Cae el imperio Orellana

Rodolfo Orellana Rengifo era, desde el segundo gobierno de Alan García, el creador de un imperio judicial con fuertes amarras en los tribunales de justicia. Por eso, su red de abogados pudo apoderarse de un vasto conjunto de bienes inmobiliarios.

| 14 noviembre 2014 12:11 PM | Especial | 1.3k Lecturas
Cae el imperio Orellana
Cae el imperio Orellana
Por: César Lévano
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Una investigación profunda encontraría sin duda nexos antiguos de Orellana con jueces, abogados, notarios y fiscales. El progreso de su fortuna ocurrió al amparo de la hegemonía del Apra en el Poder Judicial. Su currículo empieza cuando ingresa al aparato judicial, lo cual le permitió conocer redes, vicios, enjuagues y conexiones.

Un punto alto de su trayectoria se vio en el 2006, cuando el Apra lo presentó como candidato a regidor en la Municipalidad Metropolitana de Lima, en la lista que proponía como alcalde al coronel PNP (r) Benedicto Jiménez.

En ese momento, Orellana se había inscrito en el Partido Justicia Nacional, de Jaime Salinas, quien es regidor de la Municipalidad de Lima, y furibundo opositor de Susana Villarán. También Benedicto Jiménez pertenecía a esa organización.

En el año 2011, Orellana protagonizó un escándalo público, al ser denunciado por Giovanni Paredes, quien lo señaló como jefe de una mafia que le había arrebatado el camal de Yerbateros, que Paredes recuperó tras escabrosa batalla judicial. En setiembre de ese año, Paredes declaró en la televisión: “Rodolfo Orellana Rengifo es un gángster jurídico que, a través de laudos arbitrales, despoja a terceros de sus legítimas propiedades”.

Paredes graficó entonces a El Comercio los métodos con que operaban Orellana y su organización. El más efectivo era el laudo arbitral. Explicó Paredes:

Orellana se aprovecha de que existe un vacío legal en la ley de arbitraje para crear un falso proceso arbitral que termina en un laudo declarado como cosa juzgada. El verdadero propietario recién se entera de esta operación cuando ya está inscrita en Registros Públicos y lo están por desalojar”.

Otro procedimiento consistía en ubicar propiedades arrebatadas a sus legítimos dueños. Si el bien valía, por ejemplo, un millón de dólares, Orellana ofrecía cien mil al despojado, el cual debía ceder sus derechos a Orellana. La eficacia del método no reposaba en la ley, sino en la red judicial que garantizaba victoria.

Ojalá que un juicio conforme a derecho exhiba complicidades y métodos turbios de Orellana, y que ello contribuya a limpiar los establos de la judicatura peruana, la cual, desde hace más de un siglo, está corrompida por el dinero y la política sucia.

César Lévano

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Colaborador 9324 La Primera Digital

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