Con Martín Kohan en el Metropolitano

El escritor estuvo en el Perú para presentar, en la XVII FIL Lima, su última novela: “Bahía Blanca”. El premio Herralde 2007 enseña Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia y es crítico literario.

| 09 agosto 2012 12:08 AM | Especial | 2.2k Lecturas
Con Martín Kohan  en el Metropolitano
El escritor argentino Martín Kohan (1967, Buenos Aires) se caracteriza por ese aire juvenil de huidizo escritor solitario.
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Luego del humor cambiante de Juan Sasturain, la mirada tres cuartos de Claudia Piñeiro y el paso a la expectativa de Horacio Gonzales, el otro escritor argentino Martín Kohan baja las escaleras de un hotel miraflorino, como un adolescente apurado para salir a la calle con sus amigos. Quiere ir a conocer el Centro de Lima, pasear por el Jr. Amazonas (recorrer el bulevar de libreros de viejo) y perderse solitario por la urbe.

Son las 11 de la mañana. “Solo por ti me hacen ir a la Feria del Libro a las 4 de la tarde”, me dice Kohan: “¿Crees que la entrevista puede ser ahora?”. “Quise que fuera más tarde, porque quería leer algo más de usted”, contesté, cansado de hacer entrevistas de escritores cuyos libros poco o nunca llegan al Perú. “No importa. Lo hacemos ahora”, dice Kohan. Y ese ímpetu juvenil contagia. “Entonces, para ahorrar tiempo, podemos hacerlo rumbo al Centro de Lima”.

RUMBO A LA ESTACIÓN
Camino a la estación Benavides, en Miraflores, desde el hotel María Angola, donde se instalaron los escritores argentinos invitados a la reciente XVII Feria Internacional del Libro de Lima, Kohan habla sobre “Ciencias morales” y “Dos veces junio”, dos novelas que tienen relación con la época de la dictadura argentina.

“Me interesaba, y no deja de interesarme, entablar una relación entre literatura y política, que a la vez no tenga las características de una cierta tradición de relación de literatura y política que venía sobre todo fuertemente de los años 60, 70, que tenía que ver fundamentalmente con el realismo literario o una cierta disposición de denuncia o testimonialidad. Mi propósito en esas dos novelas, por una parte, era no renunciar a esa relación con la política, pero buscar en términos literarios otras formulaciones que no tuviesen que ver ni con el testimonio ni con la certeza ni con el realismo, que no son fórmulas literarias que me atraigan”.

¿Y qué es lo que le atrae? “Me interesa una franja de grises, una zona de matices mínimos de la experiencia política. Me interesa una literatura que trabaje fuertemente con el detalle, con la captación del detalle, porque el detalle, para mí, no es el espacio de lo menor, sino el espacio de lo concreto; ciertos detalles podrían revelar aspectos muy concretos de la experiencia política”. Es decir, partir de lo particular para entender lo general.

En el caso de las dos novelas, Kohan explora la obediencia: “La subjetividad del que no solo obedece porque debe obedecer, sino del que yo concibo como el verdadero obediente, el verdadero obediente cabal: el que obedece porque desea obedecer”. Kohan se basa en la idea de que hay un placer en la obediencia.

Desde luego no cree en la obediencia debida (idea leguleya argentina que dejó fuera a varios criminales de la dictadura): “No creo por varias razones, ante todo porque es una coartada para la impunidad. (Por otro lado), yo no escribiría una novela sobre la obediencia debida en sentido estricto. Desde el punto de vista literario, tanto en ‘Dos veces junio’ y en ‘Ciencias morales’, los personajes son más grises; insignificantes en cierto modo. En un caso es una celadora de un colegio y el otro es un conscripto”.

EN EL METROPOLITANO
Ya en la estación, insiste en pagar su pasaje, 1.50 nuevos soles. Es bastante justo. Cruza el pasadizo hasta las puertas de embarque y una vez en el bus, se coge de una baranda. Hay un tema que preocupó a un grupo de escritores: el que los libros que llegan a Sudamérica son mayormente textos que pasaron por España primero, en una suerte de triangulación que más tiene que ver con el comercio que con el arte.

“Hay una cuestión que me parece que requiere un debate de todos los escritores y lectores latinoamericanos: hasta qué punto la circulación e intercambio de nuestras respectivas literaturas está excesivamente atada a las decisiones políticas territoriales que de modo bastante paradójico son, como empresas, transnacionales, pero en cuanto a políticas literarias, fuertemente nacionalistas”, dice Kohan. Por ello es que conocemos, en el Perú, más de la literatura que se realiza en España o pasa por España, que aquella que se hace en Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela, Bolivia.

“Nos encontramos muy aislados unos de otros”, señala Kohan: “Incluso lo que nos llega de Chile, Colombia, Perú, nos llega vía triangulación con España o por decisiones que se toman de Madrid o Barcelona.

Tiene razón. Al preguntarle sobre si conocía la literatura peruana menciona a Alonso Cueto, Iván Thays, Mario Bellatin… pero no a Miguel Gutiérrez u Óscar Colchado (a quien recién en el Perú se lo recomendaron, y en particular su libro “Rosa cuchillo”).

“Salón de Belleza”, de Bellatin, lo pertubó literariamente.

—Y, sin embargo, es una crónica.

—Lo escalofriante de esos relatos es la manera impasible… el registro de cronista… con que narra todo esto. Me han recomendado fuertemente los libros de Colchado. Me los he perdido, pero el caso de Colchado es el caso que me señalaron fuertemente y de aquí me voy a ir con su libro “Rosa Cuchillo”.

—Hay circuitos literarios y en esos circuitos hay marginaciones.

—Hay un circuito más resonante… Otro es la recomendación, el boca a boca. La literatura es una cuestión que a nosotros nos interesa mucho, pero que socialmente no interesa mucho. No es extraño que en parte funcione así. Hay una función decisiva de los propios escritores porque son los primeros directamente interpelados, también de los docentes, de los críticos. Lo digo porque soy crítico y soy docente.

LIBRE EN EL CENTRO DE LIMA
Llegamos a la estación Colmena (Nicolás de Piérola). Ahí bajamos para mostrarle la ruta del Centro Histórico. Antes de partir solo hacia Jr. Amazonas, le sugiero que primero haga una revisión de libros en el Jr. Quilca y en Jr. Camaná. Le hago un pequeño croquis desde la Plaza San Martín hasta el Jr. Amazonas, con los puntos referentes de la Plaza de Armas y la Casa de la Literatura. “Con esto tengo cubierto todo el Centro Histórico, ¿no?”, pregunta. “No”, contesto: “Esta es solo la parte más recorrida”. Después de todo, casi la mitad del Centro Histórico se encuentra en el popular barrio del Rímac. Cruzamos la Plaza San Martín. Kohan quiere comprar también “La casa de cartón” de Martín Adán. “Un tipo bastante hermético. En su vida dio apenas siete entrevistas. Y algunas fueron por carta”, digo. En la charla se recuerdan los nombres de Oswaldo Reynoso y de Miguel Gutiérrez. El Premio Herralde 2007 anda apurado. “Ya hiciste mucho por mí dice. Gracias”, dándome la mano, antes de perderse rumbo a los libreros de viejo del Jr. Camaná, donde iniciaría su recorrido literario por la Lima que está por conocer.


Marco Fernández
Redacción


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