¿Cómo y para qué se dialoga? No lo sé

Alan García y Mulder están ahora encantados de dialogar con Cateriano y hasta el fujimorismo está agitando banderas de paz al nuevo premier, antes declarado “confrontacional” y “provocador”, cuando era miembro del gabinete Jara con el que “no había nada que dialogar”, y cuando su nombre era todavía una hipótesis para el premierato.

| 10 abril 2015 07:04 PM | Especial | 5k Lecturas
¿Cómo y para qué se dialoga? No lo sé
¿Cómo y para qué se dialoga? No lo sé
Por: Raúl Wiener
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La necesidad de pasar el trago amargo de tener que otorgar un forzado y vergonzante voto de confianza a un antiguo enemigo, a continuación de una excitante y sonada censura al anterior gabinete, obliga a estas cabriolas del lenguaje.

En el lado irónico va a resultar que reemplazaremos a la premier más conciliadora y contradictoria que quiso institucionalizar el diálogo del gobierno con los partidos y fue boicoteada precisamente por Alan y Keiko; por el sicario del Twitter, el nuevo premier Cateriano. Ya sabemos que en la política los resultados siempre bordean lo paradójico.

Pero aquí el tema es político, porque los naranjas y los de la estrella, han tenido en mente no es el nombre del premier ni que una u otro sean mejores o más conciliadores o beligerantes, sino la impresión que habían logrado de hacer sentirse como la cabeza de una nueva mayoría congresal opositora, que podía poner en serios aprietos al gobierno.

La réplica de Humala, sea meditada o directamente del hígado, que designa a Cateriano cuando los censuradores le decían que no lo hiciera, terminó por mostrar la fragilidad de esa “mayoría” que depende de multitud de grupos intermedios más o menos pequeños.

Era fácil predecir que el frente de la censura se cayera porque varias bancadas no querían arriesgar su puesto y porque algunas de ellas estaban precisamente incómodas con el liderazgo aprofujimorista.

En esta perspectiva hay que entender los reflejos adelantados de Mauricio Mulder y Martha Chávez, que fanfarronearon de lo lindo que no darían la confianza y que arriesgarían la disolución del Congreso.

Hasta que el ego colosal y su sombra, la gordita, sin oficio conocido, definieron que se bajarían los decibeles de la bronca y se aceptaría el diálogo con el premier. ¿Sobre qué? Eso es lo que nadie tiene claro.

La verdad es que si se revieran las razones de la censura, se entendería que los dos bandos tenían posiciones super-polarizadas.

De un lado la representante del gobierno a lo sumo reconocía fallas administrativas y eventuales excesos de algunas personas, sin responsabilidad de las más altas jerarquías.

Por su parte, los acusadores afirmaban haber estado viviendo en una siniestra trama de espionaje, con reminiscencia a los peores servicios secretos del mundo, que servía para el chantaje y la manipulación, y en el que estaba comprometido el gobierno y especialmente la pareja presidencial.

Bajo esas premisas tan opuestas: ¿cómo y para qué se dialoga? No lo sé, pero es una buena forma de trasladar las broncas para más adelante, que es lo que quiso Jara y no lo logró.

Raúl Wiener


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Colaborador 9324 La Primera Digital