Coca y racismo II

Si bien en el Perú existen más de 4 millones de consumidores tradicionales de la hoja de coca, y cada día aumenta la variedad de los productos legales de esta planta, aún el país no cuenta con una política de Estado sobre la hoja de coca, continuando así los prejuicios que determinan falsamente que la coca es igual a la cocaína y que impide ver la industrialización como una alternativa económica de lucha contra el narcotráfico.

Por Diario La Primera | 19 feb 2011 |    
Coca y racismo II
(2) La hoja de coca tiene multiples usos. (3) Evo Morales propone industrializar la hoja de coca. (4) La hoja de coca es perseguida en el Perú.
Parte II

El racismo y la hoja de coca
“La esclavitud fue algo universal, se dio en todos los países y regiones. La aportación de mi país fue asociar la raza negra a la falta de libertad, eso fue algo premeditado, construido, legalizado por diferentes procedimientos especiales, con el fin de proteger los privilegios de los más ricos, creando un sistema político, económico y social a gran escala que descansaba sobre la base del sistema no pagado”, dijo la escritora afroestadounidense Toni Morrison, autora de Beloved y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1993 respecto a la esclavitud y el racismo.

El análisis y la explicación de Morrison sobre la raza negra asociada a la esclavitud, nos ayuda a entender cómo el consumo tradicional de la hoja de coca por el campesino andino-amazónico ha sido y sigue siendo asociada a la pobreza, al analfabetismo, a la degradación moral e incluso a la debilidad mental. Sin mayor base científica, el coqueo andino fue identificado como una “intoxicación crónica” y fue el punto de partida y el origen de los trabajos de diferentes médicos que “sirvieron de fundamento al Informe de la Comisión de Estudio (o encuesta) de la Hoja de Coca de las Naciones Unidas (Lake Success, 1950), así como al mantenido juicio del Comité de Expertos de la OMS que en 1992, se negó a poner al día la información científica (1952, 1953, 1993).

Como la coca, la hoja sagrada de los Incas, estaba relacionada con las prácticas rituales de la religiosidad andina, las autoridades coloniales europeas llegaron a la conclusión de que la extirpación de las idolatrías, es decir de la espiritualidad y la cultura andina, debía asociarse también a la prohibición del consumo de la hoja de coca, cuando descubrieron que con el coqueo los indios podían trabajar más horas, comiendo poco y produciendo más riqueza para las arcas del rey, entonces el pragmatismo y los intereses económicos predominaron sobre otros intereses.

Si durante la Colonia a nombre de la civilización, el progreso y la cruz se intentó barrer con todo el corpus civilizatorio construido a lo largo de siglos por las culturas pre Incas e Incas, durante la república se vinculó la hoja de coca a la pobreza andina y en el siglo XX y XXI quienes exigen una política de tierra arrasada con relación a la hoja de coca, en el fondo lo que están pidiendo y exigiendo es también la erradicación de las culturas e identidades andino-amazónicas, que están amenazadas en un país como el Perú, pluricultural y multilingüe, pero con un Estado monocultural y donde la pobreza, los medios de comunicación e incluso el sistema educativo corroen y debilitan las identidades, como la hoja de coca que es un signo andino-amazónico que se resiste a desaparecer.

La industrialización de la hoja de coca
El 12 de marzo del 2009 el Congreso de la República aprobó el dictamen del proyecto de ley 2515 que autorizaba a los productores, de manera individual o colectiva, a transformar sus cultivos legales de coca, en harina o saborizantes para comercializar o industrializarlos, siempre que estos no pudieran ser recuperados para producir estupefacientes.

Este proyecto generó un intenso y acalorado debate, enfrentando a aquellos que creen y sostienen que las plantaciones de hoja de coca y su consumo, incluso tradicional, fomentan y favorecen el narcotráfico y los que consideran que debe fomentarse el consumo tradicional de la hoja de coca por sus bondades nutricionales y medicinales y procederse a su industrialización como una alternativa económica de lucha contra el narcotráfico. La variedad de productos legales de la hoja de coca es cada día mayor. Entre los más conocidos están los panes, kekes, galletas, tortas, saborizantes, bebidas que incluyen vinos, macerados y jarabes, además de productos de belleza como cremas y aceites para la piel. Los industriales de la hoja de coca sostienen, como lo ha referido el Dr. Teobaldo Llosa, que los productos de la hoja de coca pueden ser descocainizados o desalcaloinizados y que no significan ningún riesgo de ingerir cocaína.

Uno de los argumentos de mayor peso para una industria que crece sin pausa tiene que ver con las bondades medicinales y nutritivas de los productos derivados de la hoja de coca y que la obtención del valor agregado de la hoja genera más trabajo legal, y desde el consumo legal se puede combatir el narcotráfico cuando se le arrebata materia prima.

