. Que tienen valor individual pero también universal, porque lo individual, por serlo, es universal”.

Esta sensación de lo individual, está presente de la misma manera en sus apreciaciones sobre la amistad.

“En ellas no se puede establecer un dogma ni una ley fija. Cada una es diferente, única, de ellas sólo puedo espero sentir apoyo cuando lo necesito y poder darlo cuando llega el momento. Nunca antes ni después”.

No pide nada más porque no quiere ser inquisidor, no cree tener el derecho de juzgar a las personas. Solamente las puede interpretar y aceptar.

Pero parece que esto no funciona con él porque muchos que lo ven en la calle o en el hall del hotel, comentan se ríen y a media voz murmuran “es un loco”.

Pero está más cuerdo de lo que imaginan y su cordura lo tiene en continua observación. Hasta el anillo que lleva en el índice derecho como único adorno, muestra un ojo esmaltado sobre oro.



-¿Cuando partas tendrás alguna opinión del Perú? Más cerveza y muy calmo dice: “qué opinión te puedes formar en tres días o tres semanas, necesitas vivir en un lugar para poder opinar. A lo más tendré una visión que complemente o modifique lo que leí en mis libros”.

Y comienza a moverse para sacar su maleta y su guitarra y salir rumbo al Cusco donde mirará el pasado, observará el futuro que lo piensa como “un cambio hecho paso a paso que llegará a modificar todo sin desligarse de un punto de partida… y es que nada morirá solo variará”. R.C.

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