Carnavales, los de Abancay

Decía el poeta anónimo “El hombre es del tamaño de sus sueños”… Añadimos nosotros: Los seres humanos somos del color y las pigmentaciones que nos va pincelando el hábitat en el que nacemos y crecemos, somos también hechura de nuestro entorno social. Ciudad alegre, hospitalaria y musical, Abancay se viste en estos días de carnaval y es escenario de una de las festividades más coloridas y desbordantes de los Andes peruanos.

| 15 febrero 2009 12:02 AM | Especial | 9.7k Lecturas
Carnavales, los de Abancay
Las autoridades municipales encabezan la fiesta.
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Los pobladores de Abancay sienten orgullo de vivir entre colinas, valles e inmensas estepas verdes, exhuberante geográfica que genera un clima que es el deleite de turistas nacionales y extanjeros. ¿Que es usual ver durante el año a chicos y chicas, nocturneando en polo, por las calles de Abancay? A ver, ¿qué ciudad de la sierra peruana tiene ese prodigio de clima?, ¿cuál de ellas tiene tanta vegetación?

El valle lo tiene todo para su subsistencia o autoconsumo: produce frutas frescas, productos del Ande como tubérculos, carnes, lácteos y los más famosos caldos de gallina del Perú. Es un edén, una perla enclavada en los Andes que emerge día a día en camino a modernizarse, conservando sus formas tradicionales.

Empero, una economía emergente no debe olvidar sus raíces, y de eso se trata: Los carnavales Abancay 2009 pretenden ser un hito, un punto de partida de un esfuerzo para que esta bella ciudad sea incluida definitivamente como importante destino turístico nacional. Obvio, no tendrá Machu Picchu, pero a las ruinas incas de Choccequirao se llega más rápido por Abancay; en fin, Abancay no será Arequipa ni Trujillo, pero nada como el turismo vivencial y el ecoturismo que está en boga y hoy es casi una necesidad para quienes viajan por el mundo buscando contacto cada vez más intenso con la naturaleza.

Se celebra todo febrero y marzo y su mayor mérito es la integración de clases, edades, razas, religión y/o regiones. El 19, 20, 21, 22 y 23 de febrero, Abancay se viste de gala, se pone cual musa de los Andes, ensaya su mejor sonrisa y al ritmo del “¡aymas calicanto, chullalla safimalquicha!” y vestidos todos con ponchos, polleras y botas, los abanquinos y sus visitantes dan rienda suelta a su contagiante zapateo, a su derroche de alegría; ¡sí, alegría… a pesar de tanta crisis!

Himno a la tierra
Dice la letra de la canción, que es como el himno de los abanquinos, “si vienes a mi Abancay, al llegar encontrarás la dicha de un gran amor, los sueños de un gran trovador… Su clima primaveral, el ampay tan señorial y su Mariño cantor… regalo del cielo azul…”.

Es la descripción exacta de la actitud y la geografía de Abancay, una tierra de amor con paisaje que cautiva desde la quebrada hasta el mirador. No es costa, es sierra, pero más es cuesta, dicen con humor los abanquinos. Su topografía arranca en el río Pachachaca a 1,700 metros sobre el nivel del mar y llega a los 2,750 msnm en San Antonio, un pedacito de cielo, un regalo de Dios. En resumen, se viene de lo más caluroso para ascender a espacios tibios y hasta frígidos. Es decir, su clima es para todos los gustos y para todas las necesidades.

La historia de los carnavales se remonta a fechas fundacionales. Los primeros abanquinos se motivaban a mojarse porque el inmenso calor lo exigía, la temperatura de estas fechas los instigaba al juego con agua. Más recientemente, han sido los barrios de Aymas (de donde nacen los primeros y grandes músicos como el sureñito), Villa Gloria, Patibamba, Molino Pata, San Antonio, Tamburco, Maucacalle, el cercado y el popular barrio La Victoria -la Rica Vicky, también le dicen-, los que se enfrascan en una competencia de zapateos, sonrisas y cantares sin límites.

Los barrios o conos salen premunidos con todas sus chacharras (vestuario) y parafernalias rumbo al centro de la ciudad para mostrar con orgullo la alegoría de sus danzas, luego se van al punto de encuentro, al epicentro del terremoto carnavalero, que no es otra cosa que el árbol regalón, el árbol de la yunsa, que hay que cortar sí o sí para que la nueva pareja de mayordomos o “carguyoc” el próximo año intenten superar el evento presente.

Integración
Nadie se quiere quedar afuera. Niños, hijos, papás y abuelos animan una de las mejores fiestas costumbristas del Perú.

Para quienes visiten en esta edición 2009, les decimos que el costo -comparado con otras regiones- es realmente bajo (ver cuadro de formas de llegar y alternativas). Si eres turista, te integras y recibes el buen trato de su gente. Así son los abanquinos, así es Abancay, donde la comida rica y barata, el agua gratis discurriendo por doquier, el clima generoso, las serpentinas, los betunes y talcos son también casi gratis. Y si vas de “gorrero” o de mirón a las yunsas abiertas, todo es gratis, principalmente el afecto de los lugareños. Si te animas a participar en las danzas o comparsas necesitarás tener mucho aguante, porque el baile es interminable y agotador.

Alrededor del árbol se encuentran cientos de curiosos esperando ganarse el premio mayor, que está en el follaje del árbol. Cuando se corta el árbol ahí no termina todo. Recién empieza. La jarana continuará en un ambiente de familiaridad hasta la madrugada. Los regalos que se amarran en los árboles van desde lo más humilde hasta lo más extravagante. En medio de globos y serpentinas, hay juguetes, frazadas, ponchos, ropas y hasta útiles escolares. Barrio que no hace su yunsa, no existe cultural y socialmente. Lo cierto es que rico o modesto, nadie se queda sin yunsa.

Lo que importa es la alegría colectiva que envuelve a todos. Es que son los carnavales, gran expresión del carácter del abanquino: amiguero hasta el tuétano, confiado en exceso, valiente como Túpac Amaru y chispeante e irreverentes como Tulio Loza. Los carnavales mueven y agitan la economía de Abancay, acercan a las familias, amistan a los enemistados y enamoran para siempre a los visitantes.

Y al retornar, no debe olvidar llevar para los suyos los duraznos, las tunas más ricas del Perú y el mejor choclo de matriz Curahuasina, además de las fotos con las chicas más guapas del Perú.

Los abanquinos dicen: Si estás enfermo o te cansaste de ir al mismo lugar, cambia tu destino por Abancay y prometemos retornarte como nuevo después de tanto disfrute y alegría, porque los carnavales abanquinos son terapia para la salud emocional.

Así son los trajes típicos
Para mostrar todo su esplendor, la mujer abanquina, cantando y zapateando ¡chairaccmi, chairaccmi, chayascamuscani …. Vientuchahuan, wairachawan … Tusunapac..., lleva un sombrero blanco con una cinta negra alrededor de la copa, esto en homenaje y honor a Micaela Bastidas, heroína de Abancay y el Perú. Se viste con una chamarra pequeña que se pone a la espalda y que lleva el color de la pollera que va hasta la rodilla. Las polleras poseen pliegues, son multicolores y llevan adornos y se complementan con una blusa blanca con blondas en las manos y el pecho, adornado con cintas del color de la pollera, además de botas de color negro que van hasta la altura de las rodillas.

En el traje típico del varón destacan un sombrero negro, una chalina de color blanco y un poncho con motivos abanquinos que cubre casi todo su cuerpo. En su interior del dorso lleva una camisa manga larga. Para completar, la mayoría de varones lleva un pantalón negro. Para muchos, el carnaval abanquino es único en su género, es fiesta del pueblo.


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