Las campañas cargadas de prejuicios que sostienen que la coca no tiene propiedades alimenticias ni medicinales, a pesar del consumo milenario de los antiguos peruanos y los de hoy y las investigaciones científicas y médicas que lo afirman, se constituyen en una de las limitaciones de la industrialización de la hoja de coca, otro factor en contra es la limitada demanda de los productos por falta de una promoción eficaz.

Pero la mayor barrera y límite del consumo nacional y sobre todo internacional de los derivados legales de la hoja de coca es, la condena que pesa sobre la hoja considerada estupefaciente y el picchado calificado de toxicomanía por la Convención Única de Viena de 1961. Mientras no se levante esa condena, la hoja de coca seguirá satanizada por todos los extirpadores de idolatrías del siglo XXI.

La hoja perseguida en América Latina
La hoja de coca sigue perseguida en el Perú, en el resto de América Latina y el mundo, sobre ella pesa la condena de la Convención Única de Viena de 1961 y que sea la materia prima para la fabricación de la cocaína cuyo uso indebido, junto con otras drogas, sea ahora la causa de la drogadicción y el narcotráfico.

En el Perú, la llamada política antidrogas tiene como sustento jurídico la Ley 22095 de 1978, inspirada en el prohibicionismo de la Convención Única de Viena de 1961. Esta norma sigue el modelo de política antidroga de EEUU y es la causa de que el país no tenga una política que revise toda la normatividad sobre el tema partiendo de la derogatoria de la 22095, la creación de un Instituto Nacional de la Coca y una campaña desde el Estado y la sociedad civil para despenalizar la hoja de coca.

Bolivia es el único país de América del Sur que inició una campaña de despenalización de la hoja de coca. El presidente Evo Morales, presentó en marzo del 2009 durante la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS) una solicitud para eliminar los artículos 49 (c) y 49 (e) de la Convención Única de Estupefacientes de 1961 que establecen que “la masticación de hoja de coca estará prohibida dentro de los 25 años siguientes a la entrada en vigor de la presente Convención” que entró en vigencia en diciembre de 1964.

El pedido boliviano fue visto por el Consejo Económico y Social de la ONU el 30 de julio y determinó consultas por 18 meses para anular la Convención en lo que atañe a la masticación de la hoja de coca. Si las partes no se oponen al pedido boliviano se suspenderán los artículos referidos, para los especialistas, la decisión es simbólica porque los 25 años ya se cumplieron.

En Colombia la hoja de coca es un cultivo penalizado sobre todo porque el 99% de su producción está destinado al narcotráfico vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), solo quedan algunos reductos de coca legal en la Sierra Nevada de Santa Marta donde los campesinos siembran coca para su uso tradicional.

En Argentina un estudio de la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui demostró que en las provincias de Tucumán, Jujuy y Salta, el consumo de la coca en su estado natural alcanza un volumen anual de 1200 toneladas métricas, a pesar de que según la Ley 23737 es legal consumir coca en su estado natural, esta se contradice y penaliza su comercialización y cultivo. Para terminar con esta situación Evo Morales ha planteado al gobierno argentino un acuerdo que ponga fin a esta contradicción legal.

El poder medicinal de la hoja de coca
En el estudio titulado “El tejido invisible de la hoja de coca” el Dr. Alejandro Sacha Barrio Healey, médico en herbolaria, acupuntura y craneosacral, sostiene que, “De un lado, esta hoja de coca es una gran medicina, pero igualmente tiene el poder de hacer mucho daño cuando se vuelve una droga”.

En efecto, la hoja de coca tiene elementos destructivos y constructivos, puede ser sagrado y profano, puede ser bálsamo, consuelo y sanación del campesino. Pero también puede contribuir a erigir el gran poder económico de la “Coca Cola” y las multimillonarias ganancias de la industria farmacéutica de productos derivados como la lidocaína, la procaína y muchos otros analgésicos.

“Hay muchas personas que admiten que la coca tiene muchos nutrientes, calcio, hierro, proteínas y alcaloides benéficos, sin embargo descartan su uso, debido a los efectos tóxicos de la cocaína, pero no llegan a precisar exactamente a qué efectos se refieren”, sostuvo, Sacha Barrio. La coca es un milagro de la naturaleza. Pero tiene muchos enemigos, el mayor de ellos es Estados Unidos, que a pesar de ser la primera potencia militar del planeta, tiene el récord mundial de diabéticos, de obesos y de depresivos que podrían combatir el mal con la coca.


Por Róger Rumrrill


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