Chopra y los indignados

“Hoy asistimos al momento cumbre de intoxicación informativa de los medios, a los clichés para desacreditar, al vocabulario criminalizador, a la sedimentación de los conceptos insultantes y al aumento de la virulencia intolerante. Por ello soy de los “indignados” y del grupo de los “99%”. Por eso me llega Chopra”.

| 13 noviembre 2011 12:11 AM | Especial | 2.4k Lecturas
Chopra y los indignados
Tu mala canallada

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“Esa noche en el Dibós, vi gente correr y no estabas tú. A las jóvenes de mi lado derecho, las invadía el llanto, a las parejas de mi izquierda, la emoción bajoventral mientras se tocaba el alma al ser testigos de aquel momento excepcional, oír en inglés al mismo Mr. Deepak Chopra explicar sus trasnochadas “Siete leyes espirituales del éxito”.
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Hoy pecaré de liviandad y de indignado. Por eso pagué 148 Soles para ubicarme en la última fila del Coliseo Dibós. Quería conocer al gurú más famoso del mundo nice, el escribidor hindú Deepak Chopra. Tenía tanto interés por escuchar su conferencia “Salud, transformación y alto nivel de conciencia”, que la noche del miércoles dejé de chatear con mi novia iqueña, amén de postergar mi exigente lectura de los tratados del Corpus Hermeticum transmite, con el propósito de estar frente al mismo mesías de la autoayuda: Debo confesarlo, de salud no ando bien, me duele el país -Mario Campos, dixit-. En el tema de la transformación, ando como Phillip Butters respecto a “los transfomer”, nada por atrás. Y en el plano del ‘alto nivel de conciencia’, digamos que he sido un inconsciente con la derecha cavernaria. Les he pegado duro para que entiendan que viven en el Perú, pero así son, se pasan el país por los capachos.

Gisela Valcárcel me cae bien. Se parece a mi tía Cristina, aquella que una noche, ebria de ron Pomalca, quiso abusar de mi intacta pubertad erecta. Gisela se apareció en medio de la multitud. Es mujer con el estigma de arroyo. Nació y se crió en El Porvenir, barrio de navajas, y se maneja con la masa. Abrió sus labios expertos y carnosos y se metió al público al calzón. Gisela, quien es fanática del hindú y de las películas hindú, es una fiel seguidora del ‘maestro’. Por ello había confesado que le pediría directivas al gran Chopra para lograr encontrar su alma gemela: “Voy a seguir todos sus consejos para ver si así dejo de una vez la soltería”, aseguró la conocida rubia con su plata. El hindú, que no es gil y le gustan las gallinas viejas, porque sabe que aquí en el Perú dan buen caldo, le había hecho un hueco en su agenda para atender y curar los “repentinos ataques de apetito venéreo” que viene padeciendo la popular “señito”. Yo respeto a las damas y de aquel encuentro me niego a dar información, no soy Magaly Medina.

El gran “betsellerista” nacional, Sergio Bambaren, quien lucía un pañuelo gitano en la cabeza para disimular la calvicie -compañero de la hija de Chopra y autor de “El Delfín”- lo había anunciado en mi programa favorito “Oh Diosas”. Llega la luz, dijo esa vez y contó que Chopra es autor de más de 15 best-sellers universales en 69 idiomas y dialectos afines y que llegaba a Lima a traer un mensaje de esperanza. Casi tengo grabado su recado: “El maestro logrará reenfocar nuestra decisión de generar riqueza no solo a través del conocimiento, sino de intenciones profundas”. En realidad, lo que quería decir Bambaren era que Chopra -es verdad, sus libros se venden más que los pollos en “Metro” de San Felipe- es que si uno cambia el paradigma mental, cambia su actitud. Lo cito: “Que sumado a mi conocimiento el resultado va a ser una riqueza de florecimiento. La verdadera riqueza del ser está en la condición propia del alma-mente-espíritu y esto se logra mediante un desarrollo y crecimiento personal”. Eso. El pensamiento Chopra: “Conjuga lo más moderno y avanzado de la ciencia con las tradiciones espirituales milenarias de la India”.

Con el perdón de las damas autoayudadas, lo juro, luego de que una novia me obligó a leer nueve veces el famoso libro “Tus zonas erróneas” del abominable Wyne Dier -y solo para que me otorgue el permiso de agarrarle los muslos mismo Denny Vandeiglesias (a) “Marrón” a la Chata Vanessa Terkes- los textos de autoayuda fueron mi pesadilla y desvaríos. Jamás descubrí mis zonas erróneas salvo un cachito de mi lóbulo derecho que se excita in extremis por quítame estás pajas y aunque sé que este tipo de libro vende más que la Literatura (con mayúsculas), sé también que no necesito saber que “¿qué tipo de ratón soy y por qué me han robado mi queso? ¿Si realmente seré el ombligo del universo y un centro de energía positiva?” o “¿Dios mío, por qué dejé oxidar mi armadura?”. No, señores y señoras, si las hay. No uso sicotrópicos ni ansiolíticos cuando no puedo dormir. Leo el libro de citas del masajista del alma Paulo Coelho que una vecina me regaló para evitar mis ronquidos o el mamotreto “Juventud en éxtasis” del quiropráctico Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

Termino con Chopra. Esa noche en el Dibós, vi gente correr y no estabas tú. A las jóvenes de mi lado derecho, las invadía el llanto, a las parejas de mi izquierda, la emoción bajoventral mientras se tocaba el alma al ser testigos de aquel momento excepcional, oír en inglés al mismo Mr. Deepak Chopra explicar sus trasnochadas “Siete leyes espirituales del éxito”. Y uno, que no es de fierro, sintió la pegada. Al final, salieron (salimos) tan emocionados que, aunque usted no lo crea, yo vi levitar a muchos, caminaban sin tocar el piso. Otros treparon a sus 4x4 y se largaron a La Planice. Algunos chaparon su combi con destino a Los Olivos. A mí se me abrió el apetito y terminé en una orgía de anticuchos en lo de la tía Grimanesa.

Así es Chopra. Por ello, cuando el Chema Salcedo le preguntó en RPP: “¿Dónde está nuestra alma, maestro? El millonario hindú le respondió: “El alma no se puede ubicar. Hablar de dónde está el alma, implica la localización en un sitio físico. Algo que no tiene ubicación en el espacio, entonces no existe en el tiempo”. El Chema Salcedo insistió: “A mí me dijeron que el alma está en el pecho”. El maestro del equilibrio pureza-endereza le dijo: “No, es al contrario. El cuerpo está en tu alma. El universo experimenta en el cuerpo y, ¿dónde se experimenta el cuerpo? En la conciencia”.

Finalmente, sé que tías y choclonas me van a odiar. Yo soy católico y me basta. Me friega la “U” de hoy como Chehade o los columnistas racistas del diario Correo. Hoy asistimos al momento cumbre de intoxicación informativa de los medios, a los clichés para desacreditar, al vocabulario criminalizador, a la sedimentación de los conceptos insultantes y al aumento de la virulencia intolerante. Por ello soy de los “indignados” y del grupo de los “99%”. Por eso me llega Chopra. Y me friega su prédica: “Pedir a otra persona que te brinde placer es codicioso y egoísta. Así, el sexo lleva implícito el pecado, que lo torna vergonzoso y cargado de culpa”. No pues, Chopra. Así no juega Perú.

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