Candidatos revolucionarios derrotados

Los egipcios deben decidir en segunda vuelta quién los gobernará entre un islamista y un socio de Mubarak acusado de fraude electoral. Después de tantos meses de levantamientos y revueltas parece que nada va a cambiar en la tierra de los faraones.

| 29 mayo 2012 12:05 AM | Especial |1k Lecturas
Candidatos revolucionarios derrotados
EGIPTO: FARAONES ENJAULADOS
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Tras el derrocamiento de la dictadura de Hosni Mubarak, EEUU e Israel, los socios que manejan los hilos en el Medio Oriente, dejaron notar su preocupación por el curso de los acontecimientos. El accionar de los grupos revolucionarios no les sentaba nada bien. Menos a Israel, que se quedó sin envíos de gas natural luego que el pueblo obligara a la cúpula militar a suspenderlos.

Los acontecimientos jugaban en contra de los socios. Las elecciones parlamentarias del año pasado terminaron con la victoria de los candidatos islámicos, lo que incentivó sus temores de que la tierra de los faraones podía adoptar un rumbo nuevo e independiente. Para evitarlo, los funcionarios de EEUU apelaron a una doble vía. La primera consistió en ampliar los contactos con los Hermanos Musulmanes, para buscar políticas moderadas hacia Occidente. La segunda, asegurar “que el próximo presidente de Egipto fuera un rostro amistoso en el que Occidente pudiera confiar”.

DERROTA
Los recientes resultados electorales indican que la estrategia de EE.UU. dio resultados, pues los candidatos de los grupos revolucionarios -el dirigente nasserista Hamdin Sabahi y el exlíder de los hermanos, Abdelmoneim Abol Fotouh-, quedaron fuera de juego. Los resultados extraoficiales muestran que el candidato de los hermanos, Muhammad Mursi, pasará a segunda vuelta junto al último primer ministro de Mubarak, el general Ahmad Shafiq.

Ambos recibieron el 24% y el 23% de los votos, de acuerdo a los conteos extraoficiales. Mientras Fotouh y Sabahi, el 17% y el 20% de los votos, respectivamente. El excanciller Amr Musa, el candidato inicial de los norteamericanos, se quedó con menos del 11%.

Los resultados obedecen al fracaso de los grupos revolucionarios por unir a Fotouh y a Sabahi, así como otros líderes que participaron de la derrota de la dictadura. Fotouh y Sabahi rechazaron la alianza, convencidos de que podría ser los candidatos de consenso, en un país en el que las rivalidades entre islamistas y católicos son muy claras, afirma el analista Esam El-Amín.

Ahora, el éxito parece haberle sonreído al candidato oficial de los hermanos, que jugaron un papel importante en el éxito de la revolución, pero luego decidieron consolidar su poder político en alianza con los militares, en vez de encaminar la transición hacia una salida democrática para el país. Pero la transacción con el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), les ha costado varios millones de votos en estas elecciones. Pese a que controlan el Parlamento y pueden hacerse de la Presidencia, sus afanes de copar el poder provocaron la alarma de los electores luego que intentaran copar el comité que debe redactar la nueva Constitución.

Mursi no era el candidato inicial de los hermanos. El elegido iba a ser Jairat Al-Shater, quien quedó apto para presentar su candidatura luego de ser amnistiado. Pero la inscripción del exvicepresidente de Mubarak, el general Omar Suleiman, alteró el escenario y sirvió de pretexto para anular las inscripciones de Al-Shater y del predicador Hazem Abu Ismail, cuyas candidaturas habían generado expectativa luego que se comprometieran a derogar el tratado de paz con Israel. Mursi, dirigente del Partido por la Justicia y la Libertad, es un tipo moderado que cuenta con el apoyo de diversos sectores, pero no de los grupos revolucionarios.

Mursi debe enfrentar ahora al general Shafiq, quien fue inscrito ilegalmente pese a que el nuevo Parlamento había aprobado una ley que prohibía que antiguos miembros del régimen se presentaran a las elecciones. Shafiq, quien en repetidas ocasiones se burló de la revolución y de las manifestaciones masivas, se convirtió entonces en la principal carta de los socios.

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas permitió que se utilizaran los recursos del Estado en beneficio de Shafiq. Con el apoyo de la burocracia y el aparato de seguridad, movilizaron sus recursos en beneficio del candidato. Muchos informes mostraron cómo reclutas del ejército, oficiales de la policía y empleados estatales fueron instruidos por sus superiores para que votaran a Shafiq o para que sus familias le votaran.



DESCONTENTO
En los últimos meses, el descontento popular fue creciendo alimentado por la política del nuevo gobierno militar, dirigido por Kam al Ganzouri, que mostró inoperancia frente a la creciente inseguridad, la escasez de productos básicos, así como la crisis del transporte público, que aceleraron el descontento y favorecieron a Shafiq. Con ello se buscaba enviar el mensaje de que la revolución había traído únicamente miseria y sufrimiento. Y que, en medio del quebranto, solo un candidato de la ley y el orden podría restaurar la seguridad y la prosperidad, refiere Al-Amin. Muchas encuestas de opinión patrocinadas por los medios estatales y las agencias del gobierno mostraban a Shafiq escalando puestos.

A la par, Hamdin Sabahi y Abol Fotouh fueron objeto de una feroz campaña mediática. La maquinaria del prohibido Partido Democrático Nacional de Mubarak y de los empresarios corruptos (“fulul”) se puso a funcionar. La esposa del exdirector de la organización del partido, el multimillonario Ahmad Ezz, que actualmente cumple una sentencia de diez años de cárcel por corrupción, pagó 100 millones de libras a las autoridades locales de la región del Delta para que apoyen a Shafiq.

Egipto se encamina hacia una dura batalla política. El ganador de las primeras elecciones libres liderará la complicada transición que mantiene al país paralizado. El modelo de Estado de los dos candidatos es muy distante el uno del otro. El de Mursi es un Estado cimentado en la sharía, la ley islámica. El de Shafiq, antiguo jefe de las Fuerzas Armadas, la continuidad del antiguo régimen. Ni el programa de Mursi ni el de Shafiq se aproximan a los sueños y aspiraciones de los revolucionarios de la plaza Tahrir, que derrocaron a Mubarak hace 15 meses.

Los observadores temen que una victoria de Shafiq saque de nuevo a la gente a la calle. La victoria de Mursi supondría una notable concentración de poder, ya que los islamistas controlan el Parlamento. Los sectores más laicos de la sociedad y la minoría cristiana (10% de la población del país) asisten con preocupación al ascenso islamista.

FRAUDE
Aunque no todo está dicho. Sabahi, el candidato izquierdista que quedó en tercer lugar, presentó denuncias de fraude y reclamó la anulación de la segunda vuelta. Uno de sus recursos es contra el voto de miembros de las fuerzas de seguridad, la falsificación de los resultados en algunos colegios electorales, en cuyos alrededores se encontraron papeletas marcadas con el nombre de Sabahi. Y pidió esperar la entrega de resultados a la decisión de la Corte Constitucional sobre la legalidad de la inscripción de Shafiq.

Pese a que el resultado de las elecciones ha descolocado a los revolucionarios, éstos apuestan a cerrarle el paso al continuador de la dictadura. Futouh hizo un llamamiento a bloquear a Shafiq en la segunda vuelta. «Voy a comenzar inmediatamente un diálogo con todas las fuerzas nacionales para reunir a nuestros esfuerzos y los votos y oponernos al régimen corrupto», indicó en un comunicado.

El analista Esam El-Amín opina que si los Hermanos Musulmanes piensan que pueden alcanzar la presidencia sin el apoyo de los grupos revolucionarios, están totalmente equivocados. “Solo recuperando la determinación de propósitos y la unidad de acción de los primeros días de la inconclusa revolución podría ésta seguir viva. Los HM no pueden permitirse el lujo de meter la pata una vez más. Probablemente, la alternativa sea otra revolución que reemplace a la que está siendo desgraciadamente abortada”, concluyó.


Efraín Rúa
Redacción

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