Contribución informal

El caso de los mineros informales puede ser el punto de quiebre de este gobierno. Las posiciones son las de los dirigentes que dicen que dieron dinero durante la campaña, y que el candidato Ollanta tenía diversos intermediarios para ello, y en ciertos momentos él mismo estuvo presente en sus territorios recibiendo apoyo de ese mundo de informalidad y dinero, y la del gobierno de Ollanta Humala que niega todo eso.

22 octubre 2014 02:10 AM | 1.7k Lecturas
Contribución informal
Contribución informal
Por: Raúl Wiener
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Algunos dirán que es la voz de informales e ilegales que presentan pruebas como fotos, audios y sus propias declaraciones, frente al gobierno del país que fue el que ilegalizó a muchísimos pequeños mineros y les destruyó sus medios de trabajo.

Parecería que entre el nacionalismo y la minería informal no hubiera habido vínculos, a la luz del trato que se les dio a estas personas, los últimos tres años, el más duro en comparación con otros gobiernos.

Entonces lo que dice Chanduví y otros, que ciertamente tiene el feo olor del despecho y de la disposición de darle armas a los viejos enemigos y eternos perseguidores para, después de haber usado a Humala para reprimirlos, poder acusarlo de ser un aliado inicial, aunque no quiera reconocerlo, ciertamente no ha caído del aire ni es una invención arbitraria.

Varias veces lo he dicho, el caso de los mineros informales es el que mejor expresa la reconversión del nacionalismo, de movimiento popular, de gentes no representadas que querían representarse, y que estaban seguros que con el comandante lograrían un mejor espacio para trabajar y formalizarse.

Entre el 2006 y el 2011, fueron batallones enteros de informales tras Humala. De ahí que no me extraña que hayan hecho aportes a la campaña que eran muy difíciles de regularizar.

Pero si esta gente quería contribuir para cambiar su ambiguo estatus legal y quería ayudar a la victoria, ¿qué se podría decir? Debe ser lo que pensaron Humala y Abugattás cuando se fotografiaron con sus aliados. Pero, ¿qué pasó? Que entre noviembre y diciembre del 2011, Humala hizo un violento viraje de dos caras.

De un lado estuvo Conga va y todos las terribles consecuencias que arrastró esa palabrita que lo asociaba a las grandes minas, y de otra se cambió el discurso con la nueva tesis que le alcanzó la derecha, de que los pequeños mineros eran los que contaminaban y eran improductivos e incontrolables.

Traicionó a sus amigos de Cajamarca que se la pagaron con varias huelgas, dos gabinetes caídos y ninguna Conga, y con muertos, presos y enjuiciados. Y traicionó a sus mineros informales que por primera vez creyeron que había un gobierno capaz de tomarlos en cuenta. Éstos hicieron huelgas, marchas, campamentos en Lima y lograron casi nada. Pero ahora están removiendo el pasado que Humala quisiera olvidar. Todavía no sabemos el alcance que esto puede tener.

Raúl Wiener

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Colaborador 9324 La Primera Digital