Chincha: un pueblo que sale adelante

A pesar de la demagogia del gobierno aprista sobre la reconstrucción del sur “chico”, que quedó severamente golpeado luego del terremoto de 2007, en Chincha existen casos de gente emprendedora que salió adelante gracias a su iniciativa y tenacidad.

| 25 agosto 2011 12:08 AM | Especial | 2.2k Lecturas
Chincha: un pueblo que sale adelante
SE RECUPERA CON SU PROPIO ESFUERZO
2279

Cuando se habla del terremoto del 15 de agosto del 2007, lo primero que viene a la mente de todos es la ciudad de Pisco. Sin embargo, muy pocos fijan su atención en Chincha, pues ese mismo cataclismo nació precisamente 40 kilómetros al oeste de esta ciudad, en pleno Océano Pacífico. Y según sus habitantes, quizás causó mucha más destrucción que en su “pueblo hermano”.

LA PRIMERA visitó Chincha y pudo comprobar que los anuncios del gobierno del expresidente Alan García sobre avances en la reconstrucción quedaron en palabras. Aún así, en medio de la indiferencia y soberbia del régimen anterior, varios ciudadanos chinchanos pudieron salir adelante en medio de la desgracia, gracias a la ayuda prestada por organizaciones no gubernamentales, como es el caso de la Asociación Solidaridad Países Emergentes (Aspem).

Esta ONG italiana se hizo presente en Chincha apenas 48 horas después del cataclismo, poniendo en marcha un proyecto que tuvo como eje básico la participación activa de los mismos pobladores, para que puedan reconstruir sus viviendas. También trabajaron en la realización de emprendimientos para que los chinchanos pudieran salir adelante.

Reconstrucción con manos propias
En el distrito de Tambo de Mora, gran parte de las viviendas quedaron completamente destruidas, y el lugar fue declarado inhabitable por ser cercanos a suelos movedizos y pantanos. A pesar de esta disposición, varios habitantes decidieron seguir viviendo en este espacio, pese a lo peligroso de estar entre paredes rajadas y columnas retorcidas, bajo el argumento de que allí nacieron y allí morirán.

No obstante, la mayoría de los pobladores salieron del lugar, siendo reubicados en lo que denominaron “Nuevo Tambo de Mora”. “Era un terreno agrícola que el Estado compró para reubicar a estas familias”, explicó José Quiñones, coordinador de proyectos de Aspem en Chincha, acerca de la nueva zona habitada.

Quiñones agregó que su organización apoyó en el proceso de reubicación “porque había mucha desconfianza en los gobiernos local y central. Se hizo un proceso muy abierto, que generó confianza, con una comisión de la propia población, que hizo la evaluación socioeconómica de las familias y cuáles eran las prioridades”.

Luego el Estado asignó lotes a las familias reubicadas, “pero como los espacios que les fueron dados eran muy pequeños, empezamos a capacitar a las propias familias para que hagan este tipo de construcciones de quincha mejorada y puedan ampliar sus casas. Las mismas mujeres trabajaron haciendo su quincha”, manifestó Quiñones, quien indicó que “un año y medio después Techo Propio empezó a darles material para construir con material noble en algunas partes de la casa”.

Un testimonio de esta reconstrucción es el de Carolina López, quien fue una de las primeras en obtener su vivienda tras seis meses de vivir en una choza. “Fuimos a una capacitación por mes y medio, y luego levantamos esta casa con mis dos hijos y dos de mis hermanos que me apoyaron”. Tras mencionar que lleva tres años y medio viviendo en esta zona, agregó que “me va bien aquí porque la casa nos abriga y nos cobija, y pudimos sobreponernos a la desgracia que tuvimos ese año”.

Apoyo en prevención
La institución sin fines de lucro no solo apoyó con la reconstrucción de viviendas, sino que ayudó en cuanto a la prevención de desastres. En la oficina de Defensa Civil de Tambo de Mora, Marcela Huasasquiche, presidenta de la Brigada de Tambo de Mora, junto a otras voluntarias, relatan su experiencia tras el terremoto: “pasaron más de dos años del terremoto y la municipalidad no tenía ni siquiera una brigada”, y detalló que en Tambo de Mora se hicieron presentes la Cruz Roja, Médicos del Mundo, “que tenían reconocimiento municipal para trabajar, pero cada uno estaba por su lado, no había una oficina que los articule con la comuna”, relató.

Añadió que la oficina de Defensa Civil es cogestionada por un responsable a nombre de la municipalidad, pero dirigida por la propia brigada, integrada por 32 ciudadanos que tienen reuniones de coordinación una vez por semana. La comuna puede hacer seguimiento a los simulacros y medidas de prevención. Esta experiencia ha sido replicada en otros cinco distritos, y luego se han articulado bajo la cobertura de la municipalidad de Chincha.

