Con Jesús en Polvos Azules

Monseñor Cipriani es insuficiente para tanto pecador en el Perú. Repito lo que dicen aquí en mi iglesia, que no se puede con tanto corrupto. No obstante, el país es religioso hasta sus cachas. A más pecado, ponga yo amor, dice en su sermón el prelado.

| 22 abril 2012 12:04 AM | Especial | 4.6k Lecturas
Con Jesús en Polvos Azules 4644

Sin embargo, en la iglesia San Felipe Apóstol de San Isidro, temo decirlo, cada domingo después de la misa, veo a menos feligreses y no a esa multitud que solía acompañar los fastos del Señor todos los fines de semana. He defendido los intereses académicos de la Universidad Católica y no me arrepiento, pero no la angurria del clero. Por ello, luego de. estar en el Cusco y en Ayacucho en medio de la Semana Santa, regreso a Lima comprobando que a este país cada día le falta más normas pero le sobra fe. Así, debo confesarles, que desde hace buen tiempo vivo asombrado por tamaña devoción. El de las procesiones, el de fiestas de guardar, el de la entrega a los capítulos divinos y no a la militancia religiosa católica que aprendí de niño. El Perú, y no de otra manera, es informal religioso y anómico piadoso.

Alguna vez dije que en las ferias y mercados populares es donde compruebo esa creencia multiplicada. Si ocho de los pabellones de las galerías “El Hueco” –entre Av. Abancay y La Colmena-- se dedicaban a vender los asuntos de Dios. Hoy compruebo que en el C.C. Polvos Azules –a la vera del inicio de la Vía Expresa—los Dvds, casetes, polos, cancioneros, Biblias, afiches y otras chucherías de la fe, conforman la oferta de uno de los mistic market más grandes del Perú. Aquí el mercado místico es infernal. Ardorosos ‘menusistas’ –los amantes de la Sopa de la Casa—se pelean por difundir el último sermón, la frase ingeniosa, la parábola mágica de cuanto predicador, pastor o mercachifle evangélico que abundan.

Existen productos de marca, otros piratas y algunos con sello de sello “chancho”. Los vendedores y compradores mantienen un pacto secreto. Son serios al cobrar y mucho más al pagar. Un cálculo de la administración asegura que más de un millón de Nuevos Soles se mueven al mes en esta parte del cielo limeño. Si en el sótano de “El Hueco” la demanda es agobiante, en Polvos Azules la oferta es vanguardista y marketera. Existe un control de calidad para llegar al cielo desde este ‘shopping’. Hay impulsadoras y ayundantas casi unos angelitos. Hablan suavecito y antes que lo inviten a pecar lo invitan a pactar como los apristas. “Papi, está en pecado”, le dicen a uno que no e de fierro. Y peca. Pero para eso está Jesús, para perdonar.

Yo decía que para comprender este emporio del credo y el marketing de lo sublime divino debe uno leer antes “Estilos de Vida en el Perú” y “Ciudad de los Reyes, de los Chávez, los Quispe” de Rolando Arellano. Antiguo y Nuevo Testamento del mercadeo formal e informal peruanos. No se puede explicar de otra manera por qué Dios es peruano. No se puede entender de otra forma cómo en la capital del Perú los que construyen el imaginario social han convertido a Sarita Colonia en la rival de Santa Rosa de Lima y al malogrado Chacalón en el antagonista de San Martín de Porres. Hoy, aquella precursora investigación de Arellano ha quedado corta. Los ríos del Señor y sus negocios nos han desbordado. Recorrer así los sótanos de Polvos Azules es seguir a Dante y su poesía desde aquel infierno tan temido a ese cielo tan querido.

En el capitulo 9: “Bailando con los muertos: El mercado del espíritu” de su libro “Bueno Bonito y Barato, ensayos cortos sobre el mercado y usted”, Rolando Arellano se acerca otra vez al cielo del mercadeo como filosofía del existir. Su máxima, “dime qué compras y te diré quién eres” se vuelve a patentar como forma de “lo real”. Dios es el economista menos estudiado en el planeta. Sólo un enfoque como el de Arellano Cueva lo hace hombre de carne y hueso y además habitante limeño con dejo y argot de esquina o cerro.

Y se identifica el numen –esa inspiración de nuestro artista del mercado—nacional con muy poca interferencia. Los peruanos así, puestos en un microscopio –real y virtual—devienen en hedonistas, lujuriosos pero chamberos. No creo que los peruanos somos más creativos que los sobrevivientes en otras partes del planeta pero sí concuerdo en que somos más pintorescos. Así como en la cocina somos hartos explosivos, igual puedo decir que destacamos en la innovación y el llamado emprendedurismo. Hay una gran verdad en las tesis de Arellano. Nadie es así porque sí. Sólo somos los que existimos cuando nos metemos la mano al bolsillo. Entonces, ese Martín Barbero o García Canclini que lo habitan lo han convertido en un Diógenes con reflector en las plúmbeas calles de Lima. Las de Barrios Altos y de Ventanilla. Las de Ceres y el balneario de Asia –que es palabra quechua y tilda a los lugares que apestan--, las de La Molina y Surquillo.

Arellano se tira abajo el libro occidental de la mercadotecnia científica. Así elabora un enfoque del nuevo catastro de seducción y sensualidad que hierve en el espíritu del nacional integrado. Ese que se trenza entre la economía formal, informal y delictiva como señalaría un último estudio de Francisco Durand entre empresarios y quijotes. De esta manera y no de otra, el último libro de Arellano Cueva inaugura un ojo preventivo y redentor. Aquel que observa la ciudad desde la entraña misma de sus contradicciones. Por ello vemos tras el Señor de los Milagros o la procesión de la Virgen del Carmen a una manga de delincuentes y otras yerbas, ahí junto a la gente decente, como decía don Nicomedes Santa Cruz.

Entonces, los de a pie, conversos de pacotilla, son libidinosos en extremo y haraganes contumaces pero el domingo se prenden bien de su Biblia, hablan en portuñol –como sus pastores del Cine Capitol—y viven en santidad aunque en el fondo sean unos ‘sacavuelteros’ de quinta maña. No es un juego de palabras es un jugo de rana para entender al Perú desde sus capachos. Esa impresión tuve con Rolando Arellano cuando en 1996 lo entrevisté para el programa Panorama de Canal 5. Él estaba terminado su ‘Estilos de Vida en el Perú’ y había clasificado a los peruanos en 9 plataformas. Hoy sólo son 6. Y Lima es 5. Y Arellano Cueva es único porque no suelo conversar con economistas ni mucho menos. Con el autor de ‘BBB’ sí porque entiende que eso de la productividad y rentabilidad está más en la poesía del ahorro y la inversión que en los números serios del maestro Baldor.

Entender el Perú del 2012 es desmontarlo en esa pachamanca descomunal entre el ingenio y la corrupción de garrapata en el que está erigido. No son Abimael, ni Montesinos, ni Fujimori. En todo caso somos todos los culpables, aquellos que no pudimos construir un país con instituciones, valores y utopías reguladas por la norma. Porque Lima necesita del ojo periodista de Rolando Arellano para comprender que heredamos una catástrofe y que sólo con textos lúcidos de un estudioso del mercado como él, haremos de la dicotomía del símbolo y el diávolo una Lima para leerla a diario porque cada vez es otra y sólo su escritura le hace un retrato sin contrato.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.

En este artículo: | | | | | | | | | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD