Cannabis, camino a la legalización

Nuevamente ha tomado vigor el debate sobre la normalización del cannabis y la lucha contra las drogas, a partir de la legalización reciente de esa planta en el estado norteamericano de California. Aquí un punto de vista, ciertamente polémico, que LA PRIMERA publica como un tema de discusión.

Por Diario La Primera | 25 jul 2010 |    
Cannabis, camino a la legalización
POLéMICA

Más datos

Estudio. La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia ha desarrollado un inteligente trabajo para crear alternativas frente al fracaso de la guerra contra las drogas. Ha emitido un informe planteando diversos aspectos, en los cuales aboga por la normalización del cannabis.

http://www.drogasedemocracia.org/Espanol/
http://www.drogasedemocracia.org/Arquivos/livro_espanhol_04.pdf

ESPECIALISTA

Antonio Escohotado es acaso el mayor conocedor de la historia de las drogas y ha publicado varios libros en los que da cuenta de su uso y de los efectos de éstas. Esa perspectiva permite entender lo limitado del discurso represivo actual y ver cómo en otras épocas y lugares se ha desarrollado una relación armónica entre el humano y ciertas sustancias.

INTERESES

Entre los intereses que impiden la normalización del cannabis se encuentran algunas industrias textiles, ya que la fibra de los tallos de esta planta es excelente insumo para elaboración de prendas de vestir y hasta para fabricar papel. En plena II Guerra Mundial, EEUU permitió y alentó el cultivo extensivo de cannabis para contar con fibras para los uniformes de sus soldados.

Toda época crea sus chivos expiatorios, ahora uno de esos chivos es el cannabis, una planta como cualquier otra, que produce un fruto que el humano utiliza desde tiempos inmemoriales para distraerse y relajarse; en ciertas culturas se la ha considerado un fruto sagrado.

El cannabis se consume sin que medie ningún proceso industrial: de la tierra al organismo; eso la distingue de otras sustancias lícitas o ilícitas que requieren de procesos químicos o industriales que las desnaturalizan. Sus efectos no alteran la paz social, sino la pueden alentar, debido a que como describe Antonio Escohotado en su libro Aprendiendo de las drogas, el cannabis lleva a una ligera alteración de los sentidos que, dependiendo del estado de ánimo, puede motivar, impulsar la reflexión y hacer ver las cosas desde un ángulo más amigable y risueño.

En la revista científica The Lancet, se publicó en 2009 el artículo Adverse health eff ects of non-medical cannabis use, en el que se reseñan decenas de estudios epidemiológicos. Ninguno logra atribuir al uso continuo de cannabis daños en la salud del ser humano, ni siquiera en los niños nacidos de madres consumidoras. Lo que sí se observa es que bajo sus efectos se pueden producir más accidentes de tránsito o en otro tipo de acciones que requieran una concentración adecuada.

Los investigadores tratan de asociar el uso del cannabis a consecuencias debidas a otros males como el cáncer de pulmón, pero una vez que el estudio se contrasta, la relación se diluye. Nunca se ha registrado una muerte por uso de cannabis.

Libertad y guerra
El uso del cannabis es un asunto de libertad. No existe ninguna razón sólida que sustente impedir que los adultos en una sociedad democrática sean criminalizados por el uso de una planta. El consumo responsable del cannabis es atribución de cada humano libre.

De hecho existen momentos clave en el desarrollo de la personalidad que deben contar con información idónea sobre las situaciones y sustancias que los jóvenes encontrarán; por eso los estados deben fortalecer la educación y la promoción de la salud.

La ley debe ser utilizada para combatir el crimen y las mafias de todo tipo, no para perseguir a personas que optan por usar un porro; el problema no es la sustancia, sino la persona y su personalidad más o menos adictiva, que puede hacer que fumar cannabis sea el primer paso hacia otras adicciones y drogas poderosas y dañinas.

La denominada guerra contra las drogas ha fracasado en todo el mundo. Llevamos casi medio siglo conviviendo con la fantasía de que las drogas se terminarán con políticas represivas; pero en ese mismo periodo su consumo no ha aminorado. Es más, la guerra ha permitido consolidar el narcotráfico y con ello abrir frentes de violencia en diversos puntos, siendo México el claro ejemplo de este monumental fracaso que algunas ONG en el Perú defienden.

Ya lo ha expresado de alguna forma la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia conformada entre otros por Cardoso, Vargas Llosa, Mockus, Coehlo, Krause, Gaviria, Naím, señalando que debemos transitar hacia la normalización del consumo de ciertas drogas. En el caso del cannabis cabe su total normalización, como se ha producido esta semana en California, autorizando hasta dos metros cuadrados de cultivo por usuario.

No habrá nunca un mundo sin drogas, porque éstas acompañan al ser humano desde sus albores. La realidad y la cotidianidad son limitantes, por ello el humano busca canales que le permitan distraerse, lograr sensaciones distintas a lo habitual. Cientos o miles de millones de personas usan el alcohol para ello, y los propios estados alientan su consumo. La contradicción es clara, teniendo en cuenta que el alcohol comprobadamente castiga la salud y es acaso la principal fuente de problemas familiares.

Abriendo la puerta
La normalización del cannabis es la puerta de entrada para ir desmontando el espantajo que favorece a narcotraficantes y a una serie de agentes que viven levantando miedo, bajo el pretexto de que las drogas son culpables de los males sociales.

Normalizar el cannabis demostraría que se puede convivir y ser inteligentes con una sustancia que al menos usan ciento cincuenta millones de personas en el planeta. Las fórmulas para ello están planteadas hace mucho, pero los mitos siguen actuando y siendo financiados, creando un circulo vicioso.

Los caminos hacia la libertad, que son la base de una sociedad civilizada, en determinados momentos se obstruyen. Es cada vez más claro que para aminorar la violencia que produce la guerra contra las drogas, necesitamos introducir en el debate la racionalidad de que el humano responsable opte por utilizar las sustancias que la naturaleza brinda. Desmitificar el cannabis permitirá un momento clave del desarrollo de nuestras sociedades.

No existe una real guerra contra las drogas, sino mafias enclavadas en todos los niveles que con ese mito siguen ganando más y más dinero. Ese dinero podría pagar impuestos y servir para elevar los niveles de vida. Toda guerra simplemente esconde un interés, mientras la responsabilidad es parte del crecimiento civilizatorio.

Alexandro Saco
Colaborador

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