“El terremoto del 2007 nos encontró totalmente desorganizados, no sabíamos qué hacer. Ahora hay un grupo organizado en contacto con las autoridades y hemos podido implementar una oficina, en la que contamos con un almacén con camas, carpas, enseres y víveres”, contó Huasasquiche.

UNA TAREA PENDIENTE
Lo que falta por hacer

Quiñones afirmó que el trabajo realizado por Aspem en Chincha “tiene la finalidad de mostrar la gran diferencia que hay entre una reconstrucción pensada en que solamente el Estado tiene que hacer, y hacerlo mal; y una pensada en que las personas son sujetos que pueden participar en el propio proceso y que hay que considerarlos”. “Hemos logrado resultados espectaculares con señoras que han podido aprender a hacer cosas que nunca habían pensado en sus vidas, gente que ha hecho todo un barrio y que ha demostrado que tienen un capital enorme en su organización, que necesitan que el Estado los incluya en las políticas públicas de reconstrucción y que no les atienda con mentalidad de limeños”, añadió.

No obstante; Quiñones sostuvo que aún hay muchas cosas por hacer. “Uno de los grandes retos es que cerca del 60 % de familias ni siquiera ha iniciado la reconstrucción de sus viviendas. Este tema está pendiente porque la gente no solo ha perdido vivienda, han perdido dignidad, fe, esperanza, y necesitan recuperarse emocionalmente”, concluyó.

CONSTRUYEN SUS PROPIAS VIVIENDAS
Mujeres también son albañiles
Otro aspecto en el que la institución internacional apoyó a los pobladores chinchanos fue con capacitaciones en albañilería y construcción de servicios sanitarios, en las que, contrariamente a lo tradicional, participaron varias señoras. Una de ellas es Teresa Valdivia, quien dijo que tuvo la iniciativa de atender la reconstrucción de su vivienda por su cuenta, “ya que nadie en nuestro distrito hacía nada”.

Luego de ello, se reunieron con el personal de la ONG, quienes “nos capacitaron durante varias semanas y pusimos en práctica lo que nos enseñaron”. Agregó que de esta manera “no nos vamos a dejar engañar por un albañil que nos dice lo que no es”. “Nosotras mismas hacemos las zanjas, la nivelación del terreno, y buscamos ayudar a los vecinos, que poco a poco están comprando sus materiales”, contó la señora Valdivia, quien refirió que “si se le malogra el baño a un vecino, le podemos ayudar; este oficio nos apoya en lo económico”.

DEJARON TODO POR EL TERREMOTO
Nace un barrio nuevo
Otra de las zonas afectadas por el terremoto fue el distrito de Chincha Baja. En especial la parte de la zona arqueológica, en las que anteriormente vivían algunos pobladores dedicados a la agricultura y la ganadería. El cataclismo dejó muchas de sus viviendas destruidas y, como en el caso de Tambo de Mora, muchos no quisieron abandonar el lugar.

Unos pocos aceptaron el ofrecimiento para ocupar una antigua zona agrícola, ubicada en la localidad de Emilio del Solar. Este es el caso de Mariela, una joven madre de 26 años quien pese a todas las adversidades iniciales, pudo salir adelante gracias a las capacitaciones brindadas por Aspem en materia de construcción, edificando su casa con adobe y quincha mejorada, además de la novedad de instalar cocinas y baños ecológicos

“El concejo municipal nos apoyó con 50 % por ciento del dinero para comprar el terreno, y nosotros pusimos la otra parte gracias a un préstamo del dueño de los terrenos”, dijo Mariela, quien agregó que el propietario, que era productor de leche, les fue cobrando con sus ventas durante un año.

Incluso el mismo dueño les apoyó con la construcción de sus viviendas, y los nuevos propietarios, en agradecimiento, le cedieron una de las casas edificadas. El coordinador del proyecto, José Quiñones, agregó que los habitantes de Emilio del Solar decidieron no construir sus casas por separado, sino agruparlas por cuadras, de tal forma que constituyeron un barrio.

Mariella comentó que hacer todo este trabajo “no fue fácil porque no solo era tener la vivienda; nos faltaban los servicios básicos y tuvimos que empezar de cero. Vivíamos sin luz, el agua teníamos que traerla de los pozos. Pero ahora ya tenemos algunas cosas, estamos cumpliendo nuestras metas en corto plazo”. “Me siento feliz por mi familia y los vecinos, nos hemos sacrificado para tener lo que tenemos y dejar un futuro para nuestros hijos”, agregó la joven madre.

Al respecto, Quiñones contó que la mitad de las pobladoras de esta localidad “son mujeres solas que han tenido que enfrentar unidas este problema. Es un trabajo bien gratificante, porque valoran mucho más lo que tienen”.


Víctor Liza Jaramillo
Fotos: David Huamaní
Enviados especiales

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


En este artículo: | |


...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD