Clase media marcha al paraíso

Y en sus tripas, también el Perú se mueve. La Defensoría del Pueblo insiste en que cerca de 300 conflictos sociales no se resuelven en todo el país y ahorita revientan. Los cocaleros y los mineros informales, los deforestadores y el pueblo aymara, la banda de policías asesinos de Trujillo y los clanes que operan desde las cárceles, las obras “inauguradas” de Alan y los pederastas, los encapuchados del VRAE y los violadores.

| 16 octubre 2011 12:10 AM | Especial | 3.2k Lecturas
Clase media marcha al paraíso

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La clase media peruana es andrógina inextricable. Fruto de un sedimento de economías informales, relocalizadas, mixta, delictivas y convulsas. No escribo de los señorones del viejo San Isidro y los miraflorinos del entrañable Julio Ramón Ribeyro. Digo de los sectores emergentes que siguen creciendo desde hace 50 años, cuando llegaron como migrantes.
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Marchando, Mariano Díaz otra vez está en el Perú. A sus 55 años ha retornado a su ayacuchano “Chupe verde”, su “Puka picante” y a su oficio de electricista sin RUC. Él es uno de mil cien expulsados de Estados Unidos desde el 2010 según informa la Cancillería. Marchando, de acuerdo al estudio del Dr. José Wakabayashi, profesor de ESAN, la inmigración a Lima es cada vez menor. Los “lorchos”, ante los retos de la modernidad, aspiran a que sus ciudades se parezcan a la capital. Marchando, según cifras de Arellano Marketing, cuando se le pregunta a un peruano a qué nivel socioeconómico pertenece, un 56% exclama sentirse que es de la clase media.

También marchando, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP informó hace dos meses que el número de millonarios peruanos con cuentas de depósito en el sistema financiero creció rápidamente y aumentó en más de 200 en el último año. Marchando, el último jueves, la CGTP Por primera vez en sus 82 años, salió a respaldar al gobierno contra, como ellos dicen, las miasmas de la dictadura fujimorista y el gobierno aprista “neoliberalista” exigiendo lucha frontal contra la corrupción.

Marchando así, se van 3,500 oficiales de la policía. Marchando luego, se fueron los “4 fantásticos” que no lo son tanto. Marchando y más, cada día se instalan 100 chifas en todo el Perú que son el más puro ejemplo de “lavar” del dinero sucio del narcotráfico. Marchando llegó a Lima Rod Stewart y marchando, y duro, se quedó en el Cusco Mick Jagger. Marchando se meten la lengua al culo las barras bravas de la derecha cavernícola o esa “coalición conservadora de políticos, empresarios, representantes eclesiales, manejadores de imagen con vocación de cofradía y medios genéticamente descompuestos dispuesta a petardear a quienes levantan algunas banderas de cambio social o a quienes defienden un liberalismo que va más allá de la macroeconomía”, como señaló el “Colorado” Álvarez Rodrich esta semana. Marchando volví de mi tercera “luna de miel” y marchando veo a mis hijos crecer.

Y entre marchas y contramarchas, digo que el peruano es un inmigrante genético y un trashumante empedernido. A la cifra que manejaba el Dr. Teófilo Altamirano en sus estudios de 1985, donde se explica la existencia de 70 mil instituciones provincianas que operaban en Lima en ese entonces, sería bueno recordar las investigaciones de José Matos Mar --el desborde popular y el origen de las barriadas en los cincuenta— y las de Carlos Iván Degregori -culturas híbridas, barrios marginales— en las que se señala la permanente y castrante búsqueda de la modernidad y el fracaso de su representación política. Así, el peruano natural del anexo va al distrito y luego a la provincia y de ahí a la capital del Departamento y luego llega a Lima y ya está buscando cómo irse Argentina o España. Errante errático, por no decir vagabundo.

Y en sus tripas, también el Perú se mueve. La Defensoría del Pueblo insiste en que cerca de 300 conflictos sociales no se resuelven en todo el país y ahorita revientan. Los cocaleros y los mineros informales, los deforestadores y el pueblo aymara, la banda de policías asesinos de Trujillo y los clanes que operan desde las cárceles, las obras “inauguradas” de Alan y los pederastas, los encapuchados del VRAE y los violadores, el terrorista Jaime de Althaus y la pareja Rey con Barba, los asesinos del Monumental y el candidato del 2016 Kenji Fujimori, los congresistas “comeoros” y los “robacables”, Abencia Meza y Magaly Medina, Ocrospoma y los jueces de Iquitos, los “marcas” y los microbuseros borrachos, ¿Sigo?

Amén de esto y aquello, la economía en el Perú es un arroz con mango. Hoy 2 más 2 es 7. Así, el INEI dice que en agosto la economía peruana creció con una aceleración de 6,95%. ¿En Lima? No, en todo el país. Entonces, ya usted sabe porqué hay tantas 4x4, y tanto moll, que así les dicen ahora a los centros comerciales, y en Piura y en Arequipa. Y tanta piel de femme peruana acariciada en sus partes pudendas por las Victoria’s Secret. Y tanto gym y más spa. Y cada mujer de 40 se pone como mango y una arrechura descomunal baja los tanques de agua de San Juan de Lurigancho. Y cada vez más Vanessas Tello de nalgas de yegua se lucen por mis pagos. Aunque Gamarra se cae, no importa, florece Mega Plaza. Pero el sector pesquero se expande en un 82,57% (especies destinadas al consumo humano directo e indirecto) y el sector agropecuario avanzó un 5,83%. Entonces sube el cebiche y sube el oro. Sube el pollo y sube el metro cuadrado en los Cedros de Mangomarca. ¿Y qué país es éste? Esdrújulo, pluscuamperfecto, jijuna, aputamadrado, pasapiolista, neopostcapitalista, hormonal, de ambiente, de ruchupete, de cocineros gays, de peinadores aventajados, de políticos imberbes. Vea usted.

La clase media peruana es andrógina inextricable. Fruto de un sedimento de economías informales, relocalizadas, mixta, delictivas y convulsas. No escribo de los señorones del viejo San Isidro y los miraflorinos del entrañable Julio Ramón Ribeyro. Digo de los sectores emergentes que siguen creciendo desde hace 50 años, cuando llegaron como migrantes, y desde esa vez han acumulado propiedades y generado sus pequeñas y medianas empresas. Este sector, bien explicado en el libro “Al medio hay sitio” de Rolando Arellano, tiene un gasto promedio de S/. 5,000 al mes. Usan dinero electrónico, mandan a sus hijos a colegios y universidades privadas. Se ubican masivamente en lo que ayer fue los “conos” y ya no necesitan salir de sus predios para comprar o divertirse. Han generado macro-mercados en 7 puntos de la nueva Lima. Y eso no está en los manuales, ni en los rezos ni en los cantos. Hay un cielo para los peruanos. Ese es el infierno de los viejos ricos.